El legado de la saga “Alien” para la cultura popular

El legado Alien se integra con una serie de películas, algunas de ellas icónicas, pero es mucho más que eso; es una parte esencial de la cultura popular de nuestra época… Quizás el mejor modo de atrapar ese fenómeno es desglosar cada pieza del rompecabezas, ahora que en teoría casi está completo el paisaje.

“Alien” (Ridley Scott, 1979)

La enormísima “Alien” de Ridley Scott, obra maestra del terror y la ciencia ficción, marca un antes y un después en el cine. La mezcla de géneros, el arte visual de Scott concentrado, destilado, en una trama desnuda y escueta… pero aterradora hasta la médula.

La perfilación de los villanos modernos y posmodernos de nuestra época (la voraz empresa anónima e inhumana; el androide a bordo como herramienta de opresión y, obvio, el maligno invasor extraterrestre).

El radical replanteamiento de la alineación de cadáveres en el reparto, que le permitió a Sigourney Weaver hacer el inevitable tránsito de joven y sexy adorno a actriz principal de carácter, no en unas cuantas películas, como era usual en la industria en esos días, sino en la misma cinta.

“Alien” es una pieza clave en la historia del cine, y un indispensable de nuestra generación: decenas y decenas de filmes actuales siguen mamando de las premisas y consecuencias de este filme, fundacional como pocos.

“Aliens” (James Cameron, 1986)

“Aliens” (1986) es una secuela más enfocada en el combate abierto –con marines y toda la cosa– contra la mortífera creatura; se trata de un filme menor pero realizado con gran nivel técnico y expresivo por la entonces joven promesa del cine: Cameron quien había realizado su impresionante “Terminator” pero aún faltaba por verse lo más denso y granado de su trayectoria personal.

Es lógico pensar que Cameron no tuviese al momento de firmar “Aliens” la fuerza personal para imponer algo más allá de un estilo y un oficio, indiscutiblemente excelsos. No vemos aquí las profundidades filosóficas en “The Abyss”, o la espectacularidad y proeza técnica de su saga Terminator o de sus hitazos “Titanic” o “Avatar”.

Pero su secuela “Aliens” es sin duda alguna competente y eficaz; pese a la camisa de fuerza formal del comando armado y el tono militar del episodio; se las arregla para construir una genuina progresión del desamparo y la angustia de la indefensión humana ante las fuerzas destructivas, elemento central en la cinta original, pero aplicado ahora a un puñado de sobrevivientes (con el agravante de contar con una niña, un cobarde y un traidor en el grupo).

Tiene, obvio, algunas feas concesiones a la tribuna que desmerecen el producto final, como la lucha cuerpo a cuerpo entre Ripley y el xenomorfo, o el papel de tierna mascota de la niña en muchas secuencias; pero no son fallas decisivas… Pese a los años, “Aliens” sigue siendo la secuela más convincente de la saga.

“Alien3” (David Fincher, 1993)

Si bien obtuvo una nominación al Oscar por efectos visuales, “Alien³” realmente no fue bien recibida por la crítica ni por la taquilla. El todavía joven e inexperto Fincher se metía con una de las sagas más veneradas del cine y eso siempre es peliagudo.

La cinta de Fincher a diferencia de la de Cameron, pretende adentrarse en la pesadilla personal del personaje de Weaver (Ripley) más que en la acción bélica contra el xenomorfo, todos encerrados en una prisión espacial, bajo el formato de una especie de thriller de plaza sitiada.

Con todo, “Alien³” se ha reposicionado con el paso del tiempo; para ello ha contribuido el relativo descalabro que la saga tuvo en los siguientes capítulos, pero también la propia reconsideración de la ascendente carrera de Fincher y el reconocimiento de sus ahora obvias virtudes creativas, en sus productos iniciales.

En “Alien³”, Ripley corre a veces más peligros por parte de los internos y guardias del penal (humanos) que de la creatura que la atormenta, sí (pero también la protege)… El cierre del film es notable pues Weaver le da un tono de dramatismo al autosacrificio y una coherencia bárbara, que ni los dueños de la saga parecen tener con tanta claridad: El objetivo vital de Ripley es acabar con el xenomorfo; todo lo demás (ella incluida) es irrelevante.

“Alien: Resurrection” (Jean-Pierre Jeunet, 1997)

“Resurrection” es tal vez la más publicitada y financiada de las secuelas; hay que decir que sí había mucha expectativa y el reparto y la producción está plagado de estrellas y de dólares; Jeunet venía muy bien recomendado tras sus excelentes trabajos en “Amelie” y “Delicatessen”, pero el principal problema era hacer factible la vuelta a la vida de Ripley.

Y aunque la solución fue ingeniosa, sobrecargó de sentidos y retruécanos una premisa que resultó demasiado alambicada para una historia por lo demás rutinaria y pobre: un gobierno/empresa haciendo experimentos secretos e ilegales para integrar a sus arsenales de guerra soldados Alien domesticados y entrenados… ¡Bah!

“Alien vs. Predator”

El descrédito comercial y desgaste creativo de la cuarta parte dieron pie a una problemática saga colateral: “AVP Alien vs. Predator” (Paul W.S. Anderson, 2004) tenía el potencial de ser un desastre tan grande que además mataría ambas franquicias fílmicas. La idea, tan atractiva como impráctica, tenía el gran obstáculo de la cronología tan dispar: Depredador I y II son contemporáneas; Alien I, II, III y IV se ubican en un futuro lejano.

