La democracia en la era digital

Las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) cada vez tienen un mayor impacto en la vida cotidiana de las personas y las comunidades. Para empezar, posibilitan que un gran número de individuos accedan y generen (des)información y se comuniquen sin límites de tiempo ni de espacio. Ello significa que las TIC constituyen una herramienta que favorece la participación de las sociedades, lo cual, al menos en teoría, podría contribuir a la consolidación o generación de prácticas más democráticas en las naciones. La idea de una democracia digital o e-democracia se erige entonces en un marco para la participación y la representatividad de los ciudadanos en los procesos electorales y más allá.

Pero ¿qué es la e-democracia? El término es la combinación de los vocablos “electrónico” y “democracia”, que se emplea para referirse al uso de las TIC en los procesos democráticos. El término apareció a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, por lo que es de nuevo cuño y, por lo mismo, no hay un consenso en torno a su significado ni alcances. En este sentido, puede denotar muchas cosas, por ejemplo, el uso de las herramientas de comunicación en los procesos democráticos; aunque también suele emplearse para ilustrar la influencia de los medios en la política de las naciones; como igualmente puede hacer referencia a los mecanismos que posibilitan el diálogo y la participación en la vida política. Existen numerosas fuentes para documentar el significado de la e-democracia, y, por citar un caso, el portal del canadiense Centre For e-Democracy refiere que su trabajo se centra en estudiar el impacto de la tecnología digital en la política y la democracia.1

Aun cuando hay diversos conceptos que buscan caracterizar a la e-democracia, en general todos ellos coinciden en la importancia de la participación de actores democráticos, trátese de gobiernos, autoridades electas, organizaciones civiles, grupos políticos, activistas y público en general que se proponen mejorar los procesos e instituciones políticas, recurriendo para ello a grupos de discusión, blogs, páginas gubernamentales en la red y otras formas adicionales de participación. El énfasis en que los actores involucrados en la e-democracia sean democráticos permite diferenciarlos de otros actores que por razones o motivaciones diversas, buscan influir en los procesos políticos para favorecer agendas antidemocráticas, autoritarias, represoras, delincuenciales, o bien las promotoras de la intolerancia, el genocidio, el terrorismo, el racismo y la discriminación. Puesto que en la red es posible encontrar información de todo tipo, ha sido importante desmarcar a la e-democracia de actores cuyas acciones presumiblemente atentan contra la democracia y sus instituciones. Con todo, esos “malhechores digitales” conviven cotidianamente con la e-democracia.

¿Cómo medir la e-democracia?

En el momento actual parece existir una obsesión en torno a indicadores para medir cualquier cosa: la seguridad, la inseguridad, el bienestar social, la pobreza, el desarrollo humano, la libertad, la felicidad, etcétera. El primer problema al que se enfrentan quienes se dedican a la elaboración de indicadores es la metodología. Este no es un tema menor: en la medición de la e-democracia, un parámetro recurrente es el número de personas conectadas o con acceso a la red en un lugar determinado. Si bien se calcula que en 2018 más de la mitad de la población mundial tiene acceso a internet (53%, o bien 4 mil 21 millones de seres humanos), este dato no permite saber bien a bien los usos que a esa conectividad dan los usuarios. Hay países donde Internet tiene una presencia casi total en la población, por ejemplo Qatar (99%), Emiratos Árabes Unidos (99%), Kuwait (98%), Bermudas (98%), Bahréin (98%), Islandia (98%), Noruega (98%), Andorra (98%), Luxemburgo (98%) y Dinamarca (97%), quienes encabezan la lista. Comparativamente, los países con la penetración más baja de Internet en sus sociedades son Corea del Norte (0.06%), Eritrea (1%), Níger (4%), Sahara Occidental (5%), Chad (5%), República Centroafricana (5%), Burundi (6%), República Democrática del Congo (6%), Guinea- issau (6%) y Madagascar (7%), quienes figuran como las naciones menos digitalizadas del planeta, todo ello a partir de los datos provistos por We Are Social y Hootsuite.2

