¡Es la corrupción, estúpidos!

Tema global y transversal. México lleva décadas enfrentando retos económicos, tiempos de vacas flacas y gordas, inflación controlada hace 20 años, crecimiento magro, crisis internacionales, fenómenos sociales, alternancias políticas. Mucho hemos cambiado. Mucho también nos falta.


La corrupción, lejos de inhibirse, crece, permea como humedad en una sociedad más informada, mejor comunicada y más proactiva. Cruza los asuntos que son noticia, que interesan y afectan la vida cotidiana.


Encuestas recientes ubican a la falta de dinero y de bienestar como asuntos con los que uno está acostumbrado a lidiar, pero la corrupción en sus múltiples expresiones es la que más enfada y decepciona. Confronta al elector con la democracia.


En el “Informe sobre la percepción de la corrupción 2015”, de Transparencia Internacional, México muestra niveles de corrupción similares a los de Filipinas, Armenia o Mali; resalta también que Trinidad y Tobago, Jamaica, Panamá o Colombia obtuvieron mejores evaluaciones en su escala del cero (muy corrupto) al 100 (el más virtuoso).


Los datos provienen de doce organizaciones internacionales. De 168 países observados México obtuvo 35 puntos, Dinamarca y Finlandia arriba de 90 y Venezuela, Irak o Libia menos de 20. Somos y nos reconocen como una nación con fuertes problemas de ilegalidad.


Mientras tanto el Senado de la República avanza en los cimientos para el Sistema Nacional Anticorrupción;operadores y partidos toman posiciones, forman alianzas y grupos, abren espacios para que organismos civiles se involucren, participen, avalen y legitimen este proceso fundamental para un tejido social viable.


Antes del 30 de abril debe pasar de una cámara a otra. Las triquiñuelas legislativas acechan, prestas a descubrir una coma, concepto o palabra que genere duda, que sea sujeta de mejora para entonces ofendernos con “en un tema tan vital no vale la pena apresurarnos, es mejor hacerlo bien…” cerrando las puertas a una instancia que pueda fortalecer (urge) el combate a la corrupción, en todos sus niveles, en todas sus modalidades.


La contingencia ambiental en el Valle de México discurre entre malas normas y verificentros en los que todo puede pasar, entre restricciones severas y laxitud frente a los taxis del aeropuerto que borran sus láminas haciéndolas invisibles a las cámaras de tránsito, frente a ojos de todos.


Los escándalos inmobiliarios, las licitaciones, los sueldazos de legisladores y ministros, las prestaciones doradas en servidores públicos, las canonjías de sindicatos sin materia de trabajo, los usos y las costumbres de una mecánica nacional que requiere lubricantes contantes y sonantes y en la cual lores, leidis, porkyschicos y grandes golpeadores de barecillos cheleros no son más que un producto natural, hijos legítimos de una pirámide ilegal, amplia y estable.


En lo político y en lo social el tema Corrupción, con mayúscula, será bandera y deuda para quienes aspiran a conquistar el poder.



Este artículo fue publicado en La Razón el 12 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiles su autorización para publicarlo en nuestra página

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