“Velasco: el fracaso”

“No es el ejército, ni los caballos, ni las armas los que defienden al tirano, sino (aunque cueste creerlo) cuatro o cinco hombres quienes sostienen al tirano, cuatro o cinco que mantienen al país entero en servidumbre”.

Etienne de la Boétie

 

Se viven las semanas más delicadas en la relación bilateral México-Estados Unidos por causa de la trama relacionada al estado de Sinaloa y Rubén Rocha Moya. Transcurren los días y no se tiene pista del presunto narco gobernador con licencia y ello ha provocado una tensión nunca antes vista aparejado con el embate de los Estados Unidos de América con México.

En ese contexto, han salido más cuestionamientos y miradas críticas que buscan culpables ante la penosa situación, y de la que el autor considera la mayor crisis diplomática registrada en la corta de vida de la nación; por lo menos, desde la guerra con este país a mediados del siglo XIX.

Ya está muy leído y analizado que la estrategia de la supuesta “cabeza fría” —sin bases técnicas o académicas— ha sido un total fracaso y los trascendidos desde Palacio Nacional apuntan a un sólo responsable: Roberto Velasco Álvarez.

El aparente “bateador emergente”, formado en aquellas tierras norteamericanas, durante su primera semana recibió una cantidad importante de notas periodísticas destacándolo como una especie de genio emergente y como una figura cuyas credenciales serían imprescindibles para el futuro inmediato de la nación; algo que de manera intempestiva resultó totalmente alejado de la realidad. Sus fotos de estudio, sus reportajes, su preferencia personal como cualidad desde la perspectiva de la falsa transformación, entre otros elementos, fueron elevados a propaganda para intentar mitigar el bombardeo cotidiano que vive a diario la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

La banalidad del no tan joven Velasco, en pocas semanas, ha sido prácticamente lo que lo ha llevado a ser un secretario ornamental y a quien ya le buscan un secretario adjunto que verdaderamente pueda llevar a los espacios de decisiones a las comitivas mexicanas que puedan atender tanto la crisis del fentanilo como la del TMEC.

No ha habido una sola reacción puntual de los servicios diplomáticos mexicanos que ya desde hace tiempo quedaron subyugados y sometidos a la secta-cártel del movimiento que detenta —por el momento— el poder ejecutivo mexicano. La revisión a los consulados mexicanos ha sido ineludible, ratificando las acusaciones del señor Peter Schweizer sobre un golpe invisible gestado desde —el ahora señalado— como narco partido.

Los dos grandes responsables de la crisis diplomática mexicana son Marcelo Ebrard Casaubon y Roberto Velasco Álvarez, hay que decirlo fuerte y claro. Tanto uno como otro claudicaron en sus encomiendas y hoy el país no se ve que pueda salir bien librado de las negociaciones con Estados Unidos tanto en el plano económico como en el de seguridad hemisférica. Los hechos son contundentes y sus circunstancias están comprometidas. La ambición y ensoñaciones políticas de ambos llevaron a México al peor escenario posible.

Hace unos días platicaba con una persona muy informada y me expresaba su alarma ante las causas de la inacción mexicana; mismas, que esta persona recargaba sobre otras variables o factores, pero que al final de cuentas, después de mucho reflexionar, fueron superadas por la más terrible y obvia: la estupidez humana. Sí, así tal cual, la estupidez. ¿Cómo a esta altura de la crisis se mantiene el oficialismo defendiendo una “soberanía narca”? No se comprende, sólo ellos saben el porqué; la gente sensata e inteligente no lo habrá de justificar.

Al final, el fracaso de Roberto Velasco Álvarez quedará registrado como uno de los relatos negros de la diplomacia mexicana.

Desde aquí expreso solidaridad con el Servicio Exterior Mexicano y con los funcionarios que han sido relegados y humillados por la narca transformación.

 

Bismarck Izquierdo Rodríguez

Secretario de Cultura del CEN del PRI

Twitter: @CulturaCENPRI/@bismarck_ir

Facebook: Bismarck Izquierdo

Autor

  • Es licenciado, maestro y doctorante en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde también concluyó estudios de seis lenguas extranjeras. El grado de maestría lo recibió con mención honorífica.

    En la función pública, destaca su paso como secretario particular y secretario técnico de la Secretaría de Cultura de Michoacán, así como su responsabilidad como Subdirector Ejecutivo del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INBA.

    En el ámbito partidista, fungió como Secretario de Cultura del Comité Directivo Estatal del PRI en Michoacán y desde 2021 es el secretario de cultura del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

    En el ámbito privado se dedica a las traducciones jurídicas y ha sido docente de lenguas extranjeras en diferentes instituciones.

    En su labor como editor destaca por haber participado en la edición de la colección de libros de gran formato Bicentenario, de seis tomos, publicados por el Gobierno del Estado de Michoacán para celebrar los 200 años de los Sentimientos de la Nación, el natalicio de Melchor Ocampo, el sacrificio de Mariano Matamoros, la Constitución de Apatzingán y la instauración del Supremo Tribunal de Ario de Rosales. Asimismo, desde el PRI, coordinó la reedición de la obra Morelos ante sus Jueces autoría de José Herrera Peña y una publicación sobre los constituyentes michoacanos al congreso de 1917.

    Ha sido articulista en medios locales y nacionales y publica la columna semanal Tigres de Arenapara Etcétera, Plano Informativo de Aguascalientes y Enlace 24 de Morelia.

    Se mantiene como panelista en emisiones radiales de la ciudad de Morelia.

    En el 2021 recibió el reconocimiento en la rama de la administración pública por parte de la Institución Nacional para Celebrar el Día del Abogado en su 60 aniversario.

    Desde agosto del 2024, es académico numerario de la Academia Nacional de Historia y Geografía A.C., patrocinada por la U.N.A.M.

    En mayo del 2025 publicó su primer obra: Derecho Cultural Mexicano, un acercamiento jurídico a la Secretaría de Cultura de México, editada por Ubijus y cuya presentación textual es autoría del senador Alejandro Moreno Cárdenas.

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