Saramagia

12 de febrero de 2004. Un grupo de alumnos y profesores, (entre los que se encontraba el Nobel escritor, Jorge Degetau) arribamos al ITESM campus Morelia, donde el maestro José Saramago (1922-2010) participaría en la Cátedra Alfonso Reyes, que con semanas de diferencia, logró las participaciones de personajes como Vicente Verdú y Javier Echeverría.

Esa mañana, la comunidad del ITESM se reunió con Saramago (y con Pilar del Río). En una charla previa a la comida que le ofrecerían autoridades del Instituto y el entonces gobernador, de Michoacan Lázaro Cárdenas Batel.

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Con la vehemencia que lo caracteriza (sigo escuchando sus palabras), habló de política y de religión. Recordó frases de “o evangelho segundo jesus cristo”, y convincente, dirigió algunas palabras a quien, estaba seguro, jamás le iba a contestar. Mientras, Pilar del Río lo admiraba desde la primera fi la, como si fuera la primera vez que lo escuchaba, y así, cientos de miradas más.

Al terminar su discurso hubo una breve sesión de preguntas y respuestas. Después se trasladó de la planta baja del campus al primer piso donde le ofrecerían una comida. Pilar del Río nos presentó y en ese momento me convertí en el causante de que llegara tarde a su cita.

Con su mirada fi rme, calculadora, serena y escéptica, se quedó conmigo. Ésta es parte de la conversación (publicada en marzo de 2004 por etcétera) con el ser humano, con el ciudadano del mundo, con el hombre de convicciones, con el crítico acérrimo, con el maestro y con el Nobel de literatura 1998.

Les comparto una de las frases que ese día sembró en mí: “los periodistas deben observar a través de ventanas; entre más ventanas puedan observar, más cerca estarán de comprender la realidad”.

Los organizadores habían dejado en claro que no habría entrevistas. Sin embargo, al llegar el medio día, nos invitaron a una comida privada con Saramago. Solicitamos conversar con él, y ante la mirada atónita de su pareja, Pilar del Río, aceptó hacerlo brevemente.

Maestro, en el cuento de “La Isla desconocida” el protagonista tiene en la mente la idea de llegar a un lugar con esa pasión que lo caracteriza. ¿La humanidad se dirige a algún lugar, es una isla desconocida o cómo lo visualiza?

Yo no puedo decir a dónde se dirige la humanidad, a lo mejor, en la primera conversación intelectual entre Adán y Eva, Eva seguramente ha preguntado (porque Eva es la curiosa, el hombre no tiene ninguna curiosidad, la mujer es la que quiere saber, y seguramente Eva ha preguntado), mira tú qué es lo que tú crees, tú que ya estabas aquí antes que yo llegara, ¿a dónde crees tú que vamos a ir?

Adán, que no sabía nada, seguramente inventó una historia, que es lo que el hombre hace cuando la mujer pregunta, entonces él siempre se inventa una historia para que alguien se crea que es verdad y si ella se cree que es verdad, él pasa a creer realmente que lo que ha inventado es verdad.

Yo no sé a dónde va la humanidad, no tengo la menor idea, y además tengo que decirlo, dentro de 50 años el mundo será de otra forma distinta, diferente de lo que es, que no vale la pena que pensemos, porque cuando nosotros estamos preguntando a dónde va la humanidad, lo que nos estamos preguntando es una cosa distinta, a dónde vamos nosotros, y la respuesta a esa pregunta, que es la auténtica, es nosotros no vamos a ninguna parte.
Nosotros no vamos a ninguna parte porque tenemos el límite temporal de nuestras vidas, ahí, más o menos ahí adelante, en el mejor de los casos, para muchos de nosotros podréis esperar vivir más de 60 años o más de 70 y se acabó. Y van a conocer un mundo que ahora es impensable porque no es solamente la ingeniería genética, no es solamente el clon, la ingeniería genética y todo ello, todo eso cambiará el futuro.

