El ministro Zaldívar había ganado la Historia, la está perdiendo aceleradamente –si no es que ya la perdió.
La había ganado con su apoyo judicial a la legalización de la marihuana (que, por cierto, siguen arrestando disimuladamente los legisladores de Morena), y acertó al no apoyar el Bonillazo. Se desprestigió al no oponerse a la “consulta popular” sobre ex presidentes y, ahora, guardando silencio sobre la extensión de su presidencia de la Corte ha multiplicado el desprestigio.
Esa extensión es un fraude a la Constitución, como lo era la extensión de la gubernatura de Jaime Bonilla según el mismo ministro.
Los fanáticos obradoristas pueden seguir revolcándose en sus poluciones “democratizadoras”, mientras por unos minutos sienten en Twitter refutar al mundo, pero extender mandatos contra los resultados electorales legítimos y/o contra la Constitución no es democracia: es la antidemocracia en acción.
Ahí está la antidemocracia de AMLO y sus huestes, porque no es creíble que el presidente no supiera: regalar años a la presidencia de Zaldívar significa legislar contra la Constitución a favor de un apellido para satisfacer a otro. Es favorecer a un funcionario judicial para complacer al titular del Ejecutivo. Ese hecho senatorial es el que Zaldívar debió rechazar de inmediato. No lo hizo.
Este intento obradorista confirma y adiciona lo que he argumentado desde que inició el gobierno: 1) Morena no es partido hegemónico –carece, entre otros elementos, de las mayorías calificadas en las cámaras-, pero es un partido autoritario que por eso mismo busca reformas legales para ir contra la Constitución que no puede reformar legítimamente. Todo para potenciar el principio de autoridad presidencialista encarnado en AMLO. No tienen TODO el poder, pero con sus mayorías simples y aliados, el presidente y su partido pueden hacer mucho daño por ser autoritarios. 2) El gobierno federal no es el régimen, pero precisamente por eso López Obrador quiere e intenta convertir su gobierno en el régimen político de México. Y ese régimen sólo podría ser autoritario. Priista clásico. Por ejemplo, en el régimen hiperpresidencialista del PRI hegemónico, todos los presidentes de la Suprema Corte (todos los ministros) estaban predispuestos a favor del Ejecutivo.

Y así, Arturo Zaldívar ha contribuido, nuevamente y de la mano presidencialista, al deterioro del régimen democrático. Lo dije en octubre de 2020:
Parece que el señor ministro no se da cuenta, pero ha permitido el paso: con sus “argumentos” coproduce el efecto de que la Constitución ya no es políticamente vinculante para López Obrador como presidente –ya vio que no tiene por qué ser su primer marco para hacer política ni su último freno al hacerla, sino que puede ser su rehén o su juguete.
Zaldívar podrá beneficiarse frente al obradorismo, pero ante la Historia lo pagará. Le costará y nos costará.

