Juan Ignacio Vázquez: “Todas las cosas estarán conectadas a Internet”

Entrevista a Juan Ignacio Vázquez

Video con la entrevista completa al final del texto.

¿Cuál es tu primer acercamiento a estos temas?

Yo empecé a hacer mi tesis doctoral en 2002, y ya lo que más me atraía eran los objetos o productos conectados. El poder hacer todo mucho más inteligente. Muchas veces hablo del efecto Disney, que los objetos inanimados adquieren vida. Antes era ciencia ficción, pero ahora muchos de los productos que nos rodean tienen esas características.

Me acuerdo que en 2006 hice un paraguas conectado a Internet, que te avisaba si llovería, y te lo decía de viva voz. Tenía un sintetizador de voz incorporado, conectaba a la predicción del tiempo en Internet y la interpretaba. Y también un tiesto inteligente que te decía si tenías que regar la planta en ese momento porque la tierra estaba seca. Entonces hice la tesis doctoral basada en varios productos inteligentes, de los muchos que ahora tenemos en el mercado, pero que entonces eran conceptos.

¿Cómo definirías el Internet de las cosas?

Podríamos decir que el Internet de las cosas es una red global de objetos. Productos físicos que están conectados a Internet e intercambian información entre ellos con otros servicios de Internet, y en muchos casos se comunican con personas. Es decir, en el caso del paraguas, accede a un servicio de Internet, que es la predicción del tiempo que luego le presta un servicio a una persona. O un sistema de seguridad en mi hogar que si detecta una entrada a una hora que no es la habitual, puede, a través de Internet, enviarme una alerta en una aplicación de mi móvil.

Lo estamos viendo como un todo conectado. Es muy interesante, aunque no tenemos muchos ejemplos precisamente porque cada fabricante intenta cerrar su campo. Pero que los objetos hablen entre sí siempre con el objetivo de crear un ambiente mejor para el usuario… Por ejemplo en una problemática: que un usuario se ha caído y está inconsciente en el suelo. Los diversos usarios lo pueden detectar, no porque uno lo hace, sino por una unanimidad entre ellos. Sería una aspecto muy interesante, pero en este momento no hay estándares de interconexión suficientemente avanzados como para que los dispositivos tengan un lenguaje común y estén de acuerdo.

Ya alguna vez has dicho que el concepto mágico está presente desde la antigüedad pero ahora se materializa por su tamaño y precio.

Efectivamente, está presente siempre en la humanidad. Siempre ha habido objetos que han sido más inteligentes que algunas personas o que dotaban de poderes o inteligencia a las personas. Esa magia, ahora gracias a la tecnología, se hace realidad; muchas veces yo hablo del espejo mágico de Blanca Nieves, que ahora es el smartphone. Le hacemos preguntas, de viva voz nos responde. No nos damos cuenta de esa similitud porque lo hemos asumido de una manera muy gradual, muy sencilla. Al igual con las escobas que barrían solas, tenemos ahora escobas barredoras automáticas. Vamos a tener dentro de poco vehículos que nos lleven también de un lado a otro sin que tengamos que conducirlos.

La ciencia ficción deja de serlo cuando la tecnología consigue llegar a ese punto de ficción. Pero qué duda cabe que si enseñásemos un smartphone a una persona o un ciudadano de hace 20 ó 25 años, le parecería increíble. De hecho, hay muchos testimonios de que cuando salió iPhone, el primero de los smartphones “mágicos”, cuando lo compraba un padre de familia y un niño lo cogía, le decía “por favor déjame otra vez el teléfono mágico ese que tenías”. También es “mágico” el darle al interruptor y encender la luz para alguien de hace 200 años, pero cuando ya nos habituamos a ello, deja de ser “mágico”.

Edición: Edson Caballero

Hay quien afirma que entre más inteligente es la tecnología, menos inteligentes somos nosotros. No nos sabemos los números telefónicos ni las direcciones. Mañana la sombrilla nos va a decir que debemos llevarla. ¿Nos volveremos perezosos o dedicaremos nuestra inteligencia a otras cosas?

Creo que esa es la clave, vamos a tener que dedicar la inteligencia a otras cosas, y por otra parte, muchos de los objetos van a hacer que nosotros seamos más inteligentes o que lo parezcamos. Un ejemplo es el de las cámaras incorporadas al teléfono móvil. Igual no tenemos idea de cómo hacer fotos, pero como la cámara ajusta automáticamente el enfoque, además hace flash o no hace flash, luego le puedo aplicar un filtro y hago una foto que es de profesional, esa foto luego la comparto y yo soy el fotógrafo en el fondo, solo que es el teléfono el que me ha hecho a mí inteligente y me ha dado todos esos poderes. Yo creo que esos productos van a hacer también muchas de las tareas que nosotros hacemos, pero que serán posiblemente tareas rutinarias con lo cual podamos dedicar más tiempo a las que sí nos aportan valor. No voy a conducir el coche porque va a conducir solo. Además se va a conectar a Internet para ver cómo son los niveles de tráfico para ir por la ruta menos congestionada. Ese tiempo que voy dentro del vehículo lo voy a poder dedicar a hablar con mi familia. Por ejemplo: no llegué a casa a tiempo para leerle el cuento al niño, pues igual se lo leo a través de videoconferencia. Yo creo que hay un enorme potencial para fomentar las relaciones humanas.