Umberto Eco decía, y yo creo que él tiene toda la razón del mundo, que “se presentará muy pronto un ser humano que no tiene nada que ver con nosotros o que tiene muy poco que ver con nosotros”, con valores distintos, con ideas distintas sobre el mundo y sobre la relación humana y todo eso, entonces, a dónde va la humanidad en el límite, tiene límite, ahí sí eso puedo yo contestarlo.

En el centro de la galaxia hay un agujero negro y alrededor la materia estelar, las estrellas y todo eso, va rodando, rodando y rodando hasta ser absorbido por el agujero negro, el agujero negro (podrán explicarlo mejor los físicos con mayor rigor científico que la improvisación que yo dijera ahora aquí), la propia luz no puede escapar al agujero negro, se queda ahí la luz. Entonces toda la galaxia acabará ahí, nuestro sistema solar acabara así, ese es el límite. Entonces se acabó todo, se acabó Morelia, se acabó Monterrey, nosotros no porque ya nos hemos acabado antes.

Es decir, la finitud, el final, el acabose, el se acabó, ahí está, pero mientras, lo que nos importa no es a dónde vamos, a dónde va la humanidad, lo que debe importarnos es lo que estamos haciendo ahora, y además hay que tomar en cuenta esto, a la humanidad del siglo XXIII, puede importarle un pepino lo que estamos diciendo aquí, nuestros ideales, lo que creemos que es bueno y todo eso, para ellos es poco. Entonces, la única cosa que podemos hacer aquí, cuando podemos influir, es ahora, dejemos el mañana en paz porque el mañana no nos pertenece, lo que nos pertenece es el día de hoy, es ahora, y si queremos tener un mañana mejor, si no lo preparamos hoy, no lo tendremos mañana. Esta es la sabiduría del sentido común, que algunas veces no sirve pero otras veces sí.

La dictadura de Antonio Oliveira Salazar permeó a los medios de comunicación lusitanos, ¿cómo vivió esa experiencia José Saramago desde el Diario Noticias?

Yo fui director del Diario Noticias en el año de 1975, ya después de la revolución. Antes había tenido una experiencia en los años de 1972 y 1973, no con Salazar sino con el político llamado Marcel Caetan, es decir, algunos movimientos de las fuerzas armadas, de los capitanes y todo eso. Entonces fueron dos años muy importantes en ese periódico. Era un periódico de la tarde, un vespertino que se llamaba Diario de Lisboa y ahí efectivamente con la censura que había y todo eso, ha sido realmente, digamos importante desde dos formas distintas.

Una en el último tiempo, en el último despertar de la dictadura, y la otra, en el entusiasmo de la revolución. Buenos, en el fondo yo no he sido el elemento de lo que se llama un periodista, porque el periodista hace entrevistas, hace reportajes y yo no hice nunca nada de eso, es decir, yo he sido editorialista en el Diario de Lisboa y director en el Diario Noticias, por lo tanto es una experiencia muy limitada a las funciones que entonces he desempeñado.

¿Algo de esa labor en los diferentes diarios influyó en su literatura?

Creo que no, aunque es cierto que yo tengo una obra de teatro que se llama La noche y que es la noche del 23 al 24 de abril de 1974, es decir, cuando se manifiesta la revolución y es una obra de teatro que describe las tensiones en el interior de la redacción de un periódico y por tanto, unos esperando que la revolución triunfara y otros decían que fracasara, por tanto, hubo un momento de paz, entre una situación y otra. Pero más que eso, no.

En el campo de refugiados de Jenin se han cometido atrocidades que han sido comparadas con el campo de concentración de Aushwitz. Periodistas europeos han tomado fotografías de lo que ahí ha sucedido y usted ha tomado posición al respecto. ¿Los medios de comunicación han logrado hacer algo realmente significativo al publicar esas noticias?

Creo que sí. En el caso concreto de Israel y de los palestinos y todo eso, si no fueran los medios y si no fuera uno, realmente hay que reconocerlo, hay una cierta preocupación de objetividad por parte, no de todos los medios pero de muchos, que no se dejan llevar por la propaganda israelí, que efectivamente mantienen una objetividad que nos permite, a pesar de todo, tener una idea bastante ajustada a la realidad de lo que realmente está pasando ahí.

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