viernes 24 mayo 2024

Proceso, medio independiente y atípico

por Ernesto Villanueva

Agradezco a etcétera y a su director Marco Levario – con quien, debo decir, tengo grandes diferencias de percepción y de criterio sobre muchos temas- su hospitalidad editorial para escribir estas líneas sobre el papel de Proceso en el marco de las declaraciones que hizo a etcétera Enrique Krauze sobre el asunto. Aclaro que soy articulista de Proceso desde 1998, y a partir del 2018 mi relación con el medio se hizo todavía más cercana al fungir como abogado de CISA, la editora de Proceso. Asimismo, dejo constancia que no tengo relación con los directivos de Latinus, pero sí conozco a los propietarios del grupo empresarial que le da vida al medio y de quienes he recibido siempre las mejores atenciones.

Sin duda, Latinus es un medio nativo digital de reciente data que tiene una presencia importante en la formación de opinión pública. Con todo, las imputaciones de hecho que formula Krauze sobre la analogía de Proceso con Latinus reclaman hacer un conjunto de precisiones.

Primero. Me parece, por decir lo menos, una afirmación temeraria de Krauze al afirmar que “el noticiero de Loret en Latinus…está cumpliendo el papel que desempeñaba Proceso en la época de Echeverría o de López Portillo, de la Madrid y Salinas”. Sin desdoro de la contribución de Latinus a la vida pública, hay una enorme distancia entre este y aquel. En efecto, el caso de Proceso y su diseño institucional no puede ser más distinto, toda vez que:

a) Proceso nace en un momento histórico de gran peligro para el ejercicio independiente del periodismo creado por Don Julio Scherer García y un grupo de periodistas sin el respaldo de grupo empresarial alguno, lo que le permitió dar vida a uno de sus rasgos distintivos: “Un periodismo sin concesiones”, es decir, sin tener restricciones para ejercer el escrutinio del poder público y de los poderes fácticos sólo sujetas al interés público como piedra angular de su quehacer informativo y su contribución al derecho a la información;

b) Casi nadie lo sabe, pero es importante informar que Proceso desde su creación tuvo una legítima preocupación por sus reporteros, editores y trabajadores administrativos quienes no sólo tuvieron altos ingresos dentro del sector de los medios, sino que el 100 por ciento de las percepciones de quienes hacían Proceso era, al mismo tiempo, el sueldo base. Esto quiere decir, que las cotizaciones al IMSS, al Infonavit etcétera, se enteraron sobre el sueldo total. En la práctica tanto en el gobierno como en las empresas privadas, el sueldo cotizable al IMSS o al ISSSTE, según sea el caso, se hace en razón del citado sueldo base que, en el mejor de los casos, representa el 50% de los ingresos totales de los periodistas y en el gobierno no llega más allá del 35%, la cantidad restante se les otorga bajo el rubro de compensaciones, estímulos o primas al desempeño que son irrelevantes para efectos de calcular el monto de la jubilación. De esta suerte, la inmensa mayoría de quienes jubilaron en Proceso lo hicieron con el tope que otorga el IMSS, caso inédito en México.

c) Julio Scherer Ibarra, quien es la cabeza moral de la familia Scherer en cuanto accionistas – no los únicos por cierto, también tienen participación accionaria periodistas fundadores o sus hereder@s – de CISA, la editora de Proceso, no tuvo trato preferencial alguno a su paso por el gobierno del presidente López Obrador. Vamos, incluso fue objeto de un reportaje crítico sobre su quehacer como servidor público. ¿Qué medio haría un seguimiento crítico al hijo de su fundador y accionista si fuese servidor público? ¿Lo tratarían periodísticamente igual que a otro que no tuviera esas características? Tengo la convicción que ninguno, y esto es una muestra palmaria de que Julio Scherer Ibarra no ha tenido, no tiene y ni ha intentado tener influencia en la línea editorial de Proceso. La última palabra en los contenidos la tiene única y exclusivamente su director, Jorge Carrasco, quien ha tenido que enfrentar un complejo panorama y retos para preservar la línea editorial de Proceso, con los altos costos de diversa índole que ha debido pagar. Si Proceso se hubiese convertido en un medio de propaganda del gobierno del presidente López Obrador, seguramente tendría una gran bonanza económica, pero hubiera traicionado su propia esencia que explica su papel en la vida pública del país.

Segundo. Afirma Krauze que Proceso “había sido, por cierto, tan simpatizante de la causa de AMLO. Esa publicación se volvió crítica porque se dio de los abusos enormes en este sexenio”. De nuevo se trata de una aseveración falaz. Proceso no ha simpatizado con ningún político y su línea editorial se basa en las mejores prácticas deontológicas del ejercicio periodístico. Basta leer los ejemplares de la revista Proceso desde el inicio de la actual administración para sustentar lo que aquí sostengo. Y esa impronta periodística se ha mantenido sin cambio. El propio Krauze reconoce las críticas de Proceso a los anteriores presidentes de la República sin importar partido político porque su función es ejercer escrutinio sobre el quehacer público al margen de simpatías o antipatías personales. Ha seguido observando una línea editorial de congruencia con quien ha ocupado y ocupa cargos públicos y existan elementos de interés noticioso. Lo hizo con Felipe Calderón, con Vicente Fox, con Enrique Peña Nieto y sus antecesores del PRI simple y sencillamente porque eso espera su audiencia y es la naturaleza de este proyecto periodístico.

Tercero. De igual forma, Krauze afirma que Proceso “tuvo que reducirse a la mínima expresión digital en la que está hoy”. Los ingresos que provienen del sitio digital hoy crecientemente están teniendo una parte significativa en los ingresos de Proceso. En esa tarea, Santiago Igartúa Scherer, se ha preparado, preocupado y ocupado como editor en jefe de Proceso digital, y está a cargo de la necesaria reconversión de Proceso resultado del desarrollo de las nuevas tecnologías, la ausencia de una Ley en materia de publicidad oficial y las nuevas formas del consumo de las audiencias emergentes y aquí sí coincido con Krauze: “El gobierno asfixió a la revista del gran Julio Scherer García”. De ahí por tanto Proceso vive un periodo de reforma en su modelo de negocios original ajustado a las actuales circunstancias, pero sin cambiar un ápice el legado editorial y la forma de hacer periodismo de don Julio en el cual se mantiene una edición impresa mensual, de largo aliento, para satisfacer las necesidades editoriales de un sector no menor de su audiencia y la digital como una respuesta al entreveramiento generacional.

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