Muchas de las funciones que hacen estos aparatos inteligentes se podrían hacer sin Internet. ¿Por qué el Internet de las cosas? ¿Que hace tan especial su intervención?

Internet tiene una capacidad importante de inteligencia ya de por sí. Un objeto puede tener deteminado procesador para ser inteligente, pero en Internet hay muchísimas máquinas al paralelo que pueden analizar los datos y compararlos con otras fuentes de información. Es decir, el objeto que yo tengo, la pulsera que llevo, va analizar mi consumo calórico, pero cuando lo llevo a Internet se puede contextualizar con mucha más información, se puede comparar con el consumo calórico que suelo hacer diariamente para saber si el de hoy es mayor o menor.

También es muy importante cuando hablamos de ciudades inteligentes y sensores en las ciudades. Ahí cada sensor realmente no tiene inteligencia, es la inteligencia colectiva de todos ellos lo que hace que la ciudad sea inteligente. Muy parecido a un hormiguero: cada hormiga individual no es que sea inteligente, pero todas forman una comunidad, una casi mente compartida, que la dota de inteligencia. Como Wikipedia, que resulta de las contribuciones de muchas fuentes de información. Lo que da valor a Internet es esa relación de datos de múltiples fuentes, que cuando se cruzan crean realmente un análisis de la situación inteligente y una percepción de cómo ayudar.

¿Y qué pasa con la basura tecnológica? Ahora, con tantos avances, los aparatos van siendo desechables, de hecho ahora caducan rápidamente, ¿qué pasa con eso?

Creo que aquellos objetos que realmente proporcionan valor a las personas van a sobrevivir. Otros están más vinculados al consumo, los compramos, pagamos por ellos y el numero de usos no los amortizamos en su costo. Son muchas veces regalos de moda. Tengo dudas de que realmente vayan

a mejorar la vida de las personas o a potenciar sus capacidades, aunque eso sí, son muy cool, uno los va a comprar, pero posiblemente morirán.

¿Como cuáles?

Yo creo que hay muchos, modelos de los smartwatches que tienen inteligencia, pero una autonomía de batería de uno, dos días, tres días. Yo no me puedo permitir tener que cargar cada dos-tres días el reloj porque en vez de resolver un problema me crea uno que yo no tenía. Cuando se habla de productos inteligentes: zapatos inteligentes, ropa, yo no puedo decir: tengo que cargar hoy la silla o tengo que cargar mis zapatos. Algunos productos para un primer, segundo, tercer uso son muy divertidos, pero no se sostienen en el tiempo desde un punto de vista de atención del usuario. Es un producto cool, la moda, lo compramos, lo enseñamos, lo utilizamos dos-tres veces, pero luego se queda en la repisa.

¿Estamos preparados para que hasta nuestra forma de sentarnos y cuántas horas pasamos en la misma posición, sea del dominio público? ¿Cuál es el riesgo?

Es muy interesante y se está analizando ahora realmente cómo van a ser todos los aspectos de privacidad. Si las perso-nas van a tener que dar su consentimiento, si tenemos que saber a dónde van esos datos, quién los va a utilizar, con qué propósito. Si es un propósito que a mí me interese y me va a beneficiar, entonces permito que lo utilice, si no, no. Hay un debate enorme. Yo creo que un usuario siempre debe tener el control de todo y de cómo se va a manejar la información, y decidir también qué usos se le quiere dar. Si la silla va a monitorizar cómo es mi postura para luego proporcionarme un análisis de la información y hacer recomendaciones que alivien esos problemas de espalda que suelo tener, yo voy a permitir que se dé esa información con ese objetivo, que no sea pública, los gestionará la empresa con quien contraté el servicio igual a la que nos proporciona el de correo electrónico, nos da el servicio, pero no hace público nuestros correos.

Pero hoy sabemos que esto se viola fácilmente, ¿no?

Sí, si hay sistemas que hacen que la información no esté debidamente protegida, es posible que los consumidores no confíen más en esa empresa. Por eso Google y muchas otras sufren ataques que liberan datos, pero todas tienden a cuidar mucho ese aspecto porque cuando el consumidor perciba que no tienen seguridad en sus datos, es posible que esa empresa tenga una pérdida de muerte.

