La nueva marcha de los “pirruris”

Sólo faltó que los obradoristas bautizaran la marcha del 15 de noviembre como de los “pirruris”, como hizo Amlo cuando era jefe de gobierno y enfrentó una enorme protesta ante la inseguridad prevaleciente en la capital.

Pero en cambio, ante la preocupación que les generó esta marcha, dedicaron semanas enteras tratando de desprestigiarla con argumentos absurdos y bastante autoritarios.

En lugar de Pirruris se habla ahora de la “ultra-derecha” (más o menos lo mismo). Según lo cual los jóvenes convocantes fueron manipulados por grupos golpistas (gran insulto para ellos por considerarlos tontos y manipulables, como hacía Amlo con los movimientos de las mujeres, acusándolas de sumisas a otros actores y, por tanto, tontas y débiles).

Los obradoristas insistían en que sólo debían ir los jóvenes porque de lo contrario se vería su falsedad, cuando los propios jóvenes (y por cierto, el Movimiento del Sombrero que abarca todas las edades), invitaron a quienes estuvieran de acuerdo con la causa de la protesta a sumarse, sin importar su edad (acudió la abuela de Carlos Manzo).

El gobierno pudo haber permitido las marchas sin ninguna intervención y dejarla pasar tranquilamente, pues al final eso no iba a tirar al régimen.

Pero había que deslegitimar la protesta al máximo, introduciendo el factor violencia para poder gritar; “¿no que era pacífica? Son violentos y golpistas”.

Pero eso no se iba dar por sí solo; había que aplicar una estrategia que, siendo elemental, puede ser exitosa. Enviar a la marcha a grupos de porros y provocadores profesionales para ir directo a atacar a las policías.

Entonces mandas a los provocadores a atacar primero y golpear a los granaderos (que ya no existen pero ahí estaban), dando a estos la justificación para responder con represión (en muchos casos excesiva, como se vio en varios videos).

Se ven al principio escenas donde los del Bloque Negro son los únicos que se van contra las vallas; más adelante, los policías golpeando a provocadorees profesionales, pero también a los marchistas genuinos que ahí se encontraban.

Eso provocó que estos también reaccionaran en su defensa (y muchos siendo agredidos sin dar motivos, como el hombre que blandía la bandera sin molestar a nadie, y fue derribado y golpeado por policías, sin deberla ni temerla).

Después ya circularon los videos donde el pleito era entre policías contra los provocadores del porril Bloque, pero también con los demas marchistas y del Sombrero, que cayeron en la trampa, dando elementos al gobierno para culpar a los marchistas de haber iniciado la violencia.

Aunque también hay un saldo negativo para los obradoristas; el Régimen se revela como represivo, lo que Morena siempre condenó (desde la oposición, por supuesto).

Quedó claro que para Sheinbaum es ilegal atacar a los cárteles delincuenciales, pero no a los ciudadanos que se movilizan y alzan la voz, como si eso fuera delito (que ,para como vamos, pronto lo será).

Pero debe destacarse algo importante; en la mayoría de las otras ciudades, con pocas excepciones, no hubo ni provocación ni represión.
Esto último se concentró en la Ciudad de México por ser el foco político nacional.

¿Por qué no hubo violencia en la mayoría de las otras ciudades? Por que no se presentó el Bloque Negro y por tanto, no hubo pretexto para la represión policial.

El factor de disrupción fueron los provocadores, cuya única misión es generar violencia. Dónde no estuvieron, no hubo confrontación. No es casualidad.

¿Quién se beneficia de esas provocaciones porriles? El gobierno, porque el movimiento es presentado como violento, pudiendo perder credibilidad y legitimidad, lo que es capitalizado por el propio gobierno (al menos entre muchos ciudadanos, aunque no todos).

Eso no le conviene a los marchistas genuinos. ¿Quién es el principal sospechoso, por lógica, de contratar e infiltrar a los porros violentos? Es evidente. No se requiere mucho cerebro para inferirlo.

Pero lo que sucedió, por un lado confirma la mayor polarización y confrontación conforme pasa el tiempo.

Por otro, es un paso más al escenario de ingobernabilidad, radicalización ciudadana, cerrazón autocrática del régimen y como probable resultado de ello – en algunos años-, la pérdida total de la poca gobernabilidad que queda, y una franca inestabilidad política (es decir, confrontación por fuera de las vías legales y pacíficas).

No es seguro que suceda, y menos que sea pronto, pero si seguimos por esa ruta (que es lo que se visualiza hoy), si podríamos llegar a ese punto de quiebre, altamente perjudicial para todo el país, sean del bando que sean.

Autor

Scroll al inicio