Hace cinco años por estas fechas llamé por teléfono a Omar Raúl Martínez para expresarle mi solidaridad frente al inminente cierre definitivo de la Revista Mexicana de Comunicación, el proyecto pionero en el país en materia de análisis de medios. Lo escuché desesperado y triste porque la publicación no tenía anunciantes y porque, en esos días, circulaba un libro de Julio Scherer donde maltrata a Manuel Buendía en alguno de los capitulos, al decirle servil al poder presidencial, entre otros argumentos (es un decir), porque Buendía aceptó escribir en Excélsior cuando entonces lo dirigía el archirrival de Scherer, Regino Díaz Redondo.
La revista etcétera también, como siempre, tenía pocos recursos, aunque le encargué a Raúl un anuncio en su portal web a precios populares. Río y enseguida, como todo un profesional, me dijo las características que debía tener el banner y luego me platicó de una carta abierta que él le escribiría a Julio Scherer para expresarle su inconformidad por aquel trato aludido a Buendía, sobre la base de la admiración que el propio Raúl también sentía por el director de Proceso.
Ayer murió Omar Raúl Martínez desgarrado por el cáncer; la última vez que hablé con el fue hace casi dos meses para pedirle datos sobre la Revista Mexicana de Comunicación porque en etcétera estamos haciendo pequeñas estampas sobre las publicaciones mexicanas del siglo pasado. El profe y periodista facilitó la información e incluso nos envió copias del primer número de esa revista que nació en 1988 gracias a él, y a un grupo visionario de académicos y periodistas que en el proceso electoral más competido en la historia hasta ese momento, vieron una aceleración de los ritmos que hasta entonces tenía la transición democrática mexicana y, en esa ruta comprendieron la relevancia que tenían y tendrían los medios de comunicación en el país. Y no se equivocaron, por eso aquella revista se convirtió pronto en un referente indispensable para el estudio de los medios y la formación de periodistas, así como en todo un evento sin el que no se explica el nacimiento de las revistas Zócalo y etcétera.
Como parte de aquellos ritos a los que somos muy dados los seres humanos, veo palabras de duelo por la ausencia del analista y colega y también me fundo con éstas, las comparto todas: Omar Raúl fue un hombre sensible y bueno, perseverante como pocos y esas virtudes lo condujeron a ser un ejemplo para muchos de nosotros. Con él tuve muchas concidencias y diferencias pero nunca detallo sobre éstas últimas cuando el otro no está y él ya no está. En todo caso sí recuerdo, hace unos 17 años, una borrachera memorable en una cantina también memorable de por allá de la colonia Narvarte, aunque no tengo memoria para relatar los desfiguros.
Aquella vez al teléfono tuve una certidumbre que pocas veces nos ofrece la muerte, y es que no volvería a ver al periodista, al hombre sensible y bueno que siempre buscaba empatía con el otro y no dinamitar la conversación sino hacerla constructiva. Yo no puedo decirle, no está en mis creencias, que descanse en paz, porque estoy convencido de que al morir no hay ni descanso ni fatiga, simplemente nos reducimos a la nada, y en todo caso nos convertimos en los recuerdos de otros. Omar ahora está en mis recuerdos, y les invito a que hagan lo mismo ustedes también, ¿cómo? Leyendo este texto que él escribió, la carta abierta a Scherer que ya les mencioné. Es raro, pero así siento que Raúl está con nosotros. Y que lo abrazamos.
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