En una carta de réplica a Luis Cárdenas publicada en El Universal este sábado, Miguel Carbonell dice que uno de los padres de los imputados le envió el expediente como parte de una asesoría que le fue solicitada y que, finalmente, no se realizó.
Disiento del abogado en varios aspectos; el primero me parece elemental: en su calidad de comentarista en los medios de comunicación tenía la responsabilidad ética de advertir esa condición suya, las audiencias, los lectores, tenemos derecho a saber esa situación para valorar con todos los elementos posibles la opinión de Carbonell (que, como toda opinión, es sesgada).
Mi segunda diferencia tiene que ver con la opinión de Carbonell, aunque él es abogado y, en efecto, yo no: él defendió a quien pudo ser su cliente -dando por hecho que pudo ser su cliente, que Carbonell no lo asesoró en nada y que no cobró por ello- por lo que, en esa condición, pudo mejor callar, o sea, no decir nada en los medios: en distintas, recientes decisiones legales controvertidas, Carbonell no ha tenido un activismo como en este caso; la extradición de "El Chapo" o las recientes resoluciones en torno de la señora Elba Esther Gordillo -pero en el caso de Daphne sí decidió opinar (en todo su derecho para hacerlo, eso sí).
Mi última y central diferencia es que igual que el juez, Carbonell da un exagerado énfasis en la presunción de inocencia, desestima la óptica de género que otros expertos le han señalado y, sin duda, le dio la espalda a la víctima (en los hechos fue defensor de quien agredió).
Como se sabe, hay una investigación en curso contra el juez y tal vez cuando concluya podremos saber si hubo más anomalías y si tuvo alguna participación al respecto Miguel Carbonell. Por ahora, tomando en cuenta que esto podría aún ser más grave, creo que el abogado se equivocó, al menos en las aristas que menciono.

