El “Halconazo” ciudadano

Para Marco Ugarte, mi solidaridad

Antes había que cuidarse de las “fuerzas del orden”; hoy, de la “brutalidad ciudadana” representada por ciertos manifestantes.

El 10 de junio de 1971, en uno de los capítulos más oscuros de nuestra política mexicana de entonces, se reprimió una manifestación de normalistas a punta de palos por presuntos golpeadores al servicio del poder. De aquella tarde en San Cosme hay pocas imágenes, pero se rescató el trabajo de un joven fotógrafo de entonces, Armando Salgado.

En aquel contexto ser fotoperiodista era una actividad de vida o muerte en nuestro país, hoy parece que nada ha cambiado en ese sentido, salvo el origen de la violencia y los motivos de la protesta.

Hace unos días, justo en otro 10 de junio pero de 2014, en una marcha para “conmemorar” aquella represión de hace 43 años, un grupo de “anarquistas” salieron a las calles de la ciudad de México pero esta vez, además de romper vidrios, rayar paredes y robar tiendas, se les antojó golpear a los compañeros fotógrafos.

Ahora, en su irracional furia arremetieron contra un colega muy querido en el gremio, Marco Ugarte, fotoperiodista chileno de la AP, nacido en 1958 y con décadas de experiencia en estos menesteres.

Lo rodearon 30 sujetos y al menos tres de ellos lo golpearon con una patineta, un palo y un martillo, siendo esta última herramienta la que casi lo mata; él ahora está en el hospital en donde finalmente se recupera después de una operación que prácticamente le salvó el ojo izquierdo y le reconstruyó la nariz.

Marco Ugarte comenzó su carrera como fotógrafo en la revista Hoy de su país, en 1980. En 1984 ingresó a la Agence France Presse (AFP) y diez años después, ya establecido en México, empezó a colaborar con la agencia Associated Press (AP) de Estados Unidos, con la que sigue hasta la fecha desde 1994.

Sus coberturas periodísticas se enfocaron a los problemas políticos y conflictos sociales que enfrentan nuestros países en América Latina. Su cámara registró para la historia la tragedia de la dictadura chilena, las crisis políticas y movimientos armados en Perú, Bolivia, Argentina, México y otros países de la región. Es decir, si alguien ha venido acompañando este tipo de expresiones es él y sin embargo de nada valió. Al grito de “Prensa Vendida” le dieron una verdadera golpiza.

Y entonces me pregunto : ¿Qué nos pasa? ¿Quiénes son estos animales que se dicen anarquistas? ¿Cómo es posible que suceda y no se detenga a nadie? ¿En dónde está el problema? ¿Ahora no hay que cuidarse de los policías sino de los manifestantes violentos? ¿Cómo llegamos a esto?

No existe una respuesta clara, pero permítanme exponer algunas ideas:

En primer lugar estos sujetos nada tienen que ver con la esencia del anarquismo, según el cual la filosofía política que propone este pensamiento busca: “una sociedad de libertades individuales, sin autoridad o poder público, basada en la ayuda mutua y la cooperación voluntaria”. ¿En dónde dice que eso incluye golpear a periodistas o asaltar un Oxxo? ¿Por qué van encapuchados? ¿Por qué insisten algunos activistas y ONG en la absurda idea de que ir con un pasamontañas no tiene bronca? ¿Ya vieron lo que pasó? Es obvio que cualquiera que salga en bola con pasamontañas y una dosis de rencor social se sentirá estimulado para hacer cualquier cosa, y más si no hay policías a la redonda.

Y, ¿por qué no hay policías? Ah, porque también estos activistas disfrazados de sociedad civil usaron Twitter y otras redes, junto con los amigos en algunos medios, para difundir en acciones anteriores, que la policía “solo” detiene a inocentes palomitas y entonces, derivado de nuestra mala policía y la nula confianza en las autoridades, se cuestiona de entrada su participación en cualquier zafarrancho; todo esto sin tomar en cuenta que en la pasada marcha para “conmemorar” el 2 de octubre, estos mismos animales terminaron quemándoles la cara a más de tres uniformados.

Entonces tenemos el coctel perfecto, en 2012 regresó el PRI y se dio el primer pretexto para violentar una protesta, lo vimos a las afueras del Congreso, se sumaron las redes sociales y un sector radical de jóvenes marginados del desarrollo que quizá con justa razon están irritados, pero a quienes no se les ocurre otra cosa que quemar botes de basura y romper vidrios.

Luego vienen las organizaciones de la “sociedad civil” y los “medios independientes”, y le dan narrativa social a todo este tema. Se suman organizaciones de “defensa de derechos de lo que sea” y se acusa a la prensa de crear un “cerco informativo”.

Se impide regular marchas y nuestros diputados de “izquierda” en la ciudad bloquean toda iniciativa de orden. Se “criminaliza” a cualquier policía por detener a quien sea y tan-tan. En el marco de este caos pues claro que le zorrajan un martillazo en la cara a Marco y nadie se inmuta. Entonces, ¿qué nos pasó? Nada, sencillo, en este caldo de cultivo con ingredientes como la ignorancia, el odio, la desconfianza, la cobardía colectiva, la impotencia de la autoridad y otra serie de estupideces, pues ya está. Sálvese quien pueda.

¿Organizarnos? Claro, pero primero hay que desterrar vanidades, protagonismo e ignorancia enraizados en el mismo gremio. Mientras tanto Marco apenas se recupera de la golpiza que le pusieron por hacer su trabajo. Increíble.

Fotos: Armando Salgado

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