Fenomenología y psicoterapia

Ahora bien, me conviene tener presente que estos ecstasis no son iguales a los éxtasis religiosos y sexuales. No se trata que mi cliente conozca a Dios ni que goce un orgasmo durante nuestra sesión terapéutica. Ciertamente esos ejercicios podrían contener un efecto terapéutico, pero no son recomendados en las sesiones terapéuticas. No, por lo menos, si hablamos en serio. Al igual que los éxtasis religiosos y sexuales, el propuesto por la fenomenología existencial me invita a un acto de trascendencia, a un salir de mí mismo al encuentro del otro. Pero en estos ec-stasis no tiene lugar una trascender a un más allá, ubicado fuera del mundo o capaz al menos de hacerme sentir que salgo a otra dimensión, sino que constituye una entrega total al aquí y ahora mismo que me es abierto en la percepción sostenida del mundo que tengo frente a mis ojos. Este emerger de mí hacia lo otro y los otros que integra el acto de trascendencia que llamamos ec-stasis organiza un momento esencial en todo lo que hago. Mediante el ec-stasis el cliente se convierte en mi mundo y yo me transformo en el mundo del cliente durante la sesión psicoterapéutica.

Fenomenología y psicoterapia

Al menos en Husserl y Heidegger todo lo que existe cobra sentido gracias a las criaturas capaces de preguntarse a sí mismas acerca del sentido del ser. Para esos dos filósofos los motivos de los animales no integran verdaderos motivos. O los integran, pero solo subordinados a los motivos del ser humano. Para Merleau- Ponty, en cambio, existe un ser-delmundo, preconsciente y corporal, propio de la especie a la que cada criatura pertenece, que precede al ser en el mundo que, tanto en Husserl como en Heidegger, se restringe a los seres que poseen un lenguaje articulado capaz de elevarse a las preguntas esenciales de la filosofía. Sin embargo, en ambos ejercicios fenomenológicos, el de Ponty de un lado y los de Heidegger y Husserl por el otro, todo lo que existe se encuentra habitado de motivos. Pero aún podemos ir más allá. El orbe cultural, el biológico y aún el físico, para aludir a los tres niveles básicos de organización de los que habla Edgar Morin, están habitados de intención y sentido. El mundo posee sus motivos, el entorno físico y biológico también, cada sujeto los suyos y los sujetos en relación los propios. El sentido se fragua cuando los motivos del sujeto entran en contacto con los motivos de su mundo. Puede haber sincronía o diacronía entre los motivos del sujeto y los del entorno, pero siempre habrá sentido, intencionalidad, existencia significativa. Para develar la intencionalidad concreta de cada una de las sesiones terapéuticas en las que participo, no olvido que mis motivos personales están contribuyendo a constituir el sentido de la relación con mi cliente, de tal suerte que observo mis propias intervenciones y reacciones mientras observo las intervenciones y reacciones de mi cliente.

La fenomenología constituye un método de conocimiento que propone traer conciencia y claridad en el acto de conocer y en el arte de vivir: por eso puede ser de enorme provecho en la práctica psicoterapéutica. Me encuentro lejos de haber agotado aquí las formas posibles como puede tener lugar este aprovechamiento. Mi esfuerzo constituye apenas un primer acercamiento al tema, que es tan inagotable como la psique humana.

*Agradezco al psicoterapeuta Rigoberto García el estímulo prestado y los comentarios que me ofreció para la elaboración de este ensayo, particularmente su insistencia en la importancia radical que tiene la relación en la terapia psicológica.

Nota:

1En sus célebres ready-mades Marcel Duchamp convirtió objetos cualquiera en obras de arte –un urinario, una llanta de bicicleta, un ventilador de chimenea. Digamos que confirió nuevos motivos a esos objetos. Ahora son motivos de reflexión y contemplación, ya no los utilitarios originales.

 

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