Cuando discutían, el esposo golpeaba con fuerza el armario de la habitación, pero un día dirigió los puños hacia su rostro. Ismari Brizuela Fonseca ha vivido un largo calvario de agresiones físicas y amenazas. El machismo, y una legalidad que no penaliza con rigor la violencia de género, se combinan dejando a muchas mujeres como ella a merced del maltrato.
“Casi me mata”, recuerda Brizuela de aquella primera golpiza. Al otro día cuando se levantó descubrió que el marido también le había “quemado el monedero con todo el dinero” y le advirtió que “para salir de la casa tenía que pedirle permiso”. En un momento en que el hombre fue a trabajar, ella logró escabullirse.
En 1993 las Naciones Unidas ratificaron la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer. La definieron como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico”.
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