Además, la saga Alien sucede lejos de la Tierra (excepto por el final de la cuarta), mientras que los Depredadores usan nuestro planeta como coto privado de caza. Con tanto en juego sorprende que el proyecto se haya concretado, pero el filme se las arregla para resolver ambos dilemas con un guion efectivo y creíble, y no exento de cierta elegancia.

Y debo admitir que el resultado final, ya con el conjunto a la vista, no es tan ‘pior’: Si me apuran, hasta rivaliza en calidad con la irregular cuarta entrega de Alien, y la franquicia completa de Depredador. Una falla lamentable del filme, empero, es que no hay un buen reparto: pocos rostros conocidos y actuaciones medianas, salvo por el icónico androide Bishop de la segunda Alien (aquí, el ultra millonario Weyland).

Y pese a todo, la cinta tuvo tanto éxito que generó una secuela, “Aliens vs. Predator: Requiem” (Colin y Greg Strause, 2007), esa sí insufrible y decadente. Irónicamente, esta horrible secuela sí logró lo que la cinta original había evitado: reducir la perspectiva de futuro de ambas franquicias a un estado catatónico, por decir lo menos.

“Prometheus” (Ridley Scott, 2012)

Es entonces cuando Scott retoma la saga y se encarga de esta extraña precuela disfrazada; hay que decir en descargo del gran director que “Prometheus” nunca fue presentada o publicitada como asociada a la saga (simplemente sucedía en el universo Alien), pero cuando los alienólogos del mundo supimos que la parte principal de la historia tenía lugar en la nave del Space Jockey, el furor fue incontenible.

Momento wiki: Los Ingenieros (Engineers) son una especie ficticia de alienígenas de la saga Alien que aparecen por primera vez en “Alien” (1979); la denominación inicial que se le dio fue la de Space Jockey… Aunque no se reveló mucho sobre ellos aparte de que tuvieran algo que ver con el posible origen y/o transporte de los xenomorfos, en “Prometheus” su protagonismo es central, pasando a denominárseles como los Ingenieros. https:// es.wikipedia.org/wiki/Ingenieros_(Alien)

Sin embargo, al menos para una parte considerable de esta audiencia cautiva, la reacción adversa fue igual de impactante: “Prometheus” era una hermosa, fastuosa y sofisticada… decepción.

Más allá de sus referencias a la inmortal pieza de David Lean (“the trick, William Potter, is not minding that it hurts”), la película en efecto nos regala deslumbrantes escenas de gran belleza visual, actuaciones convincentes (una en particular, soberbia), un fastuoso guion complejo e intelectualizado… Pero muy poca sustancia. La reacción por supuesto no fue unánime; hubo un segmento considerable de alienólogos que se engancharon en esta saga colateral, a grado tal que el estudio ha previsto que la serie se extienda a tres partes.

“Alien: Covenant” (Ridley Scott, 2017)

“Covenant” es entonces la segunda parte de esta trilogía, pero ahora el vínculo con la saga Alien es explícito: no sólo está en el título y la familiar tipografía y banda sonora de los créditos iniciales, sino en la estructura misma de la narración (la tripulación, la misión, la llamada de auxilio, el misterioso planeta, los ataques de xenomorfos, las muertes sucesivas, etcétera); casi se podría leer a ratos como un refrito de la original “Alien” (muy bien hecho, cierto, pero refrito al fin y al cabo).

Sin embargo, de manera sutil pero inobjetable, también hay un cambio de énfasis y ruta, un traslado a otra historia: Alien es cada vez menos acerca de los xenomorfos y su violento instinto de supervivencia, y cada vez más sobre el androide (aquí y en “Prometheus” estelarizado soberbiamente por Michael Fassbender).

Es más, del mismo modo como el David de Fassbender en “Prometheus” se roba el show completito y eclipsa todo a su paso, algo similar se puede decir del Walter de “Covenant”. Con lo que, además, Scott integra las dos vertientes de la tradición de androides de la saga: el villanazo a lo “Alien” y el héroe estilo “Aliens”. A partir de ahora, el interés y la trama se trasladan a esta dualidad, mientras que los xenomorfos, inclusive, pierden un estatus considerable como entidades autónomas una vez que se revela en “Covenant” su verdadera naturaleza. Y ese se ha vuelto de alguna extraña y retroactiva manera el hilo conductor de la saga… Ridley Scott quiere que nos concentremos en esta reflexión:

Tal y como los androides son creaturas humanas, ¿quién nos creó a nosotros: el azar del movimiento de partículas en el universo o una ordenación inteligente? Y una vez que conocemos el origen de los xenomorfos, la saga cierra un círculo lleno de paradojas y matices que vale la pena disfrutarse, pese a ese horrendo final desgarrador que abre una gran interrogante de lo que seguirá después.

Pareciera como si la superior “Covenant” mejorase la comparativamente insatisfactoria “Prometheus”, la ha hecho más sólida y significativa… Sólo nos queda esperar la conclusión de la trilogía con la esperanza de que Scott al final logre deslumbrarnos y extasiarnos (como generalmente lo hace, hay que decirlo)

 

Autor

Scroll al inicio