Como se explicaba, dependiendo de la metodología, los resultados varían. La Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) –organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)– provee, en su informe denominado “Estado de la banda ancha”, cifras que difieren, al menos en parte, de las anteriormente expuestas. De entrada, la UIT explica que será hasta finales de 2019 cuando la mitad de la población mundial tendrá una conexión a Internet, si bien en otro informe correspondiente a 2015 explica que 3 mil 200 millones de personas en el planeta ya estaban, por así decirlo, “conectadas”. Cabe destacar que la UIT, al lado de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desarrollan una estrategia conjunta en la materia a través de la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, creada en 2010. Esta comisión se integra por empresas, gobiernos, agencias internacionales y otros programas especializados en temas de desarrollo. La copresiden el magnate mexicano Carlos Slim y el Presidente de Ruanda Paul Kagame. Naturalmente,el enfoque de la comisión se centra no sólo en quienes tienen acceso a la red, sino especialmente en quienes no cuentan con él. En este sentido, se han establecido diversos objetivos que se buscaría concretar para el año 2025, entre otros, que para entonces todos los países cuenten con una estrategia de banda ancha; que los servicios de banda ancha sean asequibles en los países en desarrollo, implicando una erogación inferior al 2% de los ingresos per cápita; que el índice de penetración de Internet sea del 75% en el mundo –65% en los países desarrollados y 35% en los menos adelantados–, etcétera. A la UIT y la UNESCO les preocupa el impacto que las TIC pueden tener en el desarrollo de las naciones, si bien la e-democracia es un tópico abordado de manera tangencial, por ejemplo cuando se señala que para el 2025 deberá concretarse la equidad de género en todas las metas propuestas.

Cuadro 1

Fuente: Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible (UIT-UNESCO)

A diferencia de lo planteado por We Are Social y Hootsuite, parece existir una relación más clara –a partir de la metodología empleada por la UIT y la UNESCO– entre penetración de Internet y nivel de desarrollo, puesto que los países más pobres ocupan las posiciones de mayor marginación en la red a escala global (véase el cuadro 1) en lo que se refiere a la brecha digital o digital divide, en tanto que los más desarrollados, en especial los nórdicos, destacan por contar con un acceso casi universal (véase el cuadro 2).

Con todo, tanto We Are Social y Hootsuite como la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible parecen privilegiar la información cuantitativa sobre un análisis más fino que permita conocer qué tan e-democráticos son los países que tienen más conectividad frente a los que carecen de ella. La lógica llevaría a pensar que, a mayor desarrollo, mayor democracia y que, por lo tanto, la e-democracia se encuentra más avanzada en países avanzados como los del cuadro 2. Con todo, se requieren más elementos de juicio para documentar esta aseveración.

Cuadro 2

Fuente: Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible (UIT-UNESCO)

¿Quién es más e-democrático?

El mundo virtual es uno al que muchos incursionan pensando que puede ser un orden alternativo respecto al estado de cosas imperante en el mundo real. Sin embargo, siguiendo el análisis de la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, el mundo virtual reproduce las desigualdades que aquejan al mundo real. El hecho mismo de que la gobernabilidad de Internet siga sin definirse, sobre todo entre quienes pugnan por una mayor injerencia de los gobiernos frente a las empresas de las TIC, las que, argumentando que la conectividad se vería afectada negativamente ante mayores regulaciones gubernamentales, hacen prevalecer sus intereses instrumentales particulares, es la prueba fehaciente de que la e-democracia aun tiene un largo camino por recorrer. ¿Cómo esperar entonces que florezca la e-democracia en el mundo virtual cuando de manera casi autoritaria son las empresas de las TIC, agrupadas en torno a la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), las que deciden en buena medida las reglas para la conectividad? Un asunto no menos importante es que la e-democracia no sólo se trata de conectar al mayor número posible de personas. Regresando a las cifras de We Are Social y Hootsuite: que países considerados por Freedom House –otra entidad cuya metodología es impugnada con frecuencia– como “no libres” como Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, sean los que encabecen el ranking de mayor penetración de Internet en sus sociedades resulta revelador respecto a las falsas expectativas acerca de las bondades y los beneficios de la conectividad. De esas tres naciones, Freedom House destaca su precario desempeño en materia de derechos civiles y políticos. Luego entonces, una mayor penetración de Internet no se traduce, automáticamente, en mayor e-democracia.

