AMLO, la propaganda y la alegría de ganar

De este lado hay alegría, vamos a ganar”, dicen muchos seguidores de AMLO. Lo que yo veo es que es una alegría feroz, del que espera su turno, del que ahora estará del “lado correcto” para cobrarse agravios.

No es una alegría pura, sino una alegría de “ya chingamos, hijos de su puta madre”.

Aunque AMLO ha dicho que la venganza no es su fuerte (habrá que ver), no parece ser el caso de muchos de sus seguidores. Ya anticipan retribución, censura, medidas correctivas.

Dije en mi Twitter hace algunos días que cada vez más me recuerdan al maoísmo, pero exponenciados por las redes sociales. Mao Zedong contó, en cierto momento, con las juventudes rojas, inflamadas de ánimo de transformación, de barrer con lo viejo y sembrar lo nuevo.

Las juventudes rojas idolatraban al líder, y fueron llevados por él al oscuro periodo de la Revolución Cultural, del cual China aún se recupera.

Naturalmente, tengo claras las diferencias entre el movimiento morenista y el maoísta. Cultura, contexto social, tecnología… lo que gusten, pero veo el mismo afán renovador (que el PRI también usó en varias ocasiones), y la misma devoción por la persona, no por las ideas.

Han creado su propia narrativa, tal como hizo en su momento el PRI, claro está. Cuentan con gente talentosa en comunicación, publicidad, marketing. Mao contaba con poetas, pintores, dramaturgos, músicos, cantantes, bailarines. En su tiempo, cada pieza artística fue una pieza de propaganda.

Ahora, vemos con AMLO que mediante canciones, cómics, peluches, llaveros, termos, libretas y hasta baberos de bebé, la imagen de él y su equipo se pule y simplifica al máximo, para dejarla en unos pocos trazos esenciales fácilmente digeribles.

Son trazos que transmiten pureza, ingenuidad, renovación, bondad, transparencia. Pero que sólo funcionan en el nivel propagandístico. No resisten un análisis estricto. No soportan una comparativa con datos duros. Son una leyenda, no una historia. Son una épica fundacional, no un conjunto de hechos reales.

No es que AMLO no sepa decir más allá de diez frases. Es que sabe que es la manera propagandística más eficaz. Profundizar, abarcar todas las aristas jamás será una buena estrategia de propaganda. Hay que elegir unos cuantos mensajes básicos y sembrarlos, repetirlos.

No es que juzgue como reprobable esta estrategia. En comunicación política es lo que todos buscan hacer, con mayor o menor fortuna. Pero nadie lo ha hecho tan refinadamente como AMLO.

La comunicación política, finalmente, es un marketing. Pero el periodismo debe penetrar la cáscara de fingimiento y desentrañarlo todo.

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