A comienzos de mayo de 2001, la Suprema Corte india tuvo que intervenir para que el hambre pudiera regresar a la primera plana de la prensa. Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?
India, Pakistán y Bangladesh declararon en los últimos años que poseían un excedente de 50 millones de toneladas de alimentos. Pese a todo, entre los tres vecinos reúnen la mitad del hambre del mundo. En el mismo decenio en que se registraron los excedentes, también se multiplicaron el hambre y el desempleo. Sin embargo, pocos fueron los medios de comunicación que pensaron que la paradoja merecía ser estudiada. India, con 45 millones de toneladas de grano almacenado sin vender, tenía decenas de historias que merecían la atención de la prensa. La mayoría de ellas sigue esperando.
Desde mediados de los años 90, se produjo un gran número de suicidios de agricultores en varias regiones, particularmente en Andhra Pradesh, en el sur del país. En 1996-97, por ejemplo, en ese estado se suicidaron más de 400 agricultores porque estaban asfixiados por las deudas y eran incapaces de dar de comer a sus familias. Hubo pocos artículos informando sobre ese fenómeno, pero en todo caso ningún periódico de circulación nacional lo destacó en primera plana. Cifras recientes del gobierno demuestran que en Anantapur, uno de los distritos de Andhra, entre 1997 y 2000 se suicidaron mil 826 personas, sobre todo agricultores con pequeñas propiedades inferiores a una hectárea. Una vez más, los medios de comunicación optaron por mirar en otra dirección, permitiendo que las autoridades manipularan informes sobre las razones de esas muertes.
A fines de 2000, era evidente que India atravesaba por la peor crisis agrícola de los dos últimos decenios. Pero ni un solo periódico nacional destacó a un periodista para cubrir ese hecho crucial a tiempo completo. Poco importa si centenares de millones de indios dependen de la agricultura para vivir.
Finalmente, la Unión Popular para las Libertades Civiles (PUCL) del estado de Rajastán presentó una denuncia en nombre del interés público ante la Corte Suprema de India sobre la cuestión del hambre, destacando la paradoja que existía entre graneros colmados y estómagos vacíos. A comienzos de mayo (2001) la Corte ordenó a seis gobiernos estatales que explicaran por qué las cosas iban tan mal.
Hamburguesas y moda
Los periódicos se limitaron a informar sobre el pronunciamiento de la Corte. Pero nadie escribió sobre la crisis ni fue a hablar con los pobres sobre su miseria.
En el decenio pasado, la prensa india obsesionada por los temas más triviales dedicó enorme espacio a explicar que la floreciente clase media india por fin tenía acceso a las hamburguesas McDonalds y a las marcas más sofisticadas de la moda internacional. O a escribir sobre la proliferación de clínicas para adelgazar y concursos de belleza. Esos son temas que generan rédito publicitario, no las desagradables historias sobre gente muriendo de hambre o la falta de agua potable aun en el corazón de las grandes ciudades. Las contradicciones de India se reflejan en la prensa. Por un lado, están los grupos humanos excedidos en peso que pagan miles de rupias para adelgazar en clínicas especializadas; por el otro, hay miles de personas que mueren de hambre. Los medios de comunicación prefieren la primera parte de la realidad e ignoran la segunda.
Abundan los ejemplos de la ceguera que aflige a gran parte del periodismo del sudeste asiático. En 1991, cuando India liberó la industria automotriz, la prensa dedicó docenas de portadas a hablar de la revolución del automóvil. La gente rica compró cada vez más coches, que agregaron a los que ya poseían. Sin embargo, en 1998, había apenas cinco millones de vehículos para una población de mil millones. La prensa, en cambio, apenas se refirió al aumento de la polución, la ausencia de los servicios públicos que necesita el país para transportar a quienes nunca podrán comprar un automóvil ni a la brusca caída de las ventas de bicicletas, tradicional indicador del bienestar de las clases rurales.
A veces se publican historias que rompen el corazón lamentando la suerte de los pobres, pero los periódicos nunca establecen un vínculo entre la pobreza y las políticas que la generan.
¿Por qué hay esa falta de interés por cuestiones cruciales como la pobreza?
¿Cómo se explica la desconexión entre medios masivos de comunicación y realidad de las masas?
Durante el decenio de 1990, los medios de comunicación perdieron su carácter de foro público. Esto obedece, sobre todo, a la creciente concentración de la prensa india en manos de un reducido grupo de empresas. Siete grandes compañías controlan la totalidad de la circulación de la poderosa prensa en inglés en el país. The Times of India, por ejemplo, tiene el monopolio de los lectores en inglés en la gigantesca región de Bombay, con más de 14 millones de personas. También domina la prensa en hindi y en maharatta. The Times es claro y sin ambiguedades en su línea editorial. Los concursos de belleza tienen prioridad en las portadas. Los sui-cidios de agricultores, no. La mayoría de los otros diarios indios sigue la filosofía de The Times, que se inspira en la del australiano Rupert Murdoch, zar de la prensa anglosajona: un periódico es un negocio como cualquier otro, no un foro público.
