Los Slim Media y el Proyecto Alpha

“Carlos Slim mueve a sus primeros peones”, escribimos los editores de etcétera en Twitter hace varias semanas, para registrar las primeras expresiones de apoyo al empresario, en el contexto de la discusión sobre la ley de telecomunicaciones y radiodifusión.

Ese respaldo tiene una coordinación elocuente e implica a medios de comunicación, analistas del sector e incluso legisladores que dan la sinfonía contra Televisa, TV Azteca y Telefónica, aunque en esa partitura priven los silencios sobre Telmex, Telcel y MVS-Dish, todas relacionadas con América Móvil, el consorcio de Slim. Para decirlo de otro modo, se ha creado una especie de militancia que lucha contra “los malos” gracias al respaldo del hombre más rico del mundo y, por ello, su discurso enfatiza en la predominancia de Televisa y calla sobre el monopolio de Telmex y Telcel.

Un (supuesto) periodismo sustentado en chismes

Entre los más elocuentes ejemplos de la sincronía mediática y política es cuando el semanario Proceso, habitual detonador de las ofensivas contra el consorcio de Chapultepec 18, publicó el pasado 1 de febrero un texto con la firma de Jenaro Villamil con el título “Alistan la nueva Ley Televisa”, en el que supuestamente revela una reunión entre el Presidente de la República y Emilio Azcárraga Jean donde “se cabildearon asuntos esenciales de la legislación secundaria en materia de telecomunicaciones”.

Como es habitual en Villamil, el chisme disfrazado de reportaje no tenía una sola prueba o fuente que sustentara la versión, pero ello no fue óbice para que Carmen Aristegui, conductora del noticiero matutino de MVS, le diera realce, invitara al propio reportero y con el tema hiciera girar la mesa de análisis en la que participan Denise Dresser y Lorenzo Meyer. Ese día, el programa dedicó más de 45 minutos al asunto sobre el que, contrariamente a la pluralidad que proclama la emisión, como siempre privó un solo punto de vista que al lector no le es difícil deducir y que estuvo plagado de especulaciones:

“Hay que recordar que esto no es nuevo. Parece ser que, además, en Valle de Bravo les gusta a los ejecutivos de Televisa presionar a los políticos”, dijo Villamil. “Esos señores ya tienen con la integración de (…) Televisa y TV Azteca, pues ya nada más hay un solo poder televisivo y lo que insisten es en seguir con ese poder”, aseguró Meyer, en el mismo tono sibilino.

El senador del PAN Javier Corral, pieza frecuente en estas articulaciones, se sumó a la vocería recuperando la “revelación” de Villamil como insumo básico de su columna en El Universal, periódico que también es parte de la cadena mediática de Carlos Slim.

Y como faltaban los analistas del sector, esa misma semana Aristegui entrevistó a Irene Levy, presidenta de la consultora Observatel, sobre las definiciones pendientes en materia de must carry y must offer, uno de los componentes de la reforma de telecomunicaciones que en mayor grado ha enfrentado a Dish, aliado de Telmex, con las televisoras. La opinión de Levy suele ser condescendiente con la empresa que fuera su casa durante nueve meses. Junto con Jorge Fernando Negrete, director general de Mediatelecom Policy & Law, y el académico Gabriel Sosa Plata, condujo un programa en MVS titulado “Mediatelecom: convergencia plena”. Cabe recordar que una investigación del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), citada en un reportaje de la revista Contralínea, advirtió que ambas consultoras recibieron financiamiento de Telmex.

En ese grupo de declarantes frecuentes destaca también la diputada perredista Purificación Carpinteyro, cuyo historial en el sector público deja huella de sus afinidades. Gracias a su apoyo siendo subsecretaria de la SCT, desde 2008 Telmex ha conseguido frenar el proceso para eliminar la larga distancia nacional, misma que a la telefónica le significa ingresos anuales por más de mil 900 millones de pesos. En aquel año, Carpinteyro recibió en su despacho como funcionaria una queja de Telmex ante la intención del entonces órgano regulador, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), de eliminar esos cobros. La queja quedó archivada hasta que la telefónica pudo convertirla en una afirmativa ficta a favor de sus intereses.

