Las cartas de Obama

Desde que en 2009 llegó a la Casa Blanca, Barack Obama estableció un mecanismo para mantenerse en contacto con la realidad, que resulta innovador e interesante para cualquier político.

Diario le llegan unas 20 mil cartas y mails con peticiones y comentarios. De lunes a sábado, un grupo de funcionarios selecciona diez, que le entrega antes de terminar la jornada de trabajo. Para el Presidente verlas ya es una práctica imprescindible, esté en Washington o de viaje en Estados Unidos o el extranjero. Las cartas son de personas de todas las edades, condiciónes sociales y posturas políticas. Algunas están escritas con coraje, incluso ira, otras son enternecedoras y algunas llaman a la esperanza. El equipo responsable de la selección no las censura y envía al Presidente tanto las dirigidas al “Señor Estúpido” como al “Querido señor Presidente”.

Obama acostumbra decir que estas cartas son su íntima y cercana conexión con el sentir diario de la calle y una forma de salir de la “burbuja” que implica, se quiera o no, estar en el lugar donde ahora se encuentra. Es la manera que tiene de estar alerta al clamor ciudadano y de escuchar de manera directa, no mediada por las encuestas y asesores, a la gente común.

El periodista Eli Saslow, de The Washington Post, en su libro Ten Letters: The Stories Americans Tell Their President (First Anchor Book Editions, United States, 2011) da cuenta de este ejercicio. Todos los días, el Presidente responde a uno o dos de sus remitentes y lo hace en un texto de su puño y letra. Algunas de las cartas las lee en voz alta a su esposa y otras las reenvía a sus asesores para que conozcan el punto de vista ciudadano sobre cierta realidad o piensen cómo solucionar un problema. Él en ocasiones también se reúne a comer con algunas de las personas que le han enviado cartas.

El Presidente, en las últimas semanas, de cara a las elecciones legislativas de noviembre de 2014, ha incrementado las comidas con ciudadanos que le han escrito. En la respuesta a las cartas y en estos encuentros hay una evidente intención política que busca, de un lado, acercarse a la gente y, de otro, a través de los problemas que le presentan, posicionar temas en la agenda legislativa que le interesan y que requieren de la aprobación de los congresistas.

El autor de Ten Letters (Diez cartas) da a conocer los textos que diez personas mandaron al Presidente y la respuesta de éste. La correspondencia muestra las dificultades y el sufrimiento de un sector de los estadounidenses y revela a un Presidente que se conmueve ante esos problemas. Las personas son reales, pero el personaje central del libro son las cartas que expresan desesperación, frustración, temores, desconfianzas, angustias, miedos, valor, fuerza y esperanza, comenta Ron Reagan, periodista también de The Washington Post, quien añade que las respuestas del presidente “son decepcionantes”, pero que “sería injusto esperar demasiado de Obama, un hombre ocupado que solo puede comprometer una fracción de su tiempo a este ejercicio”. Regan reconoce que las respuestas al planteamiento de algunas de las cartas no son fáciles y pregunta: ¿Qué es lo que puede dar este ejercicio? ¿Qué es lo que se puede ofrecer a una madre cuyo hijo sirve en Afganistán? No hay mucho más que un par de líneas manuscritas y una firma. De Saslow, su compañero en el periódico, asegura que tiene una gran sensibilidad para reconocer la ternura de las historias que presenta.

Una reflexión

A todos los presidentes del mundo le llegan cartas y peticiones. En el caso de México, es un derecho constitucional, el Presidente está obligado a responder. Obama, político sensible y gran comunicador, ha sabido utilizar este mecanismo, la más de las veces rutinario y formal, de una manera creativa que le sirve a él y a la ciudadanía. Él promueve que le escriban y al conocerse que lee las cartas y responde de puño y letra a algunas de éstas, estimula a la ciudadanía a que le hagan llegar sus problemas y preocupaciones. Así, se establece un círculo virtuoso.

Otra manera que Obama utiliza para dar a conocer que está atento a las cartas que recibe, es que con frecuencia en distintas intervenciones y discursos utiliza esas historias. Esto lo acerca a la gente que ve en la comunicación del Presidente reflejadas sus preocupaciones, en la historia de otros ciudadanos como él, y revelan también a un político sensible que escucha y está preocupado por lo que le pasa y piensan sus gobernados.

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