sábado 15 junio 2024

Cosas que @jrisco debería considerar ante las críticas por compartir un video editado (¡¿otro más?!) de José Antonio Meade

por Luis Castrillón-RST

¿Un video editado en broma puede convertirse en desinformación?

Sí, claro que puede. No olvidemos como Jenaro Villamil y Sabina Berman (y cientos de los followers de ambos) cayeron en el engaño del video alterado de José Antonio Meade en el que supuestamente habría dicho “la calle es para el delincuente y la cárcel para el ciudadano (sic)”, cuando en realidad expresó lo inverso.

La pregunta y su respuesta vienen a cuento luego de que @jrisco compartiera un video editado sobre el precandidato priista José Antonio Meade en su cuenta de twitter.

Como puede entenderse, el video editado por @vampipe es una broma, como otros que aparecen en sus cuentas del pajarillo azul o de Facebook. Hasta ahí, ni un problema. El propio autor lo deja claro en su cuenta: “Si subo un video, seguro es falso”.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando ese video es compartido en la cuenta de Twitter de un periodista, como se asume @jrisco, con casi un millón de seguidores?

Pues que existe un riesgo de que algunos se lo crean y que lo compartan como si fuera algo real. Sí, aunque los cortes en el audio sean clarísimos para el autor de la edición o para quien lo comparte con sus seguidores.

Y decirlo no implica menospreciar a los seguidores de @jrisco, sino ser claros en algo: el usuario promedio no analiza los contenidos a los que está expuesto en los medios sociodigitales. No se toma el tiempo, porque no lo tiene, no verifica porque no le interesa. Es básicamente un Homo compartiri.

Y cualquiera -por simple comprensión elemental-básica-libro-de-texto-, que se ostente como periodista y con presencia en medios sociodigitales, debería tenerlo en cuenta y echarle un mínimo cálculo mental, por no decir ya reflexión, antes de publicar algo.

¡Pero es humor!, se dice en defensa de lo publicado. ¡Pero estamos en un proceso electoral!, es la respuesta desde aquí… o mejor dicho aún: ¡no está la olla pa’ tamales!

Hay un caldo de cultivo con todas las condiciones necesarias para seguir generando huecos de desinformación a través de la publicación de información sesgada, distorsionada o falsa que incide en la percepción pública de la etapa que estamos viviendo en México. Eso no puede menospreciarse ni dejarse de lado.

Y ese caldo se cocina como nunca antes y mejor -dicho con toda ironía- en los medios sociodigitales que se han convertido en vecindarios globales de chismerío desproporcionado.

Ese es el riesgo del tuit de @jrisco. No es la broma per sé, no es @vampipe, sino el nombre y la influencia de quien la compartió después entre quienes confían en él y quienes consideran validados sus mensajes.

Y eso, similar al caso de Sabina Berman quien responsabilizaba a los usuarios de Twitter cuando es ella quien manifestó explícitamente su nula disposición para verificar información sobre un precandidato Presidencial, no se cubre señalando que se trata de una broma, o afirmando que criticarlo implica carecer de sentido del humor.

(Es bien sabido que soy acérrimo defensor del humor negro, ácido y sarcástico. Tanto que más de una vez ha recibido reclamos por ello).

En síntesis:

  • El humor se entiende por el contexto, tanto del emisor como del receptor. Los comediantes no lo tienen que pensar mucho, se hacen responsables y pueden reclamar a la audiencia no tomárselo tan en serio. Los periodistas no, porque la comprensión del mensaje siempre debe estar medida por ellos mismos.
  • El usuario promedio no verifica. No lo hace ahora ni lo hacía antes de Facebook, Twitter y demás medios sociodigitales. Hace 20 años una persona veía el título de una noticia sobre ovnis en la portada de un tabloide y sin siquiera comprarlo y descubrir a través de su lectura que el asunto era una falacia notable, lo compartía de voz con sus conocidos. ¿A poco no entienden de dónde salió la fama de Jaime Maussan?
  • Si me asumo como periodista, mi palabra tiene un valor, un nivel de credibilidad y lo que diga puede ser tomado como cierto, sin más análisis ni filtro que una confianza casi ciega en mi dicho.
  • No es lo mismo un video editado que un cartón político. El segundo implica un contrato semántico específico: desde el momento en que el público lo recibe, al ver una imagen con rasgos exagerados del personaje satirizado, hay una impronta, sabe que está frente a una interpretación y no una narrativa real. En un video, sin advertencia específica, esa impronta no existe. Como me explicó un buen amigo, filósofo y periodista, Yabo Mora: ¿por qué crees que cuando ves una película de terror, aun sabiendo desde el principio que estás ante un contenido irreal, falso, sientes miedo en algunos momentos, o te queda un ligero temor a estar solo y en la oscuridad cuando el filme ha terminado?

Aclaración pertinente: tampoco se puede considerar al video como fake news porque no tiene esa intención. No es Periodismo satírico porque su creador no es ni se asume periodista. Es una broma que puede volverse un riesgo en el contexto actual. Ergo, sí puede convertirse en desinformación… y eso debería pensarlo mejor @jrisco.

También te puede interesar