Un problema que posiblemente pudiéramos tener es que como va a haber muchos objetos conectados a Internet, de muchas empresas diferentes que antes fabricaban objetos físicos y no están acostumbrados a un modelo de servicios de Internet -antes fabricaban sillas, ahora fabrica sillas sensorisadas-, van a tener que cuidar mucho cómo despliegan sus sistemas, precisamente para incorporar todas las protecciones que hasta ahora no eran parte de su modelo de negocio ni de su trabajo habitual. También le benefician porque en lugar de vender solo sillas va a vender un servicio de protección de salud, por lo cual va a cobrar 20 euros ó 20 dólares al año, que es un ingreso recurrente que antes no tenía. Eso implica un cambio en la concepción en los bienes, un cambio también en su personal, en su perfil, en cómo aborda al mercado.

En tu texto publicado en C@MBIO, mencionas que: “una persona en el ejercicio de su derecho pueda decidir desconectarse”, pero acotas: “Obviamente, hay aspectos relativos en la seguridad nacional, que hacen que siempre exista un determinado nivel de supervisión, pero la existencia del texto alude a que habrá tantos objetos monitorizándonos que puede que incluso no seamos consientes de los mismos como para poder ejercer nuestro derecho de modo apropiado”. ¿Esto no es muy peligroso para nuestra intimidad?

Sí, de hecho es uno de los aspectos que se está trabajando dentro de las agencias de protección de datos nacionales. Hasta ahora casi siempre éramos conscientes de cuándo se recogía información sobre nosotros o teníamos que hacer un tipo de actividad explícita para que se recogiera esa información. Sin embargo, es posible, bueno ahora ya pasa, porque vivimos en una ciudad donde hay cámaras que nos vigilan, que recogen nuestros datos cuando entramos en muchas tiendas, hay sensores que cuentan las personas que entran y las que salen, es información anónima, esa información no afecta nuestra privacidad.

Se está discutiendo sobre diferentes modelos de privacidad. Por ejemplo, cuando tenemos electrodomésticos en nuestra casa que están conectados a Internet, hasta qué punto esos datos de mi uso de electrodomésticos los quiero ceder al fabricante para que me pueda dar un servicio adicional. Por ejemplo, quiero ceder los datos de cuánto cocino con mi horno para que ellos sepan cómo lo utilizo y puedan saber más o menos el tipo de mantenimiento que me pueden dar gratuito. Pero también toda esa información del tipo de productos que yo consumo vaya a empresas de seguros que luego, como hago unas comidas que no son del todos saludables, me incrementen mi cuota. Se está, sobre todo, trabajando en los planes de procedimiento. Siempre el usuario tiene que dar el consentimiento de sus datos, y si no quiere, sus datos no se van a utilizar, y cuando da su consentimiento debe tener información de cómo se van a utilizar.

El problema es que muchas veces se está viendo que, cuando compro determinado horno y lo configuro, tengo que leer todas las páginas de información, que es algo que no hacemos, de establecer cierto tipo de etiquetado en los productos que sea muy fácil de interpretar para el usuario sobre ese producto, qué tipo de datos va a recoger sobre nosotros siempre que yo lo autorice y qué uso le va a dar a esos datos, ahora que tengamos ese tipo de etiquetas como unos logos como los hay para muchos productos y está estandarizado que nos permita de una manera muy sencilla saber, digamos, el nivel de exposición de mis datos que hago y que va a utilizar ese producto.

Sí, porque es a donde yo iba, muchas veces traen preinstalada la aceptación y solo que tú te metas a buscar cómo cancelar, digamos, esa aceptación, para lo cual a veces hay que leer todo lo que nunca hacemos.

Eso sí es complicado y afecta la seguridad, entonces creo que hay que simplificarlo. Un ejemplo es la seguridad para los navegadores web, la seguridad de lo electrónico siempre ha sido uno de los problemas fundamentales que hemos tenido desde hace muchos años. Al final, en los navegadores web ponen el candadito de color verde, algo muy visual, que nos permite de manera muy sencilla determinar si el sitio al que estamos accediendo es seguro. Son problemas que estamos encontrando ahora y por tanto las soluciones se están diseñando ahora, pero sí que están preocupados los juristas a nivel internacional, en los foros sobre estos aspectos.

¿Cómo ves el futuro en estos aspectos de Internet?

Yo creo que no todas las cosas van a estar conectadas a Internet, solo aquellas que van a mejorar la vida de las personas y van a ir posiblemente por mercados verticales diferentes. Al día de hoy, la lista de mayor consumo es el de los vestibles, pulseras que monitorizan el sistema de bienestar, fitness, salud, es lo que más éxito tiene en el mercado. Creo que dentro de diez-quince años, posiblemente muchas de las fábricas de productos van a estar conectada entre sí con sus proveedores, toda cadena de valor va a estar conectadas de tal manera que van a poder crear productos personalizados al costo de productos de fabricación en masa, por lo tanto, vamos a tener muchísimos productos que ahora ni siquiera sabemos y personalizados para nuestro uso individual.

