No deja de ser una pena: a un año de la muerte de Fidel Castro, Cuba sigue siendo una isla comunista fracasada. Pero con una pena mayor, donde alguna vez la medida de lo nacional la daban las palmas (como versó José Martí) hoy la medida son dos bultos de cemento, por los cuales vas a la cárcel.
El artista Luis Manuel Otero es enjuiciado hoy por comprar en el mercado negro dos bultos de cemento. En Cuba, faro y guía de la feligresía obradorista y de parte de la izquierda mexicana, eres encarcelado por comprar dos bultos de cemento.
Ya no sólo los cubanos van un cuarto de siglo a la cárcel (o son fusilados) por portar mariguana y una década por comprar o consumir carne de res. El abuso en contra de los ciudadanos sufrió otra vuelta de tuerca: dos bultos de cemento también los llevan a prisión.
También es un pretexto para la prohibición de la libertad de expresión, que es inherente al populismo de izquierda en el poder: Luis Manuel es pintor y organiza la Bienal de Arte independiente 2018. El problema no es tanto el cemento: es la supresión de la libertad.
Una supresión de la libertad que aplasta ahora a un hombre que únicamente pinta, como pintan aquí Sergio Hernández o Francisco Toledo; que esculpe como esculpen aquí Rodrigo de la Sierra o Jorge Marín. Pero, con la diferencia de que Luis Manuel Otero tiene prohibido comprar cemento.
Porque en Cuba el cemento es propiedad única del gobierno y su compra en el mercado negro es delito de “receptación”. ¿Cómo levantan una pared en su casa los cubanos entonces? Comprando cemento como Luis Manuel Otero, de contrabando.
Sólo que el gobierno se lo tolera a quienes no se meten con el gobierno. Lo advirtió Fidel Castro en 1971: Con la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Y Luis Manuel Otero es un artista disidente, que corre el peligro espantoso de ir un año a las mazmorras.
Al igual que en 1971 fue a la cárcel el poeta Heberto Padilla, por escribir unos versos que el gobierno consideró “ideológicamente contrarios a la revolución”, porque ofrecían “puntos conflictivos en un orden político”. ¿De qué iban aquellos versos? Leamos:
“Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua”
Sin embargo, los versos de Padilla provocaron un cisma en la intelectualidad de la izquierda mundial, entre quienes estuvieron en favor de encarcelar al poeta, como García Márquez, y quienes estuvieron en contra, como Vargas Llosa.
Pero al pobre pintor habanero Luis Manuel Otero casi nadie lo tiene en cuenta.
Aunque este viernes pueda ir preso.
Por comprar dos bultos de cemento.
Este artículo fue publicado en La Razón el 10 de noviembre de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
