Etcétera

Partidos. Con R mayúscula de renovación…

En política como en la vida la única constante es el cambio; el cambio no sólo es deseable sino necesario, las instituciones políticas y los órganos de Estado constantemente precisan de ello, de forma ordenada y planificada las ventanas de los grises edificios deben de abrirse para que al entrar aire nuevo las élites políticas se renueven.

Justo es reconocer que el arreglo democrático mexicano ha permitido la renovación del espectro político, especialmente en lo que a dirigencias partidarias se refiere, en estos momentos el Partido Acción Nacional se encuentra inmerso en una legítima lucha por conquistar la dirigencia del blanquiazul entre Ricardo Anaya y Javier Corral, la trompicada pero subestimada presidencia de Gustavo Madero tiene que llegar a su fin, no solo por un motivo estatutario sino por salud del propio instituto político y del futuro diputado que desde que se alejó de Felipe Calderón poco a poco ha ido sumando triunfos propios y colectivos que le permiten –libremente- aspirar a aparecer en la boleta de 2018 representando a su partido.

Duele el cinismo pero en esta contienda se da por descontado que será Anaya el futuro líder del PAN imponiéndose a Javier Corral quien tal parece no tiene la más mínima posibilidad de triunfo, el próximo líder de la democracia cristiana en México a pesar de su juventud goza de una gran experiencia política y parlamentaria que le imprimirá un nuevo sello a su partido, férreo opositor pero leal acompañante del cambio institucional, se perfila como un líder partidario que le apostará al contraste entre lo que ahora es y lo que él desea que sea.

El Partido Revolucionario Institucional de igual forma renovará su dirigencia, César Camacho Quiróz se va, con la satisfacción de haber cumplido con su deber, con dificultades pero con tino a través de un arduo trabajo de campo y alianzas políticas, logró conquistar la mayoría legislativa para el Presidente Peña, algo que se pensaba imposible y que no sucedía en lustros dado que generalmente el ciudadano prefería a la mitad del sexenio inmovilizar al ejecutivo en turno negándole posibilidad de operación política en el legislativo, pavimentando de ese modo las posibilidades de triunfo de la oposición.

PAN y PRI renuevan debido a un mandato de ley, a una obligación estatutaria, es por ello que llama la atención las declaraciones de Carlos Navarrete, dirigente del Partido de la Revolución Democrática. Poner a disposición del Consejo Nacional del PRD su cargo como presidente sería su “contribución personal y política al esfuerzo por transformar al partido; hay que sacudir al árbol en serio”.

La renovación anticipada en el PRD solo se antoja por un deseo urgente no de la dirigencia, sino del principal grupo de presión al interior –tribu- para dar aire fresco a dicho instituto político. Nueva Izquierda o Los Chuchos como coloquialmente se les conoce, han dado la lucha intestina al interior del amarillo desde su fundación en 1989. Jesús Zambrano, Jesús Ortega y Guadalupe Acosta Naranjo conquistaron tantas posiciones al interior hasta que fueron capaces de desembarazarse de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, poseedores de las siglas desde que Ortega lo presidió, impulsaron la carrera de Carlos Navarrete para presidir el partido de izquierda más importante hasta la creación de MORENA.

Para Navarrete todo salió mal, decidió defender a Abarca principal responsable del desafortunado desastre en Ayotzinapa así como apoyar a Ángel Aguirre en su necedad por continuar gobernando Guerrero, todo ello aunado al fuerte proselitismo de López Obrador dio como resultado que la participación de los amarillos en las pasadas elecciones fue poco menos que un desastre…

Las señales que han enviado Los Chuchos al círculo rojo son contundentes, la renovación tiene que ser tal que la sociedad debería reconocerla a simple vista, ello implicaría que el PRD cambie de paradigma y se transforme en algo parecido a PODEMOS. Este es un partido que tiene como finalidad convertir la indignación en cambio político –algo parecido a MORENA pero menos radical- y para ello Nueva Izquierda echará mano de sus políticos más jóvenes. Hombres y mujeres que física y cronológicamente representen el cambio y lo más difícil, políticos con capacidades que sean capaces de conquistar la voluntad de las masas.

Zac Mukuy Vargas, Pablo Hernández, Alejandro Encinas Jr., David Razú Aznar, Victor Hugo Romo, Carlos Torres Piña, Martha Zepeda del Toro o Ángel Avila, son jóvenes militantes del PRD, ciudadanos que con el apoyo –obligado- de los Chuchos podrían retomar las riendas del muy golpeado pero significativo partido de izquierda, el PRD…


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