Obama entre fieras

El estilo de negociación del régimen cubano es invariable: exigir de saque el 90 por ciento de lo que quiere. Por eso, con el único presidente estadounidense que se entendió fue con Obama, el más débil (junto con Carter) de todos los que trató: Y Obama le dio el 100 por ciento.


Los otros no admitieron jamás un 10 por ciento. Reagan amenazó con convertir la isla en un estacionamiento y Clinton, cuando la crisis de los balseros de 1994, advirtió a través de García Márquez que Cuba le había costado una elección, “no permitiré que me cueste dos”.


Cuando Cuba usó el éxodo de Mariel para vaciar cárceles y manicomios, sus convictos y enfermos mentales fueron ubicados por Carter en Arkansas, donde el gobernador Clinton perdió la reelección de 1982: los “huéspedes” cubanos incendiaron las prisiones estatales y el electorado lo castigó.


Obama pudo restablecer las relaciones porque la dictadura ya no tenía nada que ceder y sí mucho que pedir. La Habana aceptó restablecerlas cuando le dio la gana y como le dio la gana.


Fue Bush padre el único que exigió a Cuba elecciones libres para restablecer relaciones y, ello, porque ya había caído el Muro de Berlín: “Mientras el hemisferio occidental se mueve a la democracia, Cuba está en contra”.


Las exigencias de los otros nunca mencionaron la democracia como un quid pro quo en las negociaciones. Las demandas de Washington se centraron en:


—Fin de la alianza militar y política de Cuba con la URSS


—Cese del apoyo de Cuba a las guerrillas comunistas en América Latina y países de África


—Salida de tropas invasoras cubanas en Angola y Etiopía, entre 1976 y 1992


Después que desde 1992 no tenía nada que conceder, la dictadura se aferró a la eliminación del embargo económico como requisito para el restablecimiento. Hasta entonces, quitarlo era potestad del inquilino de la Casa Blanca.


De modo que, en 1996, Cuba se encargó de que eso dejara de ser posible y tumbó dos avionetas civiles tripuladas por cuatro ciudadanos estadounidenses anticastristas. La acción obligó al presidente Clinton a responder con una represalia contundente: firmó la Ley Helms-Burton.


Así, la eliminación del embargo dejó de ser prerrogativa presidencial. El resultado del derribo de las avionetas con misiles (sin aviso e incumpliendo las normas internacionales para bajar naves no armadas) fue que, para eliminar el embargo, se necesite una mayoría de votos en el Congreso.


Cuba seguía teniendo un gran pretexto para arrancar toda mesa de negociaciones con el 90 por ciento de lo que quería. Aun así, desde Clinton a Obama no quedó casi nada del embargo: apenas el nombre, gracias a su continua flexibilización.


Porque Estados Unidos es el quinto socio comercial de Cuba, con suministro de mercancías por valor de 573.2 millones de dólares en maíz, harina y frijol de soya, arroz, trigo, leche en polvo, pollo congelado, conservas y productos panificados, además de 30 millones de dólares en postes de luz eléctrica.


Pero la dictadura cubana aprovecha que, en el mundo, el embargo genera la peregrina idea de que está impedida de comerciar con otros países, cuando los mejores aliados de Washington, como Canadá, México, España, Francia, Israel, Japón son estables socios de Cuba.


En Cuba operan más de 200 empresas extranjeras, Cuba vende en el mundo todo lo que produce y compra en el mundo todo lo que puede, incluidos productos estadounidenses, lo cual es comprobable con una visita a cualquier tienda cubana que venda en dólares.


En lo único que ha fracasado la política de Estados Unidos hacia Cuba desde 1959 es en forzarla a convertirse en un país democrático. Y, ayer, el Presidente cubano se lo recordó a Obama. No fue a recibirlo al aeropuerto en la primera visita de un mandatario americano en 88 años.


Al Papa sí lo recibió, hace un mes y una semana, aunque se trató de una escala de avión antes de que Francisco viniera a México.


El mensaje fue claro: a mí, me ves en mi oficina; la “sociedad civil” que observarás serán militantes, pioneros y acarreados escogidos que te asediarán en todas partes; con los disidentes te reunirás muy en privado; podrás hablar de “libertad”, pero no de “democracia”…


Obama llega a una Cuba gobernada por fieras políticas que ponían al mundo al borde de una guerra nuclear cuando él no nacía, y ganaban guerras a 10 mil kilómetros de sus costas cuando él iba a High School. Fieras que se lo están comiendo vivo desde que empezó a negociar con ellas.


Fieras de la política internacional que juegan con él como un gato con un ratón.


Por eso el Presidente cubano no lo recibió en su histórica visita a La Habana. Porque no lo respeta.



Este artículo fue publicado en La Razón el 21 de marzo de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

Autor

Scroll al inicio