lunes 04 marzo 2024

Escepticismo y pensamiento critico

por Alejandro Vázquez Cárdenas

Como muchos habrán notado, prácticamente no existe un solo día del año que no esté destinado a celebrar o recordar algo. El 20 de diciembre de cada año se celebra el Día Mundial del Escepticismo, como un reconocimiento al investigador Carl Sagan, destacado divulgador del escepticismo filosófico, una doctrina que hasta ahora se ha mantenido vigente, sobre todo en lo relativo a la ciencia.

Básicamente el Escepticismo es una corriente de pensamiento filosófico según la cual debemos de dudar de todas las cosas, fenómenos y hechos, pero no hablamos de una duda paralizante, sino una que nos obliga a buscar la razón y la causa de todo.

El pensamiento crítico es el juicio que permite llevar a cabo un proceso para la aplicación, análisis, interpretación, evaluación de toda información recolectada como guía para la creencia y la acción. Lamentablemente en la vida diaria podemos observar que no todas las personas buscan saber la razón del por qué ocurre una cosa determinada; es mas, parece ser que ni siquiera les interesa.

A pesar del avance tecnológico que la ciencia ha logrado, existe una gran desinformación sobre muchos aspectos del conocimiento humano y resulta evidente que un buen número de personas no consigue distinguir fácilmente entre una realidad posible y una realidad ficticia. Esta dificultad en separar lo real de lo irreal, permite la aparición y proliferación de personas o grupos organizados que fomentan la desinformación con el objetivo de obtener ventajas de algún tipo (generalmente monetarias, pero también políticas) y con este fin incentivan conscientemente la desinformación y la ignorancia.

En este contexto podemos entender la aparición de demagogos con un discurso vindicativo que pretenda resolver nuestros problemas con respuestas y soluciones absurdas pero que suenan atractivas para arreglar problemas antiguos y complejos.

El escepticismo es la escuela que pregona el irrenunciable derecho a la duda; un escéptico no acepta ninguna verdad establecida a priori, sino que la acepta al final de una larga cadena deductiva, o sea, cuando ya no hay argumentos que puedan invalidarla; pero sabemos que hasta un 30% de la población mexicana recurre a curanderos cuando tiene algún problema de salud, 40% abdica de su juicio y le cree a un mesiánico demagogo y un alarmante 50% tiene alguna creencia esotérica.

¿Es posible adivinar el futuro? ¿Visitan la Tierra seres de otros planetas? ¿Convivió el ser humano con los dinosaurios? ¿Está próximo el fin del mundo? ¿Ha demostrado la NASA que Jesucristo resucitó? ¿Es peligroso viajar por el triángulo de las Bermudas? ¿Está el futuro escrito en las estrellas? ¿Existen las casas encantadas? ¿Es posible comunicarse con el mundo de los espíritus? ¿Son las pirámides egipcias obra de seres venidos de otros mundos? ¿Se manifiestan los espíritus a través de la ouija?.

Puede que nos parezcan verdaderamente estúpidas algunas de estas preguntas, pero muchas personas y más de alguno de nuestros vecinos responderían convencidos con un sí.

Innegablemente existe un analfabetismo científico funcional en una gran parte de la ciudadanía. El desconocimiento sobre aspectos fundamentales de la ciencia y la tecnología es impresionante. En el Eurobarómetro, una encuesta que se viene realizando desde hace quince años en Europa se incluyó una pregunta para valorar el conocimiento de las tecnologías genéticas, un alarmante 70% de los encuestados decía que era correcta la afirmación: “los tomates naturales no tienen genes, sólo los transgénicos los tienen”.

La alta valoración del adjetivo “natural” es otra cara de la ignorancia científica. Parece que todo lo natural fuera intrínsecamente bueno (a pesar de que tan naturales son las bacterias como cualquier veneno que exista en la naturaleza). El hecho de que mucha gente prefiera una “medicina natural” indica el desconocimiento y el prejuicio que establecemos; de hecho, una parte de los medicamentos convencionales tienen principios activos que son “naturales”, pero el proceso industrial permite establecer la forma de aplicación y la dosis adecuada que lo hacen un tratamiento efectivo.

Remedio a esta tragedia cultural: Buena educación en el hogar y buenos maestros en la escuela. O sea… no lo veremos en nuestra generación.

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