En abril, los medios de comunicación formaron parte de la agenda pública y no sólo, como ya vimos, por el debate para reformar las leyes de la radiodifusión y las telecomunicaciones, tema al que, por cierto, los propios medios le dieron escaso relieve, excepto el programa de radio conducido por Javier Solórzano y, en menor medida, la XEW y MVS.
El encuentro insólito
El mes pasado también fue relevante para el análisis de los medios dado que, el domingo 4, Proceso difundió un “Encuentro inédito”, así tituló la portada, entre el fundador de la revista, Julio Scherer García, y el narcotraficante Ismael “El Mayo” Zambada. La polémica ocurrió de inmediato y fueron diversas las líneas de interpretación.
En nuestra opinión el deber ético del periodista no se halla en un marco de orden moral, sino en el imperativo de registrar hechos y recoger el parecer de quienes participan de éstos; en tal sentido, la información también se integra con los pareceres de los actores, incluso más allá de su estatus legal y/o definición ideológica. De esta manera, el periodista no expide carta credencial de buena o mala conducta o adhesiones militantes para definir a su probable interlocutor porque, en esa dirección de corte moral, y situados en el extremo, podría dejar de hacer su trabajo y a nadie entrevistar o, al ejercerlo sólo con quienes considere “intachables”, situarse en el riesgo de ser correa de propaganda de ellos. Y eso podría ser cualquier cosa que se quiera menos periodismo.
Dentro de la crítica a Proceso, también se dijo que el semanario hizo apologíade la violencia; no lo creemos así, primero porque debe registrarse que la revista es uno de los medios que con más asiduidad informa del narcotráfico y sus efectos perniciosos; segundo, porque no debe menospreciarse la capacidad del lector para discernir. Además, por otro lado, es como si se dijera que los medios hicieron apología de la violencia cuando, el 21 de julio del año pasado, difundieron el reto de Fernando Gómez Mont al cártel de La Familia: “Los estamos esperando”, increpó el titular de Gobernación; incluso, en cierto extremo, es como si coincidiéramos con el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, quien afirmó el 17 de abril: “ante la actual invasión del erotismo no es fácil mantenerse fiel en el celibato ni en el respeto de los niños”. Y una de las principales correas trasmisoras del erotismo está en los medios de comunicación.
Además, con esa mística propia de la escolástica, se aludió al “misticismo periodístico” que afirma que hasta al mismo infierno iría el profesional de la comunicación para entrevistar al diablo. Sin embargo, más allá de esos desplantes de heroicidad que, es cierto, se dan en cierta prensa, el asunto en específico es si se debe o no, o sea, si es ético o no entrevistar a personajes como “El Mayo”, y si tuvo o no utilidad informativa ese encuentro. Nosotros creemos que no hubo transgresión ética y que lo que leímos de ese encuentro sí tiene utilidad informativa (aunque, en efecto, es natural que se sostenga que faltó tal o cual pregunta). En resumen, pensamos que para cumplir con su función social, el periodismo no puede ni debe reducir sus reportes a la versión oficial sino que, dentro de sus tareas de investigación, también debe recoger otros pareceres, incluso como es el caso, el de los delicuentes, precisamente porque son eso, delincuentes, y forman parte indiscutible de ese problema lacerante.
Una carta que Proceso no publicó
Como ha quedado demostrado durante casi diez años, etcétera no se situá ni en el aplauso ni en el denuesto sistemático a Proceso; cuando coincidimos con la revista lo decimos y cuando no, también. Hacemos ahora lo segundo, al transcribir una carta que el semanario no publicó sobre un reportaje de Rosalía Vergara acerca de Notimex publicado el 13 de abril y que por ello, creemos, transgredió el derecho de réplica.
Antes vale decir: etcétera coincide con el núcleo de ese trabajo, como quedó claro en ediciones recientes, y está de acuerdo con Vergara: “Notimex no es, ni con mucho, la Agencia de Noticias del Estado mexicano que se ofreció al renombrarla. Por el contrario, funciona bajo los mismos esquemas de subordinación al poder en turno que la caracterizaron durante la hegemonía del PRI: en lugar de ser un medio público de información, opera como difusor de propaganda gubernamental y promotor de la imagen presidencial”. Sin embargo, a diferencia de la reportera y de Proceso, nosotros: 1) ofrecemos una relación rigurosa de los contenidos de la agencia para demostrar lo que decimos y 2) nos hacemos responsables de registrar los dichos que, en forma anónima, hagan los trabajadores de Notimex pero, sobre todo, no publicamos las imputaciones que esas voces anónimas hicieron de Alejandro Olmos Cruz, encargado de la dirección editorial de Notimex, y así le dijimos a los trabajadores. Además, disentimos de que Proceso no hubiera publicado, no hasta el momento en que se redactan estas líneas, la siguiente carta que fue dirigida al director Rafael Rodríguez Castañeda durante esa semana de la edición de la revista (y que nos fue remitida por Olmos a solicitud nuestra):
“Sr. Director:
En relación con las imputaciones que se hacen al periodista Alejandro Olmos, Director Editorial de Notimex, en la nota publicada en su edición del 11 de abril titulada “La agencia de Calderón”,nos permitimos hacer el siguiente comentario:
Preocupa que se hagan acusaciones anónimas y sin fundamento en donde se pone en juego la honorabilidad y el prestigio de las personas. Quienes conocemos y hemos trabajado con Alejandro Olmos, rechazamos enérgicamente la infamia, valoramos su profesionalismo, su capacidad de trabajo y su honorabilidad personal. Por tanto le expresamos nuestra solidaridad y nuestro más amplio reconocimiento a su intachable trayectoria.
