sábado 22 junio 2024

Jesús Ernesto es víctima del presidente, su padre

por Marco Levario Turcott

Ustedes saben de mis irreparables diferencias con el gobierno federal. Saben también que, entre las escasas coincidencias que he tenido con éste se encuentra el llamado de Beatriz Gutiérrez en no meterse con los niños, y en particular con su hijo.

En poco más de cinco años y medio del sexenio jamás le llamé con el mote que, entre la destemplada ignorancia, se hizo famoso en redes sociales. Deploré también que se hiciera escarnio de Jesús Ernesto mediante imágenes y aun menos acepté esa grotesca forma de aparecer como opositor a través de lastimar a un niño.

Estoy convencido: una de las expresiones más salvajes de nuestro intercambio público se ha centrado ahí y eso, sin duda, refleja la miseria humana. Hasta por el equipo de fútbol al que le va Jesús Ernesto ha sido defenestrado (equipo con el que, Jesús Ernesto, yo también simpatizo. Me habría encantado ver la final contigo).

Todo esto viene a colación por las fotografías con las que se ha vuelto a agredir a este niño, con el pretexto de encontrarse a lado de alguien que ha sido procesado. Como si Jesús fuera el infractor y no el otro. Eso es terrible.

Hay, sin embargo, aspectos irremediables. Jesús Ernesto también es víctima de la demagogia de su padre que arengó en favor de una vida austera y condenó a quienes aspiran a tener ropa de marca y más de un par de zapatos. Su hijo menor usa ropa de marca y el precio de sus tenis implica una cantidad que no gana en un año un trabajador que percibe el salario mínimo. Jesús ha sido una víctima de AMLO, insisto, porque él, como todos, tiene derecho a vestir como quiera. Y ha sido víctima tambien cuando su padre ha aludido a la sana alimentación o a los padres de familia que mandan a estudiar a sus hijos al extranjero. Y sobre su aventura en el extranjero como estudiante queda el registro de una contradicción enorme del presidente.

Yo tengo simpatía por Jesús Ernesto a quien no conozco. La tengo porque es víctima del poder y también de la gente que, enfrentando al poder, lo ha usado.

Jamás me metí ni lo haré, con este niño. Por eso desprecio a quienes, con total sevicia, se han metido con él.

Hay otro ángulo que registra un hecho irremediable. El padre de Jesús Ernesto, sintiéndose profeta, ha señalado con dedo flamígero los privilegios mientras su hijo, y en general sus hijos, han gozado de estos. Jesús Ernesto jamás debió manejar un vehículo de la guardia nacional, hacerlo puso en riesgo su vida porque ese vehículo se volcó. Otro asunto espinoso es el de las vacunas. No hay padres que no quieran lo mejor para sus hijos, el problema es que el presidente ha dispensado para los niños del país vacunas contra el Covid hechas en Cuba y Rusia. Ese ese el problema del presidente, a menudo escupe al cielo: estoy seguro de que muchos comprenderíamos que su hijo tuviera la mejor atención médica posible pero el asunto se complica cuando López Obrador ha insistido, cada año, en que el sistema de salud de México será el mejor del mundo. ¿Cuántos niños padecen la falta de atención médica en el país?

Además, es imposible esperar que la sociedad no reaccione cuando el presidente no ha sido solidario con las madres buscadoras de sus hijos o con  los padres de los niños con cáncer que no tuvieron medicamento en ese sexenio, motivo por el cual fallecieron. Más aún, el presidente ha insultado y difamado a esos padres angustiados. Por ello, Beatriz Gutiérrez Müller ha pedido una solidaridad con su hijo que el presidente no ha tenido ni con los niños ni con sus progenitores. Beatriz: el principal problema de su hijo y de cientos de miles de niños, lo ha tenido usted todo este tiempo en casa.

Los tres hijos mayores del presidente han incurrido en actos de corrupción que solapa su propio padre. Sobre ellos me uno a la exigencia de que sean investigados. En el caso de Jesús Ernesto y Beatriz, les envío un abrazo aunque usted, señora, me haya bloqueado de redes sociales desde que comenzó la administración de su esposo que tanto ha dañado y en todos los frentes, a la niñez mexicana.

 

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