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Le cerraron el paso a dos calles de Palacio Nacional y lo abatieron a tiros. Se llamaba Óscar Liebre Espinosa. Era líder de la Unión de Comerciantes Independientes de las Calles de Colombia y Anexas en el Centro Histórico. Sus agremiados se repartían en plazas ubicadas en Rodríguez Puebla 32 y en Perú 138 A, y a lo largo de República de Colombia.

Lo asesinaron a la manera de la Unión Tepito: desde una motocicleta, mientras conducía su auto en el tráfico. Un día después de su fallecimiento comenzó el reparto de los espacios que Liebre controlaba.
No hubo detenidos. “Como siempre, no pasó nada”, dicen comerciantes del centro.

Diversos líderes de comerciantes del Centro Histórico han sido asesinados en poco tiempo: prácticamente en cascada. En abril pasado, en la calle Belisario Domínguez, una motocicleta alcanzó a Armando Becerril, líder de la organización “Una Mejor Forma de Vida, A.C.”, que posee agremiados en Isabel la Católica 94, Colombia 42 y San Jerónimo 54. Becerril había denunciado las extorsiones de la Unión Tepito. Al salir del restaurante La Casona del Fauno, en compañía de su madre, hombres que viajaban en una moto le hicieron cuatro disparos. Llegó con vida al hospital, aunque falleció minutos más tarde. El reparto de los espacios que dominaba se dio de inmediato. Y nuevamente, “no pasó nada”.

La gente del Centro Histórico vio caer a otros líderes: Miguel Ángel Lemus, dirigente en la calle República Dominicana; Miguel Ángel Galán, atacado mientras se desplazaba al lado de un familiar, y Jaime Vázquez Mendoza, que controlaba comerciantes en José Joaquín de Herrera, Manuel Doblado y la calle Lecumberri, y cuyo asesinato fue grabado en video y empleado como instrumento de extorsión de comerciantes.

Según el relato de uno de ellos, los enviados de la Unión le dijeron: “Mira, esto es lo que pasó, velo”. En el video, recordó, “se ve a este cuate que está en la camilla, sangrando, lo ves tirado”. El extorsionador le dijo: “Pues era uno de tus líderes. O sea, si a mí a partir de esta semana no me das 200 pesos diarios, esto es lo que te va a pasar”.

Raymundo Pérez López fue otro de los líderes ejecutados. Lo esperaron afuera de su casa. Antes de matarlo, uno de los asesinos se compró un jugo de naranja en un puesto (el popote sirvió más tarde para identificar su ADN); luego, cuando llegó el momento, con sangre fría avanzó hacia él. El dirigente quedó a un lado de su auto, con al menos siete disparos en el cuerpo.

El reportero Carlos Jiménez acaba de dar a conocer un video estremecedor: dos comerciantes están tendidos en el piso de una tienda, junto a un garrafón de Bonafont. Tienen el rostro totalmente cubierto de sangre, a consecuencia de los golpes que, posiblemente con un fuete, han recibido.

Más información: http://bit.ly/2Q2d4F2

 

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