Réquiem por el Toreo

Hace 30 años, el 22 de diciembre de 1979, la Arena Xochimilco fue el escenario donde Mil Máscaras y Canek se enfrentaron en un mano a mano que, tras media hora de hostilidades, terminó empatado.

Hoy, 3 de diciembre de 2008, Míster Personalidad y el Príncipe Maya vuelven a encontrarse, ahora en la Arena López Mateos, para protagonizar -en sendas parejas con Dr. Wagner Jr. y Dos Caras- la lucha súper estrella de la función En memoria del Toreo: réquiem por una era.

Y cómo no iban a hacerlo, si ambos titanes contribuyeron con sus actuaciones a forjar la fama del coso que, en su momento, fuera considerado el más importante de la lucha libre en México.

De aquella lucha del 22 de diciembre de 1979, escribe Ernesto Ocampo para la sección “La crónica del pasado”, de la revista Súper Luchas (24/XI/08):
“Nunca en México había encontrado Mil Máscaras a un enemigo con tal fuerza física (…) Si iba a vencer a Canek había que disminuir su fuerza. Esquivó un golpe, le tomó el brazo y lo giró, haciendo que el tabasqueño cayera de rodillas (…) Los minutos se hicieron eternos para Canek, quien al no encontrar salida de la fuerte palanca al brazo, tuvo que rendirse”.

Para la segunda caída:
“Canek comenzó a atacar como un perro rabioso, esquivando golpes, realizando fuertes llaves y azotando al estrella internacional sin miramiento alguno. Fiel a su naturaleza ruda, comenzó a desanudarle la máscara. La amonestación del réferi y el subsecuente reclamo hicieron que Máscaras aprovechara (…) para amarrar a Canek y desanudarle también la tapa (…) De pronto, la increíble fuerza del tabasqueño comenzó a elevar los 120 kilos de Mil Máscaras, quien alcanzó a jalar la capucha desanudada (…) Confundido, el técnico se levantó con la máscara en la mano y fue descalificado”.

Ya en la tercera:
“El calor de la batalla había hecho que ambos perdieran los estribos; ya no atendían los llamados a la cordura del réferi Pompín. Finalmente, ambos cayeron abajo del ring sin dejar de golpearse. Al oficial no le quedó de otra que contar los veinte segundos de rigor, esperando que entraran en razón y volvieran al rombo de batalla. No hubo nada que hacer”.

De la lucha de esta noche, a una sola caída sin límite de tiempo, poco hay que consignar en el registro de esta añeja rivalidad que naciera en el Toreo de Cuatro Caminos. Mientras el Galeno del Mal y el Gigante Potosino echan a andar el pleito en el centro del cuadrilátero, Mil Máscaras y Canek observan desde sus esquinas. No les corre prisa.

Para cuando les llega la hora, se enfrascan en uno de esos duelos de lucha cuerpo a cuerpo, cara a cara -como en sus mejores tiempos-, de movimientos lentos pero precisos, pródiga de llaves y contrallaves.

Pero el gusto es efímero, porque en breve ambos vuelven a sus esquinas y no se enfrentan más en toda la noche: el Príncipe Maya tiene cuentas pendientes con Wagner Jr. que le urge arreglar.
Y a Míster Personalidad, con sus 66 años a cuestas, le viene mejor lucir como leyenda que sudar como estrella ante la fanaticada que se da cita en la López Mateos. Y ante las cámaras de la televisión, faltaba más, aunque sólo sean las de TVC.

Esa fanaticada que se ha dejado caer desde Naucalpan y Neza hasta Tlalnepantla, para echar porras, mentar madres y disfrutar como antaño, en el Toreo, cuando éstos y otros ídolos -los Villanos; Shu, el Guerrero; Escorpio Jr.; Súper Astro; Lady Apache; Martha Villalobos- protagonizaban auténticas gestas épicas en la cueva de lo independientes, antes, mucho antes de que la lucha libre se pusiera de moda.

Son ellos -hombres, mujeres, viejos y niños- quienes esta noche se unen al réquiem por una era. Una era de la que, a 30 años de distancia, se sienten parte. Y de la que, como nadie más, sólo ellos podrán dar cuenta.

Para cuando estas líneas sean leídas, es altamente probable que del Toreo no quede más que el logo de la terminal del metro Cuatro Caminos.

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