Carlos Ulanovsky: “La gente no acepta que mira porquerías”

 

“Llegué muerto del trabajo y me puse a ver televisión hasta que me quedé dormido”, “Me pasé todo el fin de semana viendo series”, “No tenía ganas de salir y me quedé en casa viendo la tele”. Esta clase de confesiones son habituales y, de transcribirlas, la lista de frases casi idénticas sería interminable. Cuando la idea es tomarse un respiro, la televisión se presenta como una de las alternativas al alcance de la mano y más económicas para poner la mente en blanco. Incluso para muchos televidentes, cuanto más superficial es un programa y menos esfuerzo demanda verlo, mejor.

Los que hacen televisión y los que ganan dinero con ella conocen al dedillo la fórmula del entretenimiento. No es casual que en la grilla de programación de los canales argentinos abunden los programas de chismeríos del mundo del espectáculo, las competencias de talentos y los juegos para ganarse un premio en efectivo. Mientras se multiplica la oferta de