Miguel Ángel Mancera Espinosa ha sido uno de los peores gobernantes de la Ciudad de México. Esto sin duda. Cayó por accidente en la candidatura ganadora en el 2012, pero no ha sabido qué hacer con la ciudad más importante del país. Es un burócrata gris que corrió con suerte, pero no tiene ni proyecto ni trayecto de izquierda. Y su “programa de gobierno” adolece de una visión estratégica, al tiempo que su actuar concreto ha estado plagado de improvisaciones, yerros, inconsistencias, retrocesos y contradicciones.
Los gobiernos no sólo deben ser juzgados por lo que hacen sino, también, por lo que dejan de hacer. Hay que juzgarlos por sus acciones y sus omisiones.
A cuatro años de su mala gestión, hay que resaltar seis de sus principales errores:
- Agua
Para nadie es noticia el hecho de que la Ciudad de México tiene un grave problema de abasto y manejo de agua potable, sobre todo en sus regiones norte y oriente. Las fuentes internas (o propias) están sobreexplotadas, y buena parte del agua que se trae de fuentes externas se desperdicia.
Y el Gobierno de la Ciudad de México le sigue apostando a las obras faraónicas que no resuelven el problema de fondo; obras que, además, se prestan a la corrupción y a la ineficiencia.
Mancera ha sido incapaz de innovar realmente en cuanto a las políticas de recepción, depósito, manejo, disposición, tratamiento, reuso y reciclaje de agua. Ha sido incapaz, incluso, de aplicar una de las políticas más sencillas y elementales al respecto: la recepción de aguas pluviales en las unidades domésticas y empresariales a través de techos inclinados y cisternas, para usos múltiples.
Es una vergüenza que en esta ciudad “de vanguardia” todavía estemos usando agua potable para el excusado y no podamos usar sistemáticamente el agua de lluvia. ¡Vergüenza!
- Orgía de programas sociales
Mancera llegó con la promesa de reordenar y de compactar los programas sociales de la ciudad, que se habían multiplicado de forma grotesca e infame para las finanzas públicas durante los sexenios de AMLO (2000-2006) y Marcelo Ebrard (2006-2012).
Pero no sólo no los redujo ni los depuró, sino que los multiplicó aún más, reforzando la visión asistencialista y populista de la política social capitalina; política que, en sus actuales términos, no sólo no ha reducido sensiblemente la pobreza de los capitalinos, sino que ha multiplicado prácticas parasitarias y clientelares que socavan la calidad de nuestra democracia local.
- UACM e IEMS
Mancera también sigue desperdiciando los recursos públicos en mantener operando dos instituciones sumamente parasitarias de la ciudad: la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y los bachilleratos públicos que agrupa y gestiona el Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México (IEMS).
La UACM ha sido un elefante blanco desde su nacimiento. Y lo sigue siendo. Creyéndose innovadora, esta universidad estuvo contaminada desde sus inicios con ideologías políticas y “modelos pedagógicos” que poco han beneficiado a la ciudad, a sus estudiantes (que tienden a la “fosilización”) y a sus egresados (que son muy pocos).
Y el IEMS, que desde su origen tuvo problemas de gestión (sobre todo de personal) y de infraestructura, presenta problemas graves de deserción y de eficiencia terminal.
La verdad es que estas instituciones ni siquiera tuvieron que haber surgido como lo hicieron, porque una ciudad con visión de futuro y bien sustentada en la cultura digital, tuvo que haber apostado muy fuerte por la educación en línea (e-learning), modalidad que amplía la cobertura, universaliza el conocimiento, abarata costos sin mermar la calidad, elimina los tiempos de traslado, contribuye a la reducción de la contaminación y del congestionamiento vial, y, lo más importante, permite que los estudiantes avancen a su ritmo, en sus propios tiempos y espacios.
Mancera continúa reproduciendo la falta de visión educativa de veras progresista que también reprodujeron AMLO y Ebrard.
- Reglamento de Tránsito
Demencial, irracional y, en no pocas de sus partes, estúpido. Así es el Reglamento de Tránsito que entró en vigencia en diciembre de 2015. Se trata de una pieza normativa que posee muchos puntos absurdos y que se presta al abuso de cobros excesivos y a onerosos procesos de impugnación y defensa, en una ciudad con una deficiente estructura vial y un inconveniente transporte público.
Sirva como ejemplo la estupidez ésa de fijar como límites máximos de velocidad los 50 kms/hr en ejes viales y los 20 km/hr frente a escuelas y hospitales. ¡Magna estupidez!
- Estimulación de la “paridera”
Las políticas públicas tienen un componente pedagógico, porque son capaces de premiar las buenas conductas de los ciudadanos a objeto de generar “círculos virtuosos”, y de sancionar eficazmente las malas para desincentivar los nocivos hábitos de la población.
La Ciudad de México es la única entidad federativa que ha conseguido legalizar la interrupción del embarazo (2007), bajo ciertas condiciones. Nuestra ciudad logró superar los límites ideológicos que la mitología cristiana le había impuesto a nuestra política de salud sexual y reproductiva.
Mancera ha desperdiciado esta valiosa herramienta y, en cambio, ha instrumentado programas gubernamentales que consienten la “paridera”, es decir, la reproducción sexual irracional e irresponsable, sobre todo entre adolescentes y jóvenes de escasos recursos. Casos típicos son los programas de las “cunitas” y del Baby Pack.
Por este tipo de programas, Mancera se ha convertido en un gobernante irresponsable, porque está alimentando desde la raíz el “círculo vicioso” de la pobreza, y esto no obstante tener a su alcance una herramienta muy valiosa para combatirlo: la Interrupción Legal del Embarazo (ILE).
- ¿Subir el salario mínimo?
En un arranque por demás populachero, Mancera se ha aventado la puntada de querer incrementar de forma artificial el salario mínimo, pasando por encima de principios elementales de la economía.
Cuando el incremento del salario no está sustentado en la productividad del trabajador o en la ampliación de su jornada laboral, la carga de dicho incremento se suele traspasar al precio final de los productos y servicios, generando un efecto inflacionario, que afecta básicamente a los consumidores. Si a esto le agregamos el efecto de la innovación tecnológica, la cosa resulta peor.
Mancera se ha querido hacer el simpático con los trabajadores, que han visto mermada su capacidad de compra. Pero su truquito de magia es muy malo y ha probado su ineficacia una y mil veces. Su propuesta es un lance “apantalla bobos”.
Conclusión
Miguel Ángel Mancera ha sido un gobernante mediocre. Su gestión acumula más deficiencias que aciertos. Básicamente ha vivido de la inercia de sus antecesores. Ha sido poco innovador en una ciudad que se nos presenta como un campo propicio para la creatividad.
Lo peor de todo es que el PRD lo está manejando como una “carta fuerte” para las presidenciales del 2018. Así de mal está ese partido.
