sábado 15 junio 2024

Neutralizar al clientelismo electoral

por Rafael Hernández Estrada

Las campañas de Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada están conscientes de que el clientelismo electoral es la herramienta principal de la elección de Estado y han tomado medidas para su neutralización. Porque, más que en las encuestas a la medida o en la deslucida campaña de su corcholata, el inquilino de Palacio Nacional deposita las esperanzas del triunfo oficialista en que le funcione el sistema de dominación clientelar, en marcha desde hace cinco años y para el que ha desviado dos billones de pesos (dos millones de millones).

No es casualidad que las encuestas pagadas con favores y contratos del gobierno (que la cohorte zalamera difunde con fruición) expresan el sueño guajiro del 65 por ciento de votos en favor de Claudia Sheinbaum, porcentaje a tiro de piedra de la mayoría calificada que permitiría al grupo en el poder hacer y deshacer con la Constitución y con todo tipo de nombramientos en los poderes federales y los órganos autónomos. Pero con una candidata carente de carisma y de discurso, incapaz de despertar pasiones políticas, sin fuerza propia y que ya en 2021 fue derrotada en la ciudad que gobernaba, la consecución del objetivo obradorista descansa casi puramente en la operación clientelar.

Para ello, las cuentas alegres de López Obrador son más o menos las siguientes: 25 millones de beneficiarios de programas sociales federales, 1 millón 750 mil empleados de la burocracia federal, 1 millón de burócratas estatales y municipales bajo gobiernos morenistas, más 320 mil efectivos del ejército, la marina armada y la Guardia Nacional. Total: 28 millones de personas “comprometidas con la transformación” (con gusto o sin él). Si éstas convencen a una más, garantizarían el triunfo del ansiado “plan c”, la consolidación del obradorato y la extensión de la impunidad para todas las tropelías de la nueva mafia del poder. Pero ¿qué tan efectiva será en los hechos esta operación de voto coaccionado?

En el libro que publiqué recientemente, en coautoría con Jesús Ortega (2024: el sufragio bajo ataque, de editorial Aguaa), dedicamos un capítulo al tema de la efectividad del clientelismo electoral. Señalamos ahí que el patronus y sus bróqueres |(AMLO y los servidores de la nación) enfrentan de por sí una dificultad para hacer cumplir a la clientela su parte del “compromiso”. Tal obstáculo es el secreto del voto, lo que explica la insistencia del gobierno para desaparecer o menoscabar al INE como el órgano garante de la libertad del sufragio.

La evidencia de tal estorbo a la intención clientelar se puso de manifiesto en la consulta de revocación de mandato, en la cual la maquinaria oficial apenas alcanzó los 15 millones de votos, cantidad muy alejada de las cuentas alegres de AMLO, así como en la elección intermedia de 2021, cuando la aplanadora morenista obtuvo menos votos que las opciones opositoras.

Además de rechazar las intentonas contra reformistas de AMLO, la oposición abanderada por Xóchitl Gálvez rebasó por la izquierda al discurso oficial cuando reivindicó una política pública para enfrentar el problema de la desigualdad social que afecta a la mitad de los mexicanos, arrebatando esta bandera al oficialismo. Junto a ello, Gálvez llamó al voto libre de la ciudadanía, incluido el de los beneficiarios de los programas sociales quienes no deben sentirse atados a ningún compromiso clientelar.

La oposición generó propuestas para prohibir el uso de celulares dentro de las casillas electorales y, ante el rechazo de la misma, generó manuales e instructivos para que el elector corrija su voto antes de depositarlo en las urnas, en el caso de que sea obligado a fotografiarlo en favor de Morena, como “requisito” para recibir apoyos asistenciales. También en tal sentido, la campaña de Xóchitl emitió mensajes para que los beneficiarios engañaran a los servidores de la nación sobre la verdadera intención de su voto, reservándose la libertad de ejercerlo en la intimidad de la mampara. 

Como dice la conseja popular, “no hay plazo que no se cumpla” y luego de la ya cercana jornada electoral se podrá evaluar la eficacia fraudulenta del clientelismo electoral planeado por López Obrador y, junto a ello, en qué grado la oposición logró descarrilarlo para defender la democracia y la libertad del sufragio.

Cincelada: La tardía respuesta que Sheinbaum dio al desplegado de los intelectuales en favor de Xóchitl Gálvez fue falaz: solo parientes, empleados y cómplices del gobierno de la llamada 4T.

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