Dentro de cuatro o cinco años… sabemos que ahora tiene mayor peso la parte de electrónica, que se están haciendo pruebas con los coches que se conducen solos. Yo creo que el impacto que van a tener es desde punto de la seguridad, que es muy importante. El coche no va a ser la barrera que nos impida llegar a casa o al trabajo, sino que va a ser un medio donde vamos a poder hacer otras cosas, va a cambiar completamente la experiencia. El vehículo estará conectado. Están trabajando, Apple y Google, en los sistemas que van a hacer del coche un centro de entretenimiento porque va a estar vinculado a muchas actividades. Va a haber muchos mercados diferentes en unos diez años. Otros van a ser en unos cinco años, otros requieren más tiempo de maduración.

En las ciudades inteligentes se está trabajando mucho ahora, pero requiere muchos sistemas diferentes, interconectados, mucho volumen de datos para saber analizar, visualizar, para tener un control de lo que pasa en la ciudad, y que la ciudad como organismo vivo que es se autorregule en cierta manera, a diferentes horas del día, dependiendo del tráfico que hay, de las actividades que se llevan a cabo, etcétera. Eso requiere mucho tiempo. También hay una barrera para mí, que es la aceptación de las personas ante esos objetos. La tecnología está ahí, pero las personas no tenemos suficiente background, por así decirlo, para aceptar que ese objeto entre a nuestras vidas.

¿No crees que todos estos avances tecnológicos abran una brecha mayor con los países o las zonas pobres?

En los productos de consumo inteligentes sí que puede haber una brecha, pero sigue siendo la misma que hay ahora. Un coche de gama alta no tiene mercado en muchos

países. Un determinado equipamiento deportivo inteligente tampoco, pero tampoco lo tiene el equipamiento actual que existe, o un mobiliario de diseño. Yo creo que no se va a acentuar, sino que posiblemente se mantenga. Sí confío en dos cosas, y es que hay muchísimo movimiento de personas en todo lo que es conexión de objetos de Internet del fenómeno maker, artesanos digitales que crean prototipos a mano con información de Internet que intercambian entre ellos. Yo creo que aquí sí hay una muy buena oportunidad para sus países, porque tienen el acceso a la información y, contrariamente a lo que pasaba, el acceso a las herramientas y los materiales es muchísimo más económico, lo que permite que gente con muy pocos conocimientos técnicos y apenas 30 ó 40 dólares pueda crear prototipos de productos y de conceptos para los cuales antes hacían falta inversiones de decenas de miles de dolares.

Hay una corriente enorme de makers que trabajan con las cosas, crean conceptos de nuevos productos e intercambian información entre ellos, y ahora es muy buena oportunidad para que en países menos desarrollados adquieran estos conocimientos por Internet; que les permitan crear productos que solucionen problemas de sus países, porque es posible que las empresas del primer mundo no se preocupen de esos problemas.

Por otra parte, también hay oportunidades para generar muchas verticales en los países en vías de desarrollo. Se pueden crear laboratorios portátiles conectados a Internet, donde se pongan las muestras de algunos análisis de sangre y se envíen directamente a un centro de datos donde se contraste con otra información y se envíe la respuesta. Ahí tenemos el ejemplo del producto inteligente que es el laboratorio portátil, para un nicho muy concreto que es para ese tipo de países. Los brotes que hemos vivido de ébola, etcétera; hay una necesidad y un producto inteligente que puede solucionar ese problema, muchas veces es de nichos. Ahí hay otro mercado, que se financia de diferente manera, a través de aportaciones, ONG o COS Funding, de gente que dice “mira, te voy a enseñar este tipo de laboratorio”. Es un mercado diferente al de consumo, pero también hay oportunidades y yo creo que democratizan, de cierta manera, la creación de nuevos productos conectados, pero orientados a las necesidades que tienen en esos países.

No tanto un carro inteligente. De ahí la importancia del Internet como derecho humano, ¿no?

Sí, eso es fundamental porque ése es el sustrato en el que se basa todo. Igual en ese país no es el coche inteligente lo que hace falta, pero sí un aparatito que metemos en el agua y al instante nos mide el nivel de potabilidad para no contraer enfermedades. Esa información la envía directamente a Internet, donde hay un mapa y se pueden ver los diferentes niveles de potabilidad de agua de la zona y así recomendar a las personas de ese lugar otro pozo. Tienen otros problemas, pero hay otras soluciones que se pueden dar sus problemas.

Video con la entrevista completa:

Autor

Scroll al inicio