“Que nadie lo dude, esta batalla es por la libertad de expresión”, señaló Carmen Aristegui tras la conclusión de su relación laboral con MVS, quien calificó el hecho como el colofón de un “vendaval autoritario”. Al igual que en sus diferendos anteriores en las empresas en las que ha laborado, la periodista ha manejado una narrativa donde se presenta a sí misma como el símbolo del periodismo independiente y la libertad de expresión y sin ella, estos conceptos son una simulación.
Sus colaboradores cercanos y seguidores, también se han encargado de promover la máxima de que solo con Aristegui hay periodismo; el resto de la oferta informativa que hay en el país está “vendida”. El senador Javier Corral, por cierto, el colaborador más frecuente de Aristegui en el debate de la Ley de Telecomunicaciones, dijo en la tribuna del Senado que sin Aristegui México estaba “en la orfandad informativa” porque todos los conductores de los informativos matutinos juntos, “no le llegaban ni a los talones”.
En el recurso legal que el 27 de mayo interpuso uno de sus abogados, Xavier Cortina, resalta que de esperar a la sentencia definitiva para restituir a Aristegui en su espacio radiofónico, se niega a la sociedad la posibilidad de formarse una opinión más informada y crítica para efectos del proceso electoral. Y en la misma lógica del senador Corral, incluye el término “orfandad” hacia las audiencias al despojarlas de un espacio que resultará imposible de superar.