Estela Livera, Fátima Fernández, Ricardo Alemán, Raymundo Riva Palacio, Raúl Trejo, Ivonne Melgar, Beatriz Solís, Virgilio Caballero, María Elena Matadamas, Omar Raúl Martínez, Óscar Camacho, Lilia Silvia Hernández, Manuel Meneses, Neyra Moncayo, Jorge Meléndez, Daniel Pensamiento, Norma Jiménez, Fred Álvarez, Carlos Deveaux, Salvador Frausto, Hugo Renán, Virginia Reynaud, Armando Salgado, Laura Elena Padrón, Jorge Reyes, Hernán Ancona, María Teresa Chávez, Nora Patricia Jara, René Avilés Fabila, Mayra Martínez, Alfredo Joyner, Alejandro Álvarez Manilla, Ignacio Rodríguez Reyna, Fernando González, y otros más.”
De otras transgresiones éticas
Sobra detallar la intrincada historia de la niña Paulette Gebara Farah, que inició en las redes sociales el 22 de marzo, cuando sus padres denunciaron su desaparición, y se desplegó en todos los medios tras la difusión de su muerte nueve días después. También, está de más pormenorizar en todas las especulaciones y los sesgos sensacionalistas que hubo al respecto, además, porque al final de cuentas no entregan información.
¿Por qué la tragedia alcanzó esa preeminencia en el país, incluso por encima de otros temas de relevancia indiscutible? Sin duda, se entrelazaron las características trágicas de la historia en sí misma, donde la revelación de la vida privada e, incluso, íntima mantuvo en vilo a las audiencias; la asombrosa impericia de las autoridades encargadas de investigar el caso; el intento de aprovechar esto para lesionar el capital político del gobernador del Estado de México y, claro, el trato que le dieron los medios, sobre todo las dos principales televisoras, en la disputa por alcanzar el más alto nivel de rating posible.
Esto, por supuesto, tuvo soporte en una sociedad vouyerista, seducida por una trama en la que se sintió partícipe, incluso hasta para constituirse en tribunal como también hicieron algunos medios que, al analizar hasta los gestos que hacían los padres de Paulette al pronunciar el nombre de la niña, como hizo El Universal, advertían que era posible que ellos tuvieran que ver con su muerte (como si para no ser indiciado se necesitara actuar bien frente a la pantalla). En ese terreno, concluya lo que sea la autoridad, el resultado de las indagatorias enfrentará el desafío de la credibilidad, más aún, por supuesto, cuando al principio el procurador de justicia del Estado de México aseguró que el caso fue un homicidio. Si esto es así, la zaga continuará durante mayo sobre la base del descrédito de esa hipótesis dado que el torbellino mediático generó a su propio tribunal.
Los medios, reiteramos, no repararon en recursos para aprovechar esa atractiva historia e incluso para sobredimensionarla. No escatimaron en tiempo ni en espacio para propalar prácticamente cualquier versión. Fue tal su denuedo que no exageramos al decir que Lisette Farah y Mauricio Gebara, madre y padre de Paulette, se situaron en cuestión de una semana entre los rostros más conocidos de México. Según datos de Ibope, el rating generado por las entrevistas que concedió la señora Farah a las dos televisoras casi alcanzó los 40 puntos, es decir, los niveles más altos de audiencia en lo que va del año.
En medio del océano de especulaciones, algunos medios montaron también justificaciones dizque periodísticas cuando, en realidad, fueron recursos zafios que ninguna utilidad tuvieron más que, en todo caso, para azuzar la morbosidad del público. Tomemos como ejemplo la edición de Milenio diario correspondiente al 7 de abril y, en particular, la portada donde está la foto de Paulette en la misma postura, según aseguró el periódico, en que fue hallado el cuerpo inerte por las autoridades. Ese día, el director de Milenio, Carlos Marín, sugirió que el aporte del periódico al publicar esa imagen era desmentir que la niña fue encontrada en una bolsa de plástico, una versión que, recordó Marín al criticar a los medios, se difundió en el portal de El Universal.
Dos días después de “contribuir” con las pesquisas mediante recursos como el antedicho, también en la columna “El asalto a la razón”, Carlos Marín expuso: “Para saber los errores cometidos por los investigadores del caso Paulette, conviene aguardar a que concluya la averiguación ministerial que aclare la muerte de la niña”, como si el diario que él encabeza hubiera tenido esa prudencia. Pero luego, en un auténtico asalto a la razón, Marín aseveró: “El caso por lo pronto se ha vuelto botín de vividores con fuero, inmorales y cínicos, que se apresuran para sacarle raja”. Coincidimos con el periodista aunque tal vez la polémica se ubique en cuáles serían algunos de los ejemplos más destacados al respecto.
Luego, el lunes 12, al final de ese, su espacio habitual, Marín pregunta: “Sin imágenes de difuntos (magnicidios, víctimas de avionazos, guerras, terremotos…), ¿los medios cumplirían su tarea de informar?”. Mezclados así los sucesos, la respuesta no es ni puede ser tajante, pero lo que sí puede afirmarse es que la difusión de esa imagen no es indispensable para informar.

