Etcétera

De la grandilocuencia al trabajo hormiga

Fiel reflejo de un yo inflado, la grandilocuencia revela la existencia, también, de un yo inflamado. Inflamado acaso por un golpe previo de profundas e imprevisibles consecuencias traumáticas. Y el que no esté traumado, al menos un poco, que tire la primera piedra. Sospecho que así como nos ocurre a los individuos, pasa con las naciones, esos plebiscitos cotidianos que no tienen lugar en ninguna urna precisa y, sin embargo, tienen lugar, o al menos en eso me empeño en imaginar para no apostarlo todo a los erráticos pupilos del Piojo.

Traumada por la humillación proveniente de su derrota en la Primera Guerra Mundial, la nación alemana se vistió de grandilocuencia nazi y se propuso, con toda seriedad y muchas y novedosas armas en la mano, dominar el mundo entero. Por eso me pregunto sobre los traumas de la nación mexicana. La Conquista y el dominio español que se perpetuó durante los trescientos años siguientes figuran entre los mayores de ellos. Considero, sin embargo, que la grandilocuencia resultante no ha alcanzado a afincarse como verdadera grandilocuencia. O sea, como efectiva, exitosa, ejemplar e imponente grandilocuencia –una así, como la de los nazis, ay nanita. Del Primer Imperio Mexicano, el de Iturbide, al uniforme militar repleto de insignias de Porfirio Díaz, hasta el bombo y platillo con que Carlos Salinas anunció nuestro triunfal ingreso en el anhelado banquete del Primer Mundo, la grandilocuencia ha hecho de las suyas. Pero siempre –salvo algunos narcos que han dejado decenas y decenas de miles de muertos a su paso- se ha quedado a medio camino. Nunca se ha realizado cabalmente. Por fortuna. Y no porque la unidad política de California a Panamá que dibujó el Imperio de Iturbide o la legítima aspiración de vivir en un país de Primer Mundo fueran propósitos deleznables, sino porque se pretendieron materializar en un Solo-y-Grande-Acto-Redentor, y no a través del incesante trabajo de hormiga que hubieran requerido. Así ahora, tras las últimas reformas estructurales, me pregunto: ¿qué trabajo de hormiga se está orquestando desde el gobierno federal, los gobiernos estatales y los municipales para mejorar en algo las cosas? ¿Hay acaso algún esfuerzo de ese tipo? Específico: ¿hay acaso algún esfuerzo de ese tipo que no se extravíe de una manera o de otra en los arduos pasillos de la burocracia, cuando no en la pedante eficacia de la tecnocracia? Pregunto porque lo ignoro. Y pregunto también porque sospecho que, si los hay, no los hay en número y con la calidad suficientes. En concreto tengo para mí que el presidente de la república y su equipo deberían bajarle a la grandilocuencia y subirle al trabajo hormiga, pero parecen más inclinados a lo grande y espectacular que a la fructífera edificación de los micro.

Autor

Scroll al inicio
Grandpashabetdeneme bonusuGrandpashabetgrandpashabetholiganbetGrandpashabetjojobetcasibomjojobetcasibomjojobetDeneme Bonusu Veren SitelermeritbetcasibomnieuwsGrandpashabetGrandpashabetGrandpashabetgrandpashabetcasibommeritbettarafbet girişgrandpashabetbullbahisjojobet girişgrandpashabet girişMeritking Girişmeritbetmatbetaajojobetdeneme bonusu veren sitelerdeneme bonusu veren sitelerJojobetMadridbetJojobetJojobetjojobetGrandpashabet girişjojobetgrandpashabet girişgrandpashabet resmi girişgrandpashabetgrandpashabetGrandpashabetbostancı escortJojobetПроститутки БишкекGrandpashabetJojobet Girişmarsbahis