Ese tipo de operaciones también se despliegan en las redes sociales. Desde el momento en que se difundió la version de Jenaro Villamil, empezaron a registrarse múltiples descalificaciones a Televisa principalmente en Twitter.

Entre las cuentas que inmediatamente impulsaron la información difundida por Proceso y las cuentas controladas por Jenaro Villamil, estuvieron la de Sosa Plata, Mediatelecom, Aristegui Online y Noticias MVS. A ello se sumaron cuentas con un gran número de seguidores que están activadas permanentemente para promover ataques a Televisa y al Gobierno Federal. Algunas de ellas incluso han convertido esa agenda en el único tema de su actividad en la red social.

Para que no se enoje el patrón

Días después los editores de El Universal exhibieron al diario como parte de la coordinación mediática para minimizar las críticas a Slim. El 11 de febrero el título de la columna de Carlos Loret de Mola fue mutilado. La cabeza original era: “Slim toma el canal 22… y nadie dice nada”, cuestionaba que el ingeniero hubiera utilizado la señal del Canal 22, un medio público, para dar salida a las transmisiones, vía TV abierta, de los Juegos Olímpicos de Invierno y cumplir así con el requisito que le impuso el COI al hacerse dueño de los derechos de transmisión, esto sin que nadie levantara la voz en defensa del carácter cultural y de servicio público que debería tener el 22.

Algo muy diferente, escribió Loret de Mola, de lo que habría sucedido si Televisa hubiera firmado algún convenio con el canal cultural. El Universal acortó el título de la colaboración dejándolo solo en “Y nadie dice nada…”. El hecho se corroboró cuando medios del interior del país que publican también las colaboraciones del periodista, mantuvieron el título completo.

Frente a esa ridícula incluso, decisión censora, las piezas de Slim nada dijeron, aunque buena parte de su presencia pública se haya construido sobre la base de la supuesta defensa de la libertad de expresión.

Por si faltara otro ejemplo de medios afines al dueño de Telcel, al día siguiente, La Jornada llevó su alineamiento al espacio principal en su contraportada. Publicó que Dish, empresa que desde hace más de cinco meses había tomado las señales de televisión abierta sin la autorización correspondiente del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), ofrecería gratis los partidos del mundial de futbol. El encabezado “Dish anuncia que transmitirá gratis el Mundial de Brasil” y un balazo puntualizando que llevaría los canales de televisión abierta de Televisa y TV Azteca, lucen como elementos de la gacetilla. En otras palabras, el diario que gusta de asumirse como el medio de la izquierda, publicó un anuncio disfrazado de noticia.

Las plumas amigas del ingeniero

Un grupo de “especialistas” refuerzan la coordinación mediática pro Slim a través de columnas de opinión en distintos medios, desde donde tratan de influir en la opinión pública para cuidar los intereses de Telmex, Telcel y MVS-Dish.

Purificación Carpinteyro es un ejemplo elocuente. La diputada perredista ofrece declaraciones en el sentido de que ante la presión que ejercen los operadores del sector, es mejor que se atrase la iniciativa presidencial sobre telecomunicaciones (“Alertan por maniobra en telecom”, Reforma, 12 febrero 2014). Así se promueve la postergación de medidas regulatorias asimétricas al agente preponderante -muy probablemente América Móvil- para propiciar un mercado más competido y, con ello, servicios de mejor calidad y precio. Cecilia Soto, ex candidata presidencial, ahora columnista del Excélsior, tampoco oculta las huellas del consorcio telefónico. Como directora ejecutiva del Instituto Carso para la Educación y colaboradora de UnoTV, la ex política, que carece de experiencia en el sector telecomunicaciones, escribe frecuentemente sobre el tema.

