El YouTube de los escritores

Chris Anderson, editor de la revista Wired, explicó detalladamente en su libro La larga cola como ciertos productos culturales que antes no resultaban rentables ahora podían serlo gracias a Internet. Mal de Altura —exitosa novela en la que Jon Krakauer cuenta su ascensión al Everest—comprobó su teoría al convertir Al filo del abismo, escrita una década antes por el escalador inglés Joe Simpson, en un imprevisto best-seller que se mantuvo durante 14 semanas consecutivas en la lista de los libros más vendidos del The New York Times, superando a Krakauer y consiguiéndole a su autor ganancias millonarias.

Sin la ayuda de librerías online como Amazon, que sugiere al lector una lista de títulos relacionados con el que se busca, Simpson sería, todavía, el autor de un libro condenado a la mesa de saldos por la falta de publicidad y el desinterés editorial.

Cuando Seth Goding regaló 125 mil copias de Unleashing the idea virus en www.ideavirus.com e impulsó la venta de los 28 mil ejemplares impresos que había lanzado poco tiempo antes sin ninguna publicidad y con poco éxito, las grandes editoriales se vieron obligadas a reconocer el inmenso cambio que había traído Internet, obligándolas a incorporar novedades a las que habían permanecido reacias; uno de los beneficiados fue el portal español “Conocer al autor” que se convirtió en un repentino éxito con miles de visitas diarias al mostrar videos de dos minutos donde escritores, conocidos o no, presentaban sus libros.

Este portal se basó en la Web inglesa “Meet the autor” (www.meettheauthor.com) a quien contactaron a través de un socio inglés. La idea, por supuesto, no era original: Truman Capote fue un experto en crear expectativa sobre sus libros hablando de ellos en reportajes televisivos y en lecturas públicas; incluso en momentos de gran tensión, como cuando terminó el borrador de A sangre fría y esperaba impacientemente que se diera la orden de ahorcar a los dos asesinos que retrataba en su libro, se dio tiempo para presentarlo ante centenares de lectores porque, como explicaría después, “un muchacho debe empujar su libro”.

Hasta la llegada de la red, ese privilegio estaba en manos de las grandes editoriales que aplicaban la ley del 20-80, que consistía en que el 20% de sus autores les otorgaban el 80% de sus beneficios económicos, concentrando los esfuerzos de gigantes como Capote, Tom Clancy o Stephen King y olvidaban en la oscuridad de sus depósitos a desconocidos como Goding y Simpson.

El gran Tomás Eloy Martínez recordó, muchos años después, como, a principios de los años sesenta, cuando él era el reportero estrella del semanario Primera Plana, conoció los inmensos depósitos de Sudamericana donde esperaban sus lectores los dos primeros volúmenes de cuentos de un todavía desconocido Julio Cortázar, cuyo nombre funcionaba como contraseña entre libreros que no se cansaban de recomendarlos con una fe del cruzado que lucha por una causa justa incluso cuando sabe que está condenado a perder ante el desinterés crónico de los lectores más tradicionales.

“Conocer al autor” (http://www.conoceralautor.com) democratizó la situación, al permitir que cualquier escritor que tenga al menos un libro publicado grabe su video a un precio ínfimo para su editorial. El clip estará en la página durante un año, lo que ofrece, según los fundadores del portal, una opción “más económica que cualquiera de las otras que contemplan a veces las editoriales dentro de sus presupuestos para la promoción de una obra”.

La mecánica es similar a la de YouTube: el visitante puede ver el video cuantas veces quiera o descargarlo gratuitamente en su máquina. Además se ofrece una página con información del autor, un resumen del título que promociona y una serie de links a librerías online donde se puede comprar la obra.

Las categorías son amplias (biografía, ciencia y conocimiento, cine, cocina, empresa, enología, historia, humor, infantil, narrativa, poesía, política, psicología, autoayuda, religión, sociología y viajes). Permiten a autores con temáticas y estilos diferentes, pertenecientes a pequeñas, medianas o grandes editoriales, convivir en igualdad de condiciones frente al visitante: todos cuentan con dos minutos para vender su material; depende de ellos hacerlo interesante.

Los primeros interesados en el proyecto fueron Rafael Reich y Fernando Marías, quienes contactaron con el sitio a través de Xabi Azpeitia de Editorial 451. Luego se unieron Clara Obligado, Almudena de Arteaga y Pedro A. González Moreno, entre otros.

Según los fundadores del sitio, los escritores disfrutan poniéndose frente a la cámara, pero al hacer la grabación en una sola toma, sin cortes ni montajes, el primer intento funciona como ensayo “para medir tiempos y perfilar el discurso” y el segundo es el definitivo que se sube a Internet.

Es interesante hacer un estudio de los videos publicados para ver como reaccionaron diferentes autores a la propuesta.

Espido Freire comenta sus libros con la eficacia y la rápidez de una presentadora profesional, introduciendo hábilmente anzuelos para atraer y atrapar al lector: para sus obras de no ficción incluye rasgos autobiográficos que causan empatía con el consumidor moderno, más interesado en conocer la vida del escritor que sus libros (el síndrome Francis Scott Fitzgerald).

En Mileuristas, Freire confiesa que, al ser “la única persona joven que trabajaba en los entornos donde yo me muevo”, temas como la vivienda, la hipoteca y los alquileres “se habían convertido en una constante de mis conversaciones”, razón por la cual quiso profundizar en el tema de los jóvenes que vivían con mil euros al mes, los famosos mileuristas; mientras en Cuando comer es un infierno (confesiones de una bulímica) aclara que “yo había padecido bulimia cuando era jovencita, cuando era adolescente, pero no sabía que había estado enferma, tampoco había recibido ningún tratamiento” y “me convencí que había sido un caso excepcional y de que ese problema ya no existía, sin embargo encontré decenas de páginas Web sobre la anorexia y en ese momento decidí que quería escribir sobre ese tema”.

