Meade, el hombre de Estado

El desempeño del secretario de Hacienda al explicar el alza del precio a la gasolina reconforta a quienes defendemos la libertad con orden, el mercado, la competencia, la eficiencia, la propiedad y el emprendimiento.


José Antonio Meade, un funcionario sin militancia política, que ha sido secretario de Estado con el PAN y el PRI, muestra la sinceridad y la honestidad que deben caracterizar a un estadista en estos tiempos en que los improvisados asumen la conducción de los destinos del mundo.


Con suficiencia profesional y valentía personal que rebasa posturas políticas acomodaticias y payasadas intelectuales de café con leche, Meade no pierde paciencia al explicar que el gasolinazo es un paso atrás para luego dar dos pasos adelante:


“El nuevo esquema no debe asustar: divorciará el precio de razones tributarias o políticas, permitirá la competencia y hará que el precio suba o baje con base en condiciones de mercado, igual que en casi todo el mundo”.


Desde el 1 de enero la gasolina Magna subirá a 15.99 pesos por litro y la Premium a 17.79 pesos. Serán precios promedio de referencia que registrarán ajustes diarios.


La gasolina será más barata cuando no sea más una fantasía: al dejar de ser subsidiada y no sea un mecanismo de recaudación del gobierno, como hasta ahora, algo que sucederá cuando la reforma energética esté en vigencia plena.


Al explicar esto, sin comportarse como político que piensa en una candidatura, Meade crece como hombre de Estado: esos que piensan en los próximos 20 años de su país y no en la siguiente elección.


La historia tiene su propia dinámica. Se parece a los gatos: siempre cae patas arriba. Pueden pasar dos, cuatro, ocho, 20 años, pero las fichas se acomodan para bien. ¿Quién daba un centavo por el TLC en 1994? Pocos. ¿Quién le venera en tiempos de Trump? ¡Todos!


La frivolidad, la miopía con la que la mayoría valora hoy el destino del mundo, las dentelladas al orden, el envilecimiento contra la libertad, la crítica festinada, recuerdan un pasaje de Una historia de amor y oscuridad, la novela de Amos Oz:


“El mal lector es una especie de amante sicópata que se abalanza sobre una mujer y le desgarra la ropa y, cuando ya está desnuda del todo, le arranca la piel, abre su carne con impaciencia, rompe el esqueleto y al final, cuando ya ha roído los huesos con sus dientes amarillos, sólo entonces se queda satisfecho: ya está. Ahora estoy dentro del todo. He llegado”.


Como con el TLC en su arranque, quienes se quejan hoy del gasolinazo, mañana lo festejarán. Pero a Meade eso no le importa. Él es un funcionario meridiano y sin partido.


Es lo que necesita México.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 30 de diciembre de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.


 


 

Autor

Scroll al inicio