El pasado 20 de enero Soto publicó un texto en el que explicó que la práctica internacional de obligar al agente preponderante a compartir su infraestructura telefónica en beneficio de la competencia era una medida difícil de aplicar en México. Esto porque, de acuerdo con su artículo, en Estados Unidos, Europa y Asia, la desagregación de la red se aplicó pues se trataba de redes de cobre pagadas originalmente con recursos públicos de empresas estatales que luego fueron privatizadas, mientras que en México una de las razones por las que Telmex fue privatizado fue porque el gobierno federal no podía invertir al ritmo que requería la expansión de red. La autora asegura que “80% de la red de

Telmex y su digitalización total se lograron después de la privatización con una inversión privada”, por lo que la obligación de compartir su red, no aplicaría.

En el mismo Excélsior, el pasado 11 de febrero, el periodista José Cárdenas, que también conduce un noticiario vespertino en Radio Fórmula afirma, como si de veras lo creyera, que es, “falso que Slim sea socio de la televisora (Dish)”, cuando a todos sus suscriptores se les cobra el servicio de televisión de paga en el recibo de Telmex.

La red de actores de los medios que se mueve en torno de la agenda de las empresas del segundo hombre más rico del mundo se está volviendo cada vez menos discreta. Al parecer, la inminencia de una legislación auténticamente pro competencia, está llevando a los Slim Media a mostrarse tal cual son y a dar la batalla por los intereses de Telmex a plena luz del día. Al menos, eso ya implica un paso en favor de la transparencia que tanto pregonan.

Proyecto Alpha y Proyecto Slim

El 19 de febrero, en El Financiero, Carlos Morta reveló que la relación dentre Telmex y Dish era más profunda de lo que los directivos de ambas empresas habían manifestado ante la autoridad: “Telmex amarra a Dish a través de contratos”, puso el diario en su titular principal.

El columnista del periódico detalló un memorándum del despacho Forastieri Abogados, fechado en febrero de 2012, donde resume, entre otros aspectos de una relación estrecha, la opción de compra de Telmex para adquirir Dish en 325 millones de dólares.

Sin extraños papeles de Excel ni fuentes anónimas, Carlos Mota demostró que la relación entre ambas empresas es mucho más que para facturación y cobranza, y que Telmex y Dish ocultaron a las autoridades dos contratos que comprenden aspectos tan centrales como la obligación de compra-venta del 51% de las acciones de Dish con lo que Telmex adquiría el control de la empresa, el derecho de la telefónica de Slim para auditar a la empresa de tv satelital desde 2008, recibir la información financiera que Dish entrega a los accionistas, así como la participación de ejectuvios de Telmex en el Comité de Operaciones de Dish, donde se toman decisiones revelantes como la determinación de los precios de Dish, según aceptó el propio Arturo Elías Ayub, vocero de Telmex, el 21 de febrero en entrevista radiofónica con Carmen Aristegui.

Ver solo lo que se quiere ver

Esa información, publicada también por Reporte Índigo, el jueves 20 y el viernes 21, fue motivo de más notas en otros medios, así como en las redes sociales. En éstas privó la demanda de esclarecer el contenido, alcance y consecuencias del “Proyecto Alpha”, cuyas implicaciones podrían incluso llegar, en opinión de algunos expertos, a la revocación de la concesión de Telmex, ya que su título de concesión le prohíbe participar en el mercado de televisión. Esa disposición, según la información, habría sido violentada por la telefónica bajo un esquema de simulación.

No obstante aquellas inconsistencias de Dish y Telmex, el viernes 21 el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) resolvió los lineamientos sobre el must carry y must offer, y decidió que los canales 2 y 5 de Televisa y 7 y 13 de TV Azteca, deben ser retransmitidos gratuitamente por los servicios de televisión de paga por cable y satélite, incluyendo por supuesto a Dish. Sin embargo, en el espacio de preguntas y respuestas dominó otro tema. Los reporteros cuestionaron a los comisionados sobre el escándalo del encubrimiento de información por parte de Telmex respecto a su alianza con Dish. Gabriel Contreras, comisionado presidente del IFT, aseguró que “el Instituto no cuenta dentro de sus expedientes con ningún contrato relacionado con una posible opción de compra de acciones entre Dish y Telmex”. Por su parte, el comisionado Adolfo Cuevas informó que el Instituto realizó una revisión de los expedientes que las extintas Cofetel y Cofeco le heredaron y que, en efecto, existe una inconsistencia en los contratos y convenios del “Proyecto Alpha”. Dos de los convenios del memorándum relativo al “Proyecto Alpha” “jamás fueron entregados ni en Cofeco ni en Cofetel”, aseguró Cuevas, y aclaró que ya fueron solicitados. Por eso, se informó, el IFT iniciará una investigación a fondo en relación con la alianza entre Telmex y Dish. Es decir, lo informado por el IFT confirma que Telmex y Dish han omitido entregar información a la autoridad durante más de cinco años, un tema lo suficientemente delicado como para merecer el seguimiento periodístico de los medios de comunicación.