Para sus libros de ficción —Soria Moría y Melocotones helados—, Freire usa frases demasiado calculadas para ser casuales. Especialmente en el premiado Melocotones helados donde remarca que ganó el premio planeta Novela y se convirtió en la ganadora más joven en obtenerlo.

Con ese comentario hábilmente colocado el lector que, al decir de Mario Vargas Llosa, se limita cada año a comprar el premio Planeta de novela, tiene las pistas necesarias para saber qué leer este verano en la playa. Fernando Marías tampoco puede evitar la tentación de usar frases de impacto —Cielo abajo es una novela épica— pero supera ese bache inicial hablando con pasión del tema central de su novela: la batalla del 6 al 7 de noviembre de 1936, cuando las tropas franquistas estuvieron a punto de tomar Madrid.

En sólo dos minutos, Marías cuenta detalles como que los corresponsales de guerra, seguros de que la ciudad caería al día siguiente, escribieron los titulares esa misma noche, asegurando que “La guerra está a punto de terminar” y construye un paralelo entre esa situación y la actualidad: “Madrid fue la primera ciudad en la historia de la humanidad que fue bombardeada en sus objetivos civiles para crear el caos y el terror entre los habitantes. Hoy esta iniciativa que se tomó allí tiene la realidad que todos conocemos”.

Entre los videos de autores poco conocidos destaca “El fin es mi principio”, las memorias de Folco Terzani sobre su padre, Tiziano, quien, tres meses antes de morir, le mandó una carta invitándolo a “sentarse bajo un gran árbol para hablar de la vida”.

Terzani hace una catarsis delante de la cámara y cuenta en forma entrecortada y conmovedora lo que significó para él ese encuentro donde su padre “no habla sólo de su vida, sino de la vida en general”, aclarando, para tranquilizar al lector, que “como un círculo que se cierra”, Tiziano “se va muy tranquilamente porque ha vivido tan rico que puede dejar todo”.

A diferencia de él, Didi Escobart en su “Curso de Glamour para principiantes” tiene en claro que la clave para promocionar un libro es remarcar aquellas palabras que causan impacto y llaman a la curiosidad. Así, con la vivacidad de un vendedor callejero, le aclara al visitante que viene a “animarles a leer, o al menos a comprar” su libro, sacándole las dudas que puede causarle el título (“no estamos hablando de un manual serio, de buenas maneras, sino de un libro de humor hiperdivertido, ácido, inteligente, femenino, moderno”), con la necesaria nota de indiscreción y escándalo para atrapar al lector poco frecuente (“yo digo los nombres y los apellidos”) y un cierre perfecto: “los animo a comprar este libro, un libro imprescindible en su biblioteca, o al menos en el revistero del cuarto del baño”.

Pedro González Moreno usa un esquema parecido al de Freire en la presentación de su novela “Los puentes rotos” contando que ganó el Noveno Premio de Manzanares, antes de dar el suficiente color local como para que un lector distraído pueda asociarlo a viejas novelas de aventuras: “el Madrid de los prostíbulos, el Madrid de las tabernas, el Madrid un poco mágico donde puede pasar cualquier cosa en las esquinas”.

Paulo Coelho, el autor más famoso del portal, aparece promocionando su novela El Zahir, lo cual no es extraño: al igual que Stephen King, (y a diferencia de otros colegas reacios a Internet y sus derivados), incorpora las nuevas tecnologías de forma natural a la inmensa maquinaria de propaganda que ya tiene detrás. King subió una novela corta a la red y aceptó que sus clientes pagaran por cada capítulo lo que consideraban justo; Coelho colgó en un blog la cuarta parte de su novela La bruja de Portobelo para recibir comentarios y sugerencias de sus lectores.

Pero, aunque uno lo imagina con la suficiente experiencia mediática para resultar entretenido, Coelho presenta su libro con tono cansino en un resumen que no dice nada atrayente, especialmente si se le compara con el desparpajo de Escobart o la emoción contenida de Terzani.

Amén de los infaltables manuales de autoayuda como Fortalece tu mente de Alberto Coto y Desarrolla una mente prodigiosa de Ramón Campayo Martínez, hay curiosidades como El siglo de Tintin de Fernando Castillo Cáceres o la biografía de Sherlock Holmes de Paul Viejo que hace algunos comentarios dudosos acerca de la gran información que introducía Conan Doyle sobre su época y la facilidad que le dieron esos datos a la hora de escribir sobre la vida del personaje.

En realidad, luego de verse obligado por sus editores a resucitar a Sherlock, al que había terminado odiando porque ocultaba el resto de su producción, Doyle escribió sus historias a desgano, introduciendo tantas contradicciones que un grupo de fans -del que formaba parte Isaac Asimov- se juntaba cada año para intentar justificar esas arbitrariedades a través de tortuosos razonamientos.

La constante visita de latinoamericanos al sitio obligó a los fundadores a replantearse la orientación original del portal, buscando darle un enfoque más iberoamericano: “es la ambición que tenemos, que sea un portal de habla hispana donde el visitante conozca autores de todos los países de la comunidad iberoamericana y que los autores tengan repercusión no sólo en sus países de origen”.

Las razones (mas allá del altruismo que puede transmitir una primera impresión) son fáciles de entender luego de leer un estudio reciente de la revista The Economist que explica que el mercado editorial en español es el segundo del mundo y “está expandiéndose a un ritmo más rápido que otros” con un potencial calculado en 6 mil millones de dólares anuales.

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