En una de las visitas que hizo a Washington el procurador general de la República, Raúl Cervantes, para reunirse con el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, el mexicano le pidió que le “pusieran cola” al exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge. Así me lo revelan fuentes confiables.
En el argot policiaco mexicano, eso significa que lo estuvieran siguiendo, intervinieran sus comunicaciones, monitorearan sus transacciones financieras, lo que hiciera falta para que no se escapara del radar, para que no desapareciera.
Porque en ese momento, era fácil de rastrear. Desde que dejó la administración estatal en Quintana Roo —lo denunciamos en estas “Historias de Reportero”— Borge Angulo tomó como base de operaciones su departamento en el sur de Miami Beach y de ahí se movía con toda libertad. No se estaba escondiendo: fue a Disney World, a la Serie Mundial de beisbol, era cliente frecuente de los restaurantes más populares de Miami…
Tenía la guardia baja y fue fácil para Estados Unidos mantenerlo bajo vigilancia mientras la PGR terminaba de armar el expediente en su contra. Del cúmulo de denuncias e irregularidades detectadas en su corrupta gestión, optó por el escándalo de la autoventa de terrenos del estado con 99% de descuento de su valor comercial.
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