Etcétera

Ted 2

Sé que Ted no es precisamente el osito bien portado al que estamos acostumbrados. Estoy también consciente de que Ted ni es el amigo de todos los niños (¡qué bueno!), como tampoco es del agrado de todos los adultos (¡mejor todavía!). Es demasiado irreverente, borrachín, consume drogas, es pornográfico y sumamente grosero. Con todo, la propuesta de Seth MacFarlane, director de la película aquí reseñada, me resulta ingeniosa. De todas maneras, ni los niños ni los adultos de hoy son como los de antes. Hoy muy pocas cosas nos mueven y conmueven. Es un rasgo de la postmodernidad: cada quien hace lo que quiere y como se aprecia en el inicio de la película “Ted” de 2012 como también en la secuela recién estrenada en nuestro país (“Ted 2”), en palabras del narrador de ambas cintas, Patrick Stewart, “No one gives a shit!” (¡todo importa un carajo!).

Como lo comenté hace 3 años, a propósito de la primera parte de la película que en su momento comenté, estoy convencida de que Seth MacFarlane, creador de las poco convencionales “Family Guy” (Padre de familia), “American Dad!” y “The Cleveland Show”, se ha beneficiado del boom de las series animadas que, tengo que insistir, inauguró Matt Groening con “Los Simpson” y en menor medida con “Futurama.” Claro que a comparación de “Los Simpson” y de “Futurama”, con todo y que muchos espectadores consideran a ambas series como irreverentes e irrespetuosas, lo cierto es que los productos de MacFarlane toman distancia y son mucho más… “rudos”, para decirlo de alguna manera. Bart Simpson, frente al bebé Stewie de “Padre de familia” se aprecia moderado y educado (lo cual, lo sé, es difícil, pero así son los tiempos que vivimos y los dibujos animados que vemos).

Quiero decirles que fui al cine a ver “Ted 2” sin esperar gran cosa. Son muy pocas las segundas partes que pueden igualar o superar a las primeras partes (las excepciones, para mi gusto, son “El padrino 2”, “Shrek 2”, y “Superman 2” (sí, ya sé, también figura “Toy Story”, pero estarán de acuerdo conmigo en que, en éste caso, es la tercera parte la que se lleva las palmas). Y es verdad que en “Ted 2” (2015) tenemos una idea de lo que vamos a enfrentar: un oso furea de lo común, acompañado por su mejor amigo, John Bennet (Mark Wahlberg), en su nueva aventura, y que tal pareciera que no hay nada nuevo bajo el sol, pero ¡oh! ¡sorpresa!, sí lo hay.

En esta ocasión nos encontramos con un Ted un poco (muy poco) más mesurado que en aquel de 2012 que rompió todos los records de taquilla para una comedia para adultos. Aquí Ted parece sentar cabeza: se casa con la empleada del supermercado en que trabaja, Tamy Linn (Jessica Barth) y al año de casado tiene una crisis matrimonial, por lo que decide que, para resolver las cosas con su mujer, deben tener un bebé. Obviamente Ted no puede hacer bebés, por lo que la opción es buscar un donante de esperma. Y aquí es donde empieza el viacrucis para Ted, su mujer y John. Inicialmente, Ted quiere el esperma del mismísimo Flash Gordon (Sam L. Jones) pero éste se niega, porque afirma que su conteo de esperma es muy bajo. A continuación, Ted busca el esperma del guapote Tom Brady, pero todo sale mal. Es entonces cuando John se ofrece a donar su esperma y todo termina en desastre, cuando, en el hospital en que se encuentran, John y Ted provocan que un anaquel con el esperma de múltiples donantes se desplome (la alusión a las Kardashian es verdaderamente hilarante en esa escena). Por si fuera poco, la esposa de Ted, es informada por el ginecólogo que por su consumo excesivo de drogas no puede ovular.

