Prensa y cambio político

La alternancia en el poder alcanzada en las elecciones presidenciales de 2000 no se entendería sin la actuación política -en el más amplio sentido- de la prensa mexicana. La anterior es una de las conclusiones centrales de este libro, cuyo autor ha sido colaborador de esta revista.

Se trata de una amplia investigación sobre el rol de los medios impresos en la democratización del país de 1998 a 2000. El estudio, recientemente publicado en Madrid, afirma que en aquellos años la prensa se caracterizó por su convicción de contribuir a un cambio democrático sobre la base de la legalidad. Así, diarios como Excélsior, La Jornada y Reforma fueron protagonistas. Con su estructura y línea editorial promovieron la sucesión en el poder y la construcción de la democracia, de acuerdo con la investigación.

El análisis de la producción editorial de los periódicos en esos dos años señala que defendieron el cambio pacífico y legal, y apoyaron a las instituciones y a los responsables políticos en la definición de la democracia. Políticos y académicos delimitaron la discusión sobre el cambio porque contaron con el respaldo de la prensa para influir en la agenda de opinión. Las estrategias comunicativas de los actores fueron amplificadas por la prensa. Se desarrolló, así, una discusión periodística por medio de las posturas que promovían los intereses de los distintos grupos.

Fue de esta manera como la prensa se convirtió en un espacio de discusión para resolver el conflicto político. Antes tuvieron que pasar muchos años de lucha social, política y periodística. Las discusiones entre académicos, políticos, periodistas e intelectuales ocuparon una gran parte del debate público después de las elecciones presidenciales de 1988.

En el México de entonces el régimen era fuerte, estaba sostenido por su partido (PRI) y había controlado desde 1938 todas las elecciones. Los resultados del 6 de julio de 1988 generaron en los centros de poder y en los ciudadanos una enorme desconfianza al gobierno de Carlos Salinas. En este marco surgió el debate sobre la necesidad de un nuevo marco electoral para el país. La solución implicaba reformas políticas.

El diálogo se centraba en las causas del conflicto: el fraude electoral, crítica a la gestión del gobierno, separación PRI-Gobierno, el presidencialismo y la falta de propuestas políticas. También se habló de reformas al sistema electoral, de la necesidad de construir una institución autónoma para acabar con la hegemonía de los gobiernos priistas (quienes mantenían el control de la organización, ejecución y calificación de las elecciones) que desembocara en una auténtica democracia.

Los diarios fueron importantes espacios de una lucha entre los miembros de los partidos, los académicos, los periodistas y otros sectores de la sociedad para incidir en la definición de la democracia. Este objetivo condujo a un nuevo papel político de la prensa con una línea editorial independiente capaz de promover una discusión real con el gobierno.

La resistencia de importantes medios y periodistas a replicar las opiniones oficiales condujo a que la esfera pública, controlada por el régimen político priista, se abriera poco a poco. La diversificación de temas, la pluralidad de opiniones, la incorporación de nuevos interlocutores, así como el fortalecimiento de la prensa escrita, según documenta este libro, contribuyeron al cambio democrático.

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