Cada día, sin importar el tema, vemos una batalla por el control de los datos. Cada parte puede ofrecer los que más le convienen, negando los reales o matizando las cifras que no se ajustan a su conveniencia, aunque las víctimas de esta batalla no sean quienes juegan con este tipo de información, sino los ciudadanos que ven vulnerado su derecho a la información y la realidad misma.
Los otros datos
Si bien existe la obligación de actores gubernamentales de ofrecer información cierta y verificable, conforme al derecho a la información de los ciudadanos, la realidad dista mucho de cumplir con lo que se establece en la norma.
Incluso vemos como las cifras que proporciona una dependencia oficial –el caso más llamativo es, sin duda, el de la Secretaría de Hacienda– es rebatida por otro funcionario que menciona que tiene otros datos.
También tenemos el caso de que gobernadores aseguran –ahí tenemos los casos de Bonilla de Baja California y Alfaro de Jalisco–, que la información que proporciona una secretaría de Estado no corresponden a los datos que tienen en su poder.

Se trata de botones de muestra que nos enseñan que estamos atestiguando una batalla por el control de los datos, en la cual las víctimas no son quienes juegan con los números para su conveniencia, sino el derecho a la información y la ciudadanía en general.
Es una pelea por controlar la información, en la que las presentaciones de power point, las conferencias de prensa, los boletines y los videos son las armas que se usan para pelearla. Pero no es un espectáculo para entretener, sino una guerra que se extiende al terreno de la imagen y la propaganda, con el fin de generar una percepción favorable para ciertos actores en la búsqueda de influir en los votos futuros de los electores en la próxima elección.
Y los bandos están bien definidos por el clima de polarización que vivimos. De un lado el lopezobradorismo que sabe que la propaganda es una de sus mejores armas para retener los votos cosechados en julio de 2018; del otro lado, una oposición dispersa, que no termina de ponerse de acuerdo y con algunos integrantes que no dudan en recurrir a mentiras para alcanzar su meta.
La verdad poco importa, pues lo fundamental es ofrecer buenas noticias y no permitir que los datos negativos empañen la gestión.
Algunos ejemplos nos darán una idea de hasta donde se puede llegar en esta guerra.
El presidente López Obrador ha desestimado los datos que la Secretaría de Hacienda o el Banco de México han dado a conocer sobre el crecimiento económico del país –gracias a su tradicional frase “tengo otros datos”–, pero sin ofrecer la fuente de las cifras que maneja en su optimismo permanente, pues se supone que la información que maneja el titular del ejecutivo federal es, precisamente, la que le debe proporcionar Hacienda y el Banxico.
Tan sólo un caso nos muestra hasta donde se está dispuesto a cumplir con los preceptos legales. En, al menos, tres ocasiones Comunicación Social de la Presidencia de México ha respondido a solicitudes de información formuladas a través del mecanismo de transparencia, que no poseen soporte documental de la información que el presidente proporciona en sus conferencias mañaneras.
Más allá de la razón que el mandatario tiene para hacer afirmaciones que no tienen un respaldo, también llama la atención el hecho de que en el gobierno mexicano no se cuenta con un seguimiento de la información que se le proporciona y maneja el titular del ejecutivo federal en sus conferencias de prensa, mismas que se han querido vender como un ejercicio de rendición de cuentas.
En la danza de cifras por el Covid-19, mandatarios estatales y el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, han chocado por el manejo de cifras, pues las de los estados y el gobierno federal no coinciden, pero el tema escala a una gravedad mayor cuando medios u organizaciones no oficiales dan a conocer más números que no concuerdan con lo que se ofrece cada noche desde Palacio Nacional.
Incluso es frecuente que un actor gubernamental –desde el presidente hasta secretarios–, diga un día una cifra y al otro ofrezca una completamente diferente, no sólo en dimensión sino también en sentido, con lo cual la incertidumbre y confusión se han generalizado.
Pero la oposición no se queda atrás. Es común la difusión de Fake News, como la que hace poco dio a conocer Javier Lozano, sobre supuestas irregularidades o actos de prepotencia de funcionarios emanados de Morena.
También se ha visto en redes sociales a ciertos personajes que buscan rebatir a voceros gubernamentales con cifras que contradicen sus discursos, sólo que sin darse cuenta que sumaron mal o que no tomaron en cuenta ciertos factores para dar el resultado final, con lo que acaban validando la información oficial.
Así como el presidente López Obrador se equivoca cuando asegura que no ha habido un presidente tan criticado como él, la oposición se equivoca al querer entrar en la batalla de las cifras sin contar con las fuentes de información necesarias para no hacer el ridículo un día sí y el otro también.

