En un día, AMLO llamó “calumniador” a Pepe Cárdenas, “pasquín” a El Universal, criticó a Reforma por publicar una declaración de Yunes y calificó de “prensa inmunda” a medios sin especificar.
Pepe tiene siempre sus micrófonos abiertos a AMLO. El Universal y Reforma divulgan encuestas que encabeza y publican sus declaraciones, arengas y denostaciones a adversarios. En verdad, AMLO tiene buena prensa, sobre todo últimamente.
Es de miedo que alguien que puede llegar a presidente de una democracia llame “inmunda” a la prensa que sea. Recuerda al Chávez de 2002, que enrolló en público un ejemplar de El Nacional, y dijo que se lo metería por el ano a su dueño.
Aunque Chávez tenía predilección por El Nacional: cuando salió de la cárcel, su director Henrique Otero, le abrió sus páginas. Y Carmen Ramia, entonces esposa de Otero y dueña del Ateneo de Caracas, se lo cedió para sus discursos. Al llegar al poder, Chávez aplastó a ambos.
Recuerda a Miguel Ángel Quevedo, propietario-director de la revista cubana Bohemia, y Fidel Castro. Bohemia, como casi todos los medios, apoyó a Fidel durante su revolución. En Bohemia, que tiraba un ejemplar por cada 21 cubanos de entonces, hasta escribía artículos.
Una vez, Quevedo no le publicó un texto y Fidel le escribió: “Ni siquiera espero de usted ningún favor futuro que compense el daño de hoy”. Cuando triunfó, expropió Bohemia. Después, muchos culparon a Quevedo de haber colaborado al triunfo del castrismo.
Quevedo se suicidó en Miami el día del 43 cumpleaños de Fidel Castro y dejó escrita una carta-testamento:
“Querrán presentarme como ‘el único culpable’ de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera ‘el único culpable’. Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores contra todos los gobernantes, por sentirse halagados por la aprobación del pueblo.
No importa quién fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que compraba Bohemia, porque era vocero de ese pueblo.
Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder.
Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía para Fidel. Los comentaristas de radio y televisión que lo colmaron de elogios. Bohemia no era más que un eco de la calle. Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen”.
Huelgan comentarios.
Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de mayo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
