El destino de Adán Augusto

Adán Augusto López carece de causas e ideas, pero es astuto: siempre se ha deslizado en las sombras para impulsar sus intereses. Está muy lejos de quienes optan por las sombras que amparan el discreto trabajo de construir acuerdos entre líderes políticos. Desde hace más de 40 años usa a la política para fines personales. Por eso rehuye a la luz que avivan los reporteros desde el micrófono. “No doy declaraciones”, acostumbra responder con el rostro pétreo de sus ojos codiciosos apresurando sus pasos de pingüino.

Hace unos días salió huyendo de Palacio Nacional. Ya no es joven, y aún así se mira prematuramente envejecido y asustado. Está derrotado. Habló unos minutos con la presidenta sobre la conversación que tuvo en Palenque con López Obrador. Su destitución es inevitable pero no puede ser inmediata porque no se le puede ceder el galardón de la victoria a la oposición y a la prensa. El populismo no admite grietas. Por ello fue Ricardo Monreal quien anunció su ratificación en el cargo y no Claudia Sheinbaum y, por eso además, Adán Augusto no pudo proclamar aquella supuesta ratificación como coordinador de Morena en el Senado. Si la política también es juego de símbolos, resalta que el diputado zacatecano lo hiciera cuando, hace más de nueve meses, fue acusado de corrupción por el mismo tabasqueño. Después de esto es fácil recordar la frase “La venganza y el cangrejo de río es un plato que se sirve frío”.

Adán Augusto López es conocido en su tierra como “El pañalón”, los amigos y detractores dicen que el apelativo es porque tiene el culo grande y ahora, con el humor corrosivo de los tabasqueños, también comentan que el pañal debe estar lleno de mierda desazolvada por el miedo.

No me alcanza la vista para narrar los instantes en que “El pañalón” habló a solas con su jefa en Palacio Nacional. Es decir, no puedo relatar lo que él sintió al rendirle cuentas a quien un año atrás acusó de corrupta. Ni siquiera sé si traía en el pulso el reloj Patter Philippe que cuesta un millón 200 mil pesos, el equivalente a 255 cenas de Andy López Beltrán en Tokio. Lo que sí puedo decir es que Claudia y él acataron la línea que les marcó el ex presidente para darle una salida lo menos costosa para “El movimiento”. También puedo afirmar que, en ese o en cualquier otro de esos relojes de lujo, Adán Augusto no ve la hora en la que pueda huir de las bien fundadas sospechas de dirigir a “La Barredora”. Si hace poco más de un año brindó a la luz de la Luna por su poder, ahora está midiendo si éste la alcanza. Y lo que tiene no es poco: cuenta con ramificaciones al interior del partido y aún dentro del gabinete federal junto a la complicidad de varios gobernadores y, claro, sus probables nexos con el crimen organizado.

El hilo entre la cárcel y el ostracismo puede romperse en cualquier momento, el ex gobernador lo sabe. Si él no regala siquiera unos minutos a la prensa, menos podría hacerlo ante las autoridades de México o Estados Unidos porque no hay que olvidar: allá también está siendo sometido a un escrutinio del que no podría escapar ni aún viajando desde un barco rumbo a Transilvania en una caja atestada de ratas. La tormenta es innavegable.

Las sombras se están difuminando desde hace por lo menos tres meses. La luz de la prensa y el encono de sus enemigos lo están exhibiendo. Las pisos áridos del sureste son el rastro de la extracción de huachicol y el avance del crimen organizado. Ahí están los indicios en Veracruz, el éxodo en Chiapas y la reyerta en Tabasco para dilucidar entre mafiosos el reparto del botín. Y esa es sólo una vertiente, el territorio de los negocios es tan amplio como los pantanos tabasqueños donde habitan sanguijuelas.

Adán Augusto sabe que el oprobio es su destino inevitable. El tiempo también corre en los relojes de arena.

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