El día que Veracruz echó al PRI del poder

Dicho llamado, más bien una súplica por negociar impunidad para quienes desde su gobierno cometieron los latrocinios, las torturas, la persecución, los homicidios, las desapariciones que marcaron este sexenio, fue tomado como una burla por los ciudadanos. No hubo quien le tendiera la mano al mandatario, arrinconado por sus propios yerros y excesos.


Entonces, a través de un video grabado en sus oficinas, Javier Duarte pasó del “ahí muere” a las balandronadas. Amenazando, fanfarroneando y, lo insólito, quejándose de que se llame corrupta a su administración y terminando, con ello, de desmantelar la investidura que nunca supo honrar y que jamás debió recibir.


Ante la imposibilidad de obtener el inmerecido perdón, Duarte pasó a la ofensiva para blindarse contra una posible acción legal. A través del Congreso local, que aún le es afín, reformó la Constitución del Estado para retirarle el fuero al próximo gobernador, creó su propio sistema “anticorrupción” y busca dejarle de “herencia” a la próxima administración, en las figuras del Fiscal Anticorrupción y el Contralor, cuñas para “amarrar” a su sucesor e impedirle llamar a cuentas a los defraudadores del estado. Antes, ya se había nombrado al Fiscal General para un periodo de nueve años. Todos afines, algunos cómplices, del grupo político que se va el 1 de diciembre.


Medios: la borrachera del poder


No bien se confirmaba el triunfo de Miguel Ángel Yunes Linares cuando en varios medios de comunicación veracruzanos comenzaron a hacer maletas para cerrar el negocio y huir con el botín. Durante 12 años, la gran mayoría de los medios de Veracruz dejaron de lado su obligación de informar a la sociedad y se convirtieron en lastimosos remedos de sí mismos, mercaderes de la adulación y propagandistas de la difamación del adversario, a cambio de jugosos “convenios” que no eran otra cosa que “chayotes” millonarios para voltear la mirada sobre lo que en realidad sucedía en la entidad.


Algunos no se esperaron a la entrada del nuevo gobierno. Los periódicos Capital y Marcha, o el portal Radiover, anunciaron en junio el cierre. Algunos por problemas financieros que ya arrastraban y que saben no cubrirá la siguiente administración. Otros, ante la certeza de que no aguantan una auditoría sobre el dinero que, a manos llenas, recibieron de la Coordinación General de Comunicación Social cuando la encabezaron Gina Domínguez Colío y Alberto Silva Ramos, dos de los funcionarios que deben explicar lo que hicieron con los multimillonarios recursos que manejaron a discreción, sin rendir cuentas.


Terminó la borrachera fidelista de poder de los medios que, por haber sido parciales, mezquinos y abyectos, sufren ahora ante la derrota. Tienen dos vías: aprender a trabajar sin vivir del gobierno, o desaparecer.


De la alternancia a la alternativa


Sobre Miguel Ángel Yunes pesan serios señalamientos sobre una riqueza presuntamente inexplicable. También, acusaciones sobre conductas inapropiadas en su fuero personal. Ni qué decir de su pasado como secretario de Gobierno en el sexenio de Patricio Chirinos, cuando incurrió en diversos excesos contra organizaciones sociales, periodistas y adversarios políticos.


A pesar de ello, Yunes recibió el voto mayoritario de los veracruzanos, y con éste un mandato: terminar con la corrupción en la administración pública, castigar a los saqueadores y devolver a Veracruz la seguridad perdida en la docena trágica del fidelismo. No basta con haber logrado la alternancia. Veracruz necesita que el gobierno que viene sea una verdadera alternativa. Sólo tiene dos años para demostrar de qué está hecho.


Los veracruzanos dijeron “ya basta”


La votación del 5 de junio expresó sin cortapisas la respuesta de los veracruzanos a la corrupción y la inseguridad, así como su rechazo a dos meses de las campañas más sucias que se hubieran experimentado antes en Veracruz. Todo el poder del régimen lanzado contra un candidato cuya principal bandera fue la de llamar a cuentas y encarcelar a quienes, desde el gobierno, se enriquecieron mientras defraudaban al erario y endeudaban al estado a niveles gigantescos.


Millones de pesos se dilapidaron para generar lodo mediático, comprar conciencias, financiar candidatos de utilería. De nada sirvió. La cruzada de la guerra sucia fracasó estrepitosamente; quedó evidenciado, una vez más, que la desinformación no gana elecciones ni borra afrentas.


Quedó de manifiesto que más que por un proyecto político o por una persona, los veracruzanos votaron contra un régimen depredador, corrupto, sin escrúpulos, cuyos responsables ahora buscan desesperadamente salvarse de la cárcel.

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