Sin embargo, el enfoque de la cobertura durante el fin de semana fue desviado por los medios de comunicación afines a Carlos Slim, los cuales se concentraron en reportar sobre los lineamientos de must carry y must offer anunciados por el IFT pese a que éstos resultaron ser prácticamente los mismos que se conocen desde noviembre pasado cuando fueron sometidos a consulta pública.

Los medios voceros de Telmex

Fue evidente, por ejemplo, la óptica anti televisoras y pro Dish de Reforma, seguido por El Universal y La Jornada, los cuales llevaron notas en primera plana con títulos como “Somete IFT a duopolio”, “Dan revés a Televisa y Azteca” y “Resolución del Ifetel asesta golpe a Televisa y TV Azteca”, respectivamente. Por su parte, Proceso, consistente con su agenda pro Telmex, publicó la nota “La balanza se inclina hacia Dish”. Esos medios relegaron el anuncio del IFT de que investigará la relación entre Telmex y Dish. Reforma publicó solo una nota al respecto en la sección de Negocios sin hacer una sola referencia al “Proyecto Alpha”. El Universal y La Jornada apenas lo mencionaron al final de sus notas, mientras que Proceso lo abordó mañosa y sesgadamente bajo el subtítulo de “El revire de Televisa”.

El noticiero de Carmen Aristegui abrió el lunes 24 un amplio espacio para entrevistar a Peter Bauer, apoderado legal de Dish. El abogado dijo que no negaba ni confirmaba el contenido o los alcances del llamado “Proyecto Alpha”. Aún más, rechazó que tengan obligación legal de entregar los contratos faltantes. A lo insólito de la declaración de Bauer le siguió algo insólito también: el silencio de la conductora. Aristegui no preguntó más, sencillamente dejó pasar el comentario. Ante ello, cabe preguntarse si la periodista asumió como verdadera la peculiar interpretación de Bauer sobre las obligaciones legales de Dish frente los órganos reguladores o si más bien olvidó una regla básica del periodismo, que consiste en cuestionar a un entrevistado, sobre todo cuando se trata de un asunto de tal relevancia. La idea es defender los intereses de Slim, no hacer periodismo.

Vale la pena cuestionar cómo habrían reaccionado los medios pro Slim en el supuesto, por ejemplo, de que Televisa y Iusacell hubieran ocultado información a la autoridad en torno a su alianza. Conducidos por el ánimo anti televisoras seguramente le habrían dado un tratamiento de escándalo, desplegando la información en notas de primera plana, dedicando sus columnas de trascendidos e informaciones carentes de fuentes, que tan útiles les han sido para el desahogo de sus filias y fobias editoriales.

La cobertura de estos últimos días ejemplifica cómo en materia de telecomunicaciones y radiodifusión la información se mide con distinta vara, según a quien afecte o a quien beneficie. Los medios pro Slim se preparan ya para cobijar la agenda del consorcio del segundo hombre más rico del mundo en la coyuntura que surgirá de la discusión de la iniciativa de la legislación secundaria en la materia que el Ejecutivo Federal enviará al Congreso.

Los integrantes del Slim Media ya ni siquiera disimulan. Su línea editorial está comprometida con una agenda empresarial y cada día les resulta más difícil disfrazarla de periodismo. En las próximas semanas quedará al descubierto quién juega con quién, aunque es obvio que algunos ya tienen una camiseta muy bien puesta.

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