Si Gandhi viviera
La propiedad monopólica impuso un código de valores totalmente opuesto al papel tradicional de la prensa india. Históricamente, la prensa india cubrió con seriedad los temas que hoy ignora. El periodismo indio fue hijo de la lucha por la independencia nacional. Mahatma Gandhi, Jawaharlal Nehru y otros combatientes de la libertad también fueron periodistas y editores que publicaron sus propios periódicos. Ellos y muchos otros ejercieron un periodismo radical que colocó constantemente a la defensiva al Raj británico. La prensa de los decenios de 1920, 1930 y 1940 podrá haber estado muy mal equipada y algunos podrían llamarla panfletaria, pero fue capaz de reflejar la realidad mucho mejor que los periodistas actuales.
Hoy, con raras excepciones, los periódicos indios más importantes son víctimas de las políticas empresariales: rentabilidad y publicidad no riman con noticias importantes para la sociedad. Esto se refleja en los reportajes que las empresas encargan a sus periodistas. Los artículos sobre la vida ordinaria de la gente desaparecen de la prensa a ritmo acelerado. Sin embargo, hay corresponsales a tiempo completo para cubrir moda, glamour, diseño e ¡inclusive para decirle al lector adónde ir a comer! En una sociedad donde menos de 2% de la población tiene inversiones, un diario no especializado en temas financieros tiene 11 personas dedicadas a cubrir negocios. Ninguno tiene un periodista encargado de seguir en forma permanente los temas de pobreza, desempleo o vivienda.
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Foto: Le Sheep |
Sin sorpresas, los medios de comunicación demostraron estar cada vez peor dispuestos a cubrir el proceso de desarrollo. Mientras más elitistas se vuelvan, menos capaces serán de hacer esta tarea. La ecuación es simple: cuanto más comercial es un periódico en su pertenencia o su cultura, menos espacio atribuye en sus páginas a las cuestiones de interés público.
Cuando los medios de comunicación obedecen sólo a la exigencia de multiplicar sus utilidades, es muy difícil que puedan ponerse al servicio del interés público. Acorralado por los intereses empresariales, el periodismo termina devastado. Y en un mundo ordenado por el fundamentalismo mercantil, la insinuación de que algo podría estar fundamentalmente equivocado en la economía neoliberal con globalización o privatización es una herejía. Si Gandhi estuviera vivo, sería acusado de peligroso izquierdista descabellado.
La prensa puede exigir cambios
En los años 90 se registró un rápido aumento de la desigualdad en el mundo, como demostraron los sucesivos informes de las Naciones Unidas sobre desarrollo humano. Ocasionalmente, eso puede ser publicado, pero jamás se cuestiona la filosofía social y económica ni los parámetros que generan esa desigualdad.
La prensa, cuando funciona, puede exigir cambios y a veces tiene éxito. Los gobiernos reaccionan, so-bre todo cuando la prensa habla en voz alta para hacerse oír. Basta tomar el ejemplo de los reportajes sobre las muertes por hambre ocurridas en los años 80 en Jkalahandi, Bihar, que obligaron a dos primeros ministros a visitar el lugar.
Hace décadas, comentando el sombrío papel de la prensa de Estados Unidos en un error judicial, un abogado en aquel país dijo que el periodismo había dejado de señalar la debilidad de la sociedad. Esto representa una excelente definición del objetivo mínimo que debe proponerse una prensa decente.
Es una obligación que la prensa india asume cada vez menos; pero debe tratar de hacerlo. Por lo menos hay algunos periodistas que lo creen; éstos deben hacer mayores esfuerzos para denunciar esas debilidades. Sólo entonces podremos hablar de una evolución significativa.
La prensa en la mayor democracia del mundo
A pesar de sus deficiencias, la prensa india refleja la inmensa diversidad del país con un total de 43 mil 828 publicaciones, de las cuales cuatro mil 890 son diarios. Los periódicos se publican en 18 lenguas principales, y más de 81 lenguas y dialectos secundarios. La mayoría de los periódicos utiliza el hindi, lengua nacional.
The Times of India es el principal diario del país con una circulación de más de 1.3 millones de ejemplares por día. Con 1.12 millones de ejemplares lo sigue El Malayala Manorama, publicado en malayalam, lengua que se habla en el estado de Kerala. El tercer lugar lo ocupa Gujarat Samachar, editado en gujarati, con 859 mil 015 ejemplares.
Todos esos periódicos pertenecen a editoriales que poseen numerosas publicaciones en varios idiomas. A pesar de esos tirajes siderales, sólo 12.6 % de los mil millones de indios tiene acceso a los medios de comunicación impresos.
Fuentes: Oficina de Información sobre la Prensa
(Press Information Bureau), Gobierno de India y
Asociación Mundial de Periódicos (World
Association of Newspapers), París.
Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
mcrosas@tutopia.com



