Por definición un Estado policial es un sistema político a menudo caracterizado por un régimen dictatorial, donde la autoridad se concentra en manos de un individuo, un grupo, un partido político o el Ejército. Un elemento central del funcionamiento de un Estado policial es la manipulación de la información mediante la censura y la propaganda, con el objetivo de mantener el orden y la estabilidad moldeando la percepción pública.
Existen dos tipos principales de estados policiales: autoritarios y totalitarios. Los regímenes autoritarios se centran principalmente en conservar el poder, empleando la censura para reprimir la disidencia y controlar la narrativa mediática. En contraste, los estados totalitarios persiguen objetivos ideológicos además de la conservación del poder, a menudo aspirando a una visión particular, como la dominación global o el comunismo.
El debate sobre si México se encamina hacia un “estado policial” o una mayor militarización ha cobrado fuerza debido a reformas estructurales y cambios en la estrategia de seguridad pública bajo la administración actual.
Si observamos las tendencias de este 2026 observaremos un proceso que los especialistas ya catalogan como una realidad en curso. Ciertamente vamos hacia un Estado Policial.
Para determinar si vamos hacia ese “control total” característico de un estado policial hay tres indicadores clave que se han consolidado en el último año:
1. La Transición a “Autocracia Electoral”
Informes internacionales recientes (como el de V-Dem de la Universidad de Gotemburgo 2026) han dejado de clasificar a México como una democracia plena para situarlo en la categoría de “autocracia electoral en zona gris”.
¿Como llegamos a esta situación? No se necesita eliminar las elecciones para ser una dictadura moderna. El éxito de la 4T ha sido capturar el árbitro (INE) y el tribunal (Poder Judicial) de modo que, aunque la gente vote, el aparato del Estado garantiza que el resultado sea siempre favorable al oficialismo. Es una democracia de fachada.
2. El “Estado Policial” de Cuello Blanco.
En 2026, esto ha escalado a una “alta restricción” de la libertad de prensa (según la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP).
El Estado policial en México no se manifiesta necesariamente con patrullas en cada esquina, sino con el uso faccioso de las instituciones fiscales y de inteligencia.
Cuando el SAT o la UIF se convierten en los “garrotes” para silenciar la crítica, el ciudadano y el empresario aprenden que disentir tiene un costo económico y personal impagable. Ese miedo es la base de un Estado policial.
3. El Fin de la División de Poderes
Con la implementación de la Reforma Judicial, el último muro de contención ha caído. La selección de jueces y magistrados por “voto popular” , bajo el control logístico del partido oficial, ha creado un sistema donde la justicia no es ciega, sino militante.
Si el Estado decide quién es culpable bajo criterios políticos el ciudadano queda en la total indefensión. Ya no hay un tercero imparcial al cual acudir cuando el poder comete un abuso.
El escenario de mas que complicado; y la duda salta ¿Hacia dónde vamos en unos pocos años más? Si la trayectoria no cambia, el escenario para el cierre de la década (2030) apunta a un modelo de partido hegemónico similar al que México vivió en el siglo XX, pero “recargado” , con esteroides tecnológicos, mucho mas invasivo e intolerante y con un control presupuestal más agresivo.
Y ahora lo mas preocupante, el hecho de que esto sea percibido como “irreversible” para nuestra generación se debe a que el régimen ha logrado algo que el viejo PRI no pudo: legitimar el autoritarismo a través del discurso de la “justicia social”, mientras desmantela las herramientas legales que permitirían a la sociedad defenderse.
Estamos viendo el nacimiento de un régimen totalitario, y que avanza con pocos obstáculos, de manera fácil; no busca aplastar a todos, solo le basta ser omnipresente, inatacable e inapelable.
Suerte a todos.

