
Por hoy, soy color
Creo que por fin, he hallado el prisma perdido; tantas veces confundido en pigmentos de un espectro anterior, permito su color tome por asalto cada fibra de la figura física a la que pertenezco, que los huesos abandonen el cyan

Creo que por fin, he hallado el prisma perdido; tantas veces confundido en pigmentos de un espectro anterior, permito su color tome por asalto cada fibra de la figura física a la que pertenezco, que los huesos abandonen el cyan

En aquel cuarto entraba la luz por breves instantes, pocos segundos en que el calor gobernaba a los espíritus que solían asechar escondidos detrás de viejas pinturas y empolvadas esculturas, había que estar atento para recibirle desnuda, apenas etílica, limpiando

¿En donde se me habrá extraviado la vieja manía de andar al revés? A veces creo que se me quedó en algún parque de Buenos Aires, que lo tiré a la basura sin darme cuenta en algún cesto de Bogotá.

Recorro una y otra vez los caminos que me han conducido a ti, a este sitio lejano al asfalto, los edificios y toda la poesía que aquí no he podido escribirte, me he dejado guiar por el alma tuya, la

Hay un nido en el techo del carro, frágil con su apuesta de retoño reposa esperando el nacimiento de Venus. ¡Que mala suerte la de la vida! Sin haber comenzado inicia su movimiento y aquel nido, es ahora burlonas ramas

El cielo aquí es azul pastel, la intensidad de su velo suele consumir el rastro del invierno cruel y deja entre sus nubes permiso para que se abra la tierra, mirando al astro madre. El cielo aquí, abandona en su

Tanto tiempo flotando por encima de los rascacielos han traído consigo los restos llameantes del retoño jamás nacido, me bajo del aeroplano y no están sus cabellos, nunca volveré a verle, pero llevo tatuadas las tortugas en el pecho.

En ocasiones miradas se visten de lutos propietarios de silencios que trascienden el regreso. Por eso fotografío el recuerdo, a ver si ahí permanece el chispazo de una mirada que por más que la busco, permanece extraviada entre las prisas

Si me pongo a enumerar los interminables multifamiliares de esta ciudad caída, podría hablar de los imposibles soñados. Concreto ausente de melodía, invade con luces de neón la persecución de mi retrato, obligado a la recriminación parto a otros territorios,

Entre temblores el anciano da un paso, dando sus restantes fuerzas para seguir andando, día tras día, paso tras paso. Los días gloriosos han partido, de ellos solamente queda el recuerdo y permanentes temblores, que no lo dejan andar. Mañana