sábado 24 febrero 2024

La marcha de la reacción priista

por José Ramón López Rubí Calderón

El 26 de noviembre, el segundo diario oficial, mejor conocido como La Jornada, publicó esta nota. Es pequeña pero dice mucho.

En tres parrafitos La Jornada confirma/confiesa/presume que la marcha del 27 se trata de un acto presidencialista, gubernamental y partidista. No una marcha espontánea ni civilmente organizada sino hecha por el poder, desde su asiento formal, para el poder, para el presidente AMLO. Una marcha dependiente, en primer lugar, de aparatos del Estado. Lo que los obradoristas llaman simplemente movilización fue una movilización evidentemente basada en el acarreo, un acarreo a niveles pornográficos: para que Él viera, no tuviera dudas, y obtuviera desahogo y placer. ¿Cuáles serían los argumentos contrarios? Abstracciones y simplismos como los dichos por Enrique Dussel a Proceso (edición del mismo 27 de noviembre; todos los datos disponibles y confiables sobre salud, pobreza, desigualdad contradicen a Dussel). La marcha del 13 en defensa del INE tuvo muchos más ciudadanos libres; la del 27 los tuvo, pero en menor cantidad.

Una marcha dependiente del acarreo es una marcha priista. Aquella nota de propaganda que remarca el papel de “Adán” lo dice indirecta pero transparentemente. El priismo está presente. El secretario de Gobernación organizando una manifestación callejera a favor de su jefe, el presidente, a favor de su partido y también de sí mismo –el precandidato Adán-, organizándola desde su posición en el gobierno, como en el priato los secretarios de Gobernación organizaban mítines además de elecciones y represiones. Una marcha controlada desde esas posiciones, dadas la perspectiva y la cultura implícitas, presupone acarreo, significa priismo, es decir, autoritarismo de partido, no democracia. Griten lo que quieran.

Claro, no sólo hubo acarreados: también fanáticos, grillos profesionales y algunos ingenuos (tan bienintencionados como malinformados). Los fanáticos no necesitan ser acarreados: no necesitas obligarlos, amenazarlos o intercambiar algo: son fanáticos. Los grillos profesionales acarrean, u ordenan el acarreo. Los ingenuos pueden ser acarreados o no. El resto son algún tipo de acarreados. Otro problema es que no se entienda qué es el acarreo, qué implica, cuáles son sus tipos, o que se le quiera cambiar –artificial y morenistamente- el significado. Todo indica que una mayoría de los asistentes a esa marcha fueron acarreados. Por coerción burocrática-laboral, unos, por intercambio relacionado con el clientelismo en este caso, otros. A todos ellos, acarreados, no acarreados y acarreadores de Morena, se sumaron fifís corruptos como Manuel Velasco y sus “verdes” y, de acuerdo con el padrecito Solalinde, hasta Jesús marchó –y si hacemos caso al innovador teórico Gómez Bruera, hubo comestibles y bebestibles de sabor patria y de humanista cortesía.

Como su iniciativa de reforma electoral, la base de acarreo en su marcha nos dice mucho sobre la base político-cultural de López Obrador: estructuralmente es un priista de la vieja escuela. Es y será cada vez más personalista pero de todos modos es presidencialista, enemigo de la división del poder; no le gustan la pluralidad, la oposición fuerte y constante, la democracia real. Como no le gusta la democracia (por eso exagera sobre ella retóricamente, para taparse a sí mismo), no le gusta el INE. Se cierra el círculo: la marcha del 27 fue implícitamente contra el Instituto. Por lo ocurrido el día 13 y por los intereses del presidente. Acto a favor de AMLO, incluye acto contra la democracia electoral sobreviviente. Así, también fue una marcha priista contra el INE para de paso intentar presionar al PRI formal (el cascarón que hoy lleva las siglas PRI) para que en algún momento se sume al PRI informal (el partido de AMLO) en el proyecto de destrucción por etapas del sistema electoral democrático. Parece que la manifestación obradorista no moverá este año al PRI formal de la posición a la que fue empujado por la marcha pro-INE. En ese sentido, la marcha del 13 habría derrotado nuevamente al presidente, pero como buen autoritario seguirá golpeando.

Lo que vi resumido el 27 es una reacción priista: reacción a la marcha en defensa del INE, reacción contra el INE, a favor del presidente como líder máximo, con la intención de beneficiar a su partido como candidato hegemónico. Un priismo marchando por su regreso como tal.

Extra: como no se podía ocultar el acarreo, se intentó cambiar su significado. Eso intentó, frutsi en mano, el zombi Hernán. Entre las sandeces “anticlasistas” vomitadas, quiso relacionar lo que en realidad es acarreo con el derecho a tomar la calle. Pero ese derecho, en el sentido que quería contrabandear Gómez Bruera, implica protesta, contra el poder; cuando se protesta ciudadanamente contra el poder no se le piden camiones ni recompensas al poder representado por un gobierno y su partido. Lo que dice el justificador obradorista significaría que el PRI, al acarrear a favor de sí mismo, respetaba y garantizaba derechos. Una obvia falsedad. Hernán necesita y debería volver a aprender sobre conceptos empíricos básicos; lo ayudo: https://www.concepts-methods.org/Intraduisible/Term/841 

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