Periodismo online y plagio

Surgió así el modelo del sitio agregador definido por aquel grupo de usuarios o usuario en forma individual que tomaba notas de éste, aquél y tal vez ese otro sitio para colocarlas en uno hecho a su medida y con base en sus intereses, para después publicitarlo en la red a través de, en un principio, correo electrónico, después sistemas RSS y posteriormente, como hasta la fecha, a través de herramientas de social media.



Mucho se ha discutido sobre este modelo que permite a miles hacer negocios periodísticos sin siquiera salir de su despacho, o la sala de su casa, o quizá incluso su misma habitación. La tolerancia ha estado presente en la buena praxis: dar crédito a la información y compartir la audiencia.


Esta última práctica es probablemente la única que sostiene la, llamémosle, honorabilidad del agregador de noticias: se toma un contenido de un portal ajeno, se coloca parte de la información en el propio y al final se coloca el hipervínculo o enlace a la fuente original, de esa forma, interesamos al usuario en ese contenido, lo mantenemos en nuestro sitio el tiempo suficiente para que se registre la visita y posteriormente lo dirigimos hacia el punto de origen, donde se informará a mayor detalle y además también registrará su visita.


Es un modelo de ganar, ganar, ganar. Todos, usuario, agregador y productor del contenido, obtendrán algo.


La práctica de agregación en el Periodismo online ha permitido una dinámica enriquecedora del entorno informativo, ha propiciado incluso nuevos modelos como Blendle, un nuevo servicio de curaduría de información a la carta: el usuario paga una mensualidad, determina sus intereses, hace una selección de tópicos y medios informativos que acostumbra, y Blendle diariamente le enviará su paquete de información a la medida. Un paso más allá del modelo agregador básico.


En otro extremo de los modelos antes referidos está el plagio de contenidos y de propiedad intelectual, que encuentra en la red un espacio amplio y repleto de recursos para nutrirse, violando todo código ético y deontológico mediante la apropiación y exhibición de lo ajeno como propio y de su creación.


Dentro de la red, esta práctica no solo abreva de contenidos online, también toma de otras fuentes exteriores, incluso directas, pero con el objetivo de abonar a lo que producirá para difundir después en Internet, donde sus posibilidades de masificarse son mayores.


Esa práctica podría exhibir una notable desfachatez de parte de quien plagia el producto o roba propiedad intelectual, porque justamente esa masificación de lo expuesto online haría que el producto fuera más susceptible de detectarse.


Al parecer, ese dato no le importó al grupo de ilustradores de Pictoline, que hace un par de meses tomaron un gif (formato de intercambio de gráficos, por sus siglas en inglés) que la artista gráfica Caro Romo (corazondejaguar.com) realizó para explicar que los plátanos que conocemosactualmente son producto de la manipulación de planta por parte del hombre.


La artista se presentó a una convocatoria emitida por Pictoline para buscar nuevos colaboradores y llevó, entre otras muestras el trabajo sobre los plátanos, que puede hallarse en su sitio web (http://www.corazondejaguar.com/post/125767262927). Finalmente, Romo no se quedó en el equipo de Pictoline.


Posteriormente, Pictoline publicó un trabajo prácticamente basado en la propuesta que Romo les había presentado. La artista reclamó y la respuesta fue que no había nada que relacionara un producto con otro.


El asunto podría quedar en un plagio como cualquier otro de los cientos que seguramente ocurren todos los días en Internet, siempre y cuando Pictoline no asumiera en la definición de su quehacer o su eslogan la frase: “La información que quieres. Las noticias que necesitas”, lo que explícitamente implica una actividad periodística.


El otro caso, también de Pictoline es menos evidente, pero fue notado incluso por un menor de edad, un chico de seis años que al ver la imagen del gráfico de una “súper bacteria” dibujada por los artistas de Pictoline, inmediatamente expresó: “ese es Jake –el perro de la caricatura Adventure Time– que se convirtió en monstruo”.


La similitud entre la bacteria y el personaje de la serie que se transmite en Cartoon Network es innegable.


Un caso más es el de mott.pe que utiliza material producido por el portal de noticias Vox.com –considerado como un modelo a seguir en el Periodismo online por su línea explicativa y de contextualización de noticias– sin dar crédito tampoco, como si la información fuera propia.


Lo peor del caso es que mott.pe –que forma parte de un proyecto publicitario e informativo con el objetivo de desarrollar además “investigación educativa”, según su página de Facebook- retoma el contenido traducido de Vox.com de otro portal que se afirma periodístico denominado “NotiNerd”, que a su vez lo tomó de un post en reddit.com.


En este último caso, podría considerarse que el plagio está fuera del ámbito del Periodismo. Sin embargo, hoy día se considera ya que un usuario que utiliza la red para generar y distribuir información está llevando a cabo un ejercicio periodístico y de comunicación. El asunto es cuestionable en términos de profesionalización y este último caso sería un ejemplo del riesgo de considerar que cualquier dato similar es “periodismo”.


La publicación del plagio del plagio, en el caso de mott. pe, ha sido compartida 40 mil 600 veces, hasta el momento en el que se redactó este artículo. Eso significa que el portal de Vox.com podría haber recibido esas 40 mil visitas para sumarlas a sus estadísticas de usuarios si hubiera recibido el crédito correspondiente a través de un hipervínculo a la publicación original.


Los ejemplos expuestos son tan solo una pequeña muestra de la cultura del plagio que ha tomado su sitio dentro del nuevo entorno infocomunicacional.


Un deleznable lugar en el que el share se ha desvirtuado completamente y aporta nada a la generación y distribución de conocimiento. Es, básicamente, un cúmulo de copias ilegales surcando la red, más dañinas aún que un archivo mp3 musical sin licencia de autor.

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