Los desafíos para la e-democracia

La e-democracia es una realidad pero es importante entender que sus artífices, las empresas de las TIC, tienen como fin fundamental el beneficio económico. La e-democracia les importa en términos de los consumidores potenciales con los que pueden conectar. Parece ser menos relevantes para ellas el ejercicio de la democracia y la construcción de consensos y pactos sociales para construir un mundo mejor. El reciente escándalo que involucra a Facebook por la filtración de datos confidenciales de 87 millones de usuarios de la red social más importante del mundo –cortesía de Cambridge Analytica, quien creó perfiles de votantes para influir en ellos en las elecciones estadunidenses de 2016–3 es un ejemplo de cuán lejos se está de una e-democracia al servicio de las sociedades. De hecho, hoy se sabe que Facebook sabía lo que estaba ocurriendo y trató de ocultar las filtraciones.

Fotografías / Daniel Iván

Las redes sociales son, en realidad, herramientas al servicio del mercado y son usadas por millones de personas en todo el mundo. Estas personas constituyen una masa atractiva, susceptible de manipulación por parte de las empresas de las TIC, quienes poseen datos personales de los que se apropian para fines diversos que pueden ir desde compartirlos con autoridades gubernamentales para el monitoreo de la ciudadanía, hasta su empleo con fines particulares, lo que constituye un contrasentido de la idea misma de la e-democracia. Adicionalmente, las redes sociales favorecen el individualismo, dado que son diseñadas con un algoritmo pensado para la participación personal, no colectiva, de manera que inhiben el debate informado y el involucramiento gregario de las comunidades en su conjunto.4

Súmese a ello la posibilidad de que las TIC operen en contra de la democracia, sea porque favorecen la manipulación de la información, la divulgación de noticias falsas, la creación de páginas para fomentar la intolerancia, el odio y la discriminación, etcétera. A nivel global, el monitoreo de estos problemas es apenas incipiente y recae, al menos al día de hoy, en los gobiernos, muchos de los cuales no han logrado adaptarse al vertiginoso crecimiento de la red en términos de la seguridad que ésta debería tener. En los hechos, en el mundo de hoy, la era digital está vulnerando los derechos de las personas y, por lo mismo, puede erigirse en una seria amenaza para la democracia. No ayudan la brecha digital ni el analfabetismo digital de las personas, incluyendo por supuesto a aquellas que viven en países desarrollados. Para muchos usuarios resulta verdaderamente difícil distinguir una noticia falsa de otra que no lo es. Así, la educación digital se torna crucial para evitar que los derechos humanos sean vejados. Es por ello que la filántropa Lucy Bernholtz sugiere poner en la mesa los derechos digitales de las personas, de manera que los internatutas se desenvuelvan en la red con seguridad, privacidad, pluralismo y consentimiento.5

En el mundo virtual, entre más rápido se actúe ante un desafío, mayores pérdidas se podrán evitar, o al menos se podrá gestionar el control de los daños. Este principio básico aplica, por supuesto, a la e-democracia. En la actualidad la red se ha erigido en una suerte de Big Brother, el cual conoce el comportamiento, preferencias y gustos de cada vez más seres humanos, lo que le permite a las TIC diseñar estrategias para que los usuarios consuman, opinen y se comporten como ellas lo desean. Esto significa que la e- democracia es un mito, pero con el potencial suficiente de erigirse en un atentado contra la democracia misma.


Notas:

1 The Centre for e-democracy, disponible en http://www.centreforedemocracy.com/
2 We Are Social/Hootsuite (January 29, 2018), “Digital in 2018”, disponible en https://www.slideshare.net/ wearesocial/digital-in-2018-global-overview-86860338
3 Infobae (10 de abril de 2018), “Mientras Mark Zuckerberg se prepara para testificar ante el Congreso, Facebook enfrenta una crisis de comunicación”, disponible en https://www.infobae.com/america/eeuu/2018/04/10/ mientras-mark-zuckerberg-se- repara- para-declarar-ante-elcongreso- facebook-enfrenta-una-crisis-de-comunicacion/
4 Macarena Segovia (19 de enero, 2018), “Lucy Bernholtz, experta en democracia digital: los sistemas digitales son muy vulnerables al uso para propósitos antidemocráticos”, en El Mostrador, disponible en http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/01/19/lucybernholz- experta-en-democracia-digital-los-sistemas-digitalesson- muy-vulnerables-al-uso-para- propositos-antidemocraticos/
5 Ibíd.

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