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Con eficiencia, las mayorías legislativas de Morena con la ayuda sobre todo del PRI y en otras ocasiones de la oposición completa lograron en pocos meses entregar al Presidente las principales reformas legislativas que pidió desde la transición para cumplir sus promesas de campaña.

Esas mayorías, que difícilmente imaginaron Morena o Andrés Manuel López Obrador en la campaña, hicieron que el nuevo gobierno tuviera la oportunidad de reformar o terminar con buena parte de lo logrado, también en el inicio de un sexenio, por el Legislativo hace seis años con base en aquel Pacto por México.

Diez días después del triunfo electoral, el entonces Presidente electo anunció una serie de reformas que pediría al Congreso, el asunto del fuero presidencial, la reorganización de la administración pública, incluyendo la ley de austeridad y las nuevas estructuras salariales de la administración pública, lo que él llama la “abrogación” de la reforma educativa, el nuevo catálogo de delitos graves. Después se agregó la creación de la Guardia Nacional y las reformas a la ley laboral necesarias para la aprobación del nuevo acuerdo comercial de Norteamérica.

Es cierto que se han quedado atoradas algunas otras, pero sin importancia a la hora de gobernar, aunque lo son en términos políticos para el Presidente como la revocación de mandato.

Hoy, sin embargo, ya tiene los instrumentos que pidió y que necesitaba para gobernar como él quería. Sus nombramientos: el fiscal, dos ministros en la Suprema Corte, nuevos comisionados en órganos de regulación, ahí están.

La 4T ya tiene sus leyes, pues. Y al mismo tiempo que se clausuraba el segundo y productivo periodo ordinario de sesiones, se daba a conocer el nada alentador resultado económico del primer trimestre del año. Viene la hora complicada. La de gobernar.

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