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Gil está de plácemes: México se ha convertido en un exportador de exgobernadores de fuste y fusta. A los italianos les mandamos uno que se dio durante un tiempo increíble una vida magnífica mientras lo buscaba la Interpol. El exgobernador de Tamaulipas se encuentra ahora en una cárcel con rufianes italianos. También enviamos a un pez gordo y goloso (literalmente gordo) a Guatemala. Javier Duarte se encuentra en el penal de Matamoros. Su esposa Karime, cómplice del exgobernador de Veracruz en todas sus andanzas, robos y desvíos, se encuentra en Londres tomando el té de la 5.


Mientras ocurrían los comicios, enviamos por paquetería especializada rumbo a Panamá a Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo, que logró lo que ningún ladrón reciente: escriturar terrenos del estado para comprarlos a precios de risa y venderlos a precio de lágrimas. Borge pretendía volar a París y esconderse seguramente en el George V. Gil ignora dónde mandaron a César Duarte, exgobernador de Chihuahua, pero pronto aparecerá en algún lugar del planeta. Contra Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila, no hay aún pruebas, pero pesan sobre él toneladas de sospechas. Va y viene El Macalacachimba como Pedro por su casa.


Por cierto: para Gilga es sencillamente incomprensible que después del rosario de gobernadores corruptos, el PRI conserve inesperados niveles de votación. Sencillamente no le entra en la cabeza. Y no vayan a venir con la paparruchada de que se trata de la compra del voto y otras zarandajas. Lectora, lector: ¿puede entrarle en la cabeza a alguien que en Coahuila el PRI haya conseguido los sufragios suficientes para llegar a un empate técnico con el PAN. ¡Pega de locuraaa!


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