Por lo anterior, Ted no tiene otra opción más que adoptar. Sin embargo, para poder adoptar, debe demostrar ante las autoridades que es una persona, no una “cosa” (“property”). Y aquí arranca una de las partes más interesantes de la película. Ted debe acudir ante los tribunales, con la ayuda de una abogada inexperta, Samantha Leslie Jackson (Amanda Seyfried), para demostrar que es una persona. En el primer juicio, Ted pierde, pero Samantha decide entonces recurrir a un connotado abogado defensor de los derechos civiles, Patrick Meighan (Morgan Freeman), para que se haga cargo del caso. Meighan rechaza representar a Ted por considerar que éste no ha hecho aportación alguna a la humanidad. Lo anterior provoca una crisis entre Ted y John, quien, por cierto, vive solo, tras su divorcio. En la película se explica que John se separó, desde hace seis años, de su gran amor, Lori (Mila Kunis, quien no aparece en esta secuela debido a su embarazo, en la vida real, de Ashton Kutcher, y también porque en el nuevo guión de “Ted 2” su personaje, según explicó MacFarlane a los medios, no tiene cabida). Ted toma distancia de John y se refugia en la convención Comic-Con en la que, para su mala suerte, se topa con el psicópata Donny (Giovanni Ribisi), el mismo antagonista que en la primera parte partió en dos al osito. En esta ocasión, Donny está resuelto a diseccionar al osito para copiar la “fórmula” y producir masivamente muchos “Teds” con la complicidad del propietario de la empresa “Hasbro” (corporativo que fabricó a Ted desde un inicio).

Con muchas situaciones chuscas (y otras no tanto), John y la abogada Samantha, rescatan a Ted, si bien John queda mal herido en un accidente que ocurre en la ya citada convención Comic-Con. John termina en el hospital, moribundo, ante la presencia acongojada de Ted. Todo este incidente es transmitido por los medios, y el abogado Meighan, al ver en la televisión lo sucedido, reconsidera su postura en torno al caso de Ted. Al final, como era de esperar, Meighan, en el nuevo juicio para determinar si Ted es o no una persona, gana y entonces Ted ahora sí podrá adoptar un bebé. De manera previsible, John y Samantha terminan enamorados, dadas las enormes afinidades entre ambos (el consumo de mariguana, en el primer caso por placer, en el de ella por prescripción médica) y tan tan.

Sé que Ted (la primera y la segunda partes) no son para todos los gustos. Pero en “Ted 2” vemos una trama más mesurada, sí, con el humor escatológico de MacFarlane que a muchos puede resultar ofensivo. La obsesión de MacFarlane por la mariguana y los penes merece un análisis aparte. Quitando eso, la escena que presenta a Liam Neeson en el supermercado en que trabaja Ted, comprando un cereal y mostrando una marcada paranoia (en una autoparodia de los personajes que este actor encarna en sus películas más recientes), es memorable. La secuencia en que Samantha interpreta una hermosa canción al compás de una guitarra en un terreno plagado de plantas de mariguana es, aunque Ustedes no lo crean, muy bella (y ya Seyfried nos había mostrado sus cualidades vocales en “Mamma Mia!”). También hay algunos diálogos muy sarcásticos y disfrutables (por ejemplo, cuando el abogado Meighan reprocha a Ted su conducta “a la Justin Beaver”).

En sí, en “Ted 2”, hay muchas dosis de humor negro en torno a la frivolidad del mundo en que vivimos, la otredad, el derecho a ser diferentes, los derechos humanos (y los de los peluches) y un homenaje a los musicales (la secuencia de entrada, con Ted bailando a la Marilyn Monroe, o bien a la “Padre de familia” es muy buena). Aquí Ted cuida de John (situación que invierte el sentido de la primera película), lo que habla de la irresponsabilidad que impera en los adultos de hoy y de su resistencia a dejar de ser niños y asumir responsabilidades. Un mensaje no tan velado de MacFarlane en “Ted 2” estriba no tanto en “legalizar al osito”, sino en legalizar la mariguana, en consonancia con los debates que acontecen en Estados Unidos y en otros países en estos momentos sobre el particular.

En suma, yo recomiendo ampliamente “Ted 2”, porque insisto en que, aun si la primera parte no fue de su agrado, la segunda parte los puede sorprender gratamente.

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