El periodismo ignorante

Algunos colegas montan en cólera -ya saben, el histrionismo tiene adeptos- cuando alguien comenta lo que dice la ley respeto a tal asunto, o subraya algún aspecto económico o financiero sobre otro. “No somos abogados”, declaran, “ni economistas o analistas financieros”, (silencio instantáneo) “¡Somos periodistas!” (Aplausos digitales donde abundan los likes). Esa es una apología de la ignorancia y los aplausos son como de focas, o sea, que no saben ni qué festejan.

El periodista registra hechos y para ello ofrece el contexto donde éste ocurre al mismo tiempo en que advierte su alcance, vamos, sus probables consecuencias (porque el profesional de la comunicación difunde acontecimientos y simultáneamente contribuye a comprenderlos). Para ello, y eso es elemental, debe saber escribir -y en general, ya se sabe, responder a las preguntas quién, cuándo, cómo, dónde y por qué-. Por eso es aprendiz de todo y experto en nada, vale decir, un reportero que tiene la encomienda de estudiar la ley, la economía, la historia y las finanzas; son elementos clave para el contexto del acontecimiento: por ejemplo qué dice la norma respecto de las decisiones de los partidos para definir el presupuesto electoral ayuda para que el periodista no difunda que el INE es el responsable de ello, o conocer la norma electoral es útil para entender por qué ahora Morena no tiene candidato formal al gobierno de la Ciudad de México y así, una larga lista de hechos que el periodista necesita comprender mediante el estudio de varias disciplinas, antes de propalar noticias.

El periodista no puede ni debe ser nada más un escribano difusor de ocurrencias, sucesos aislados o proclamas, no al menos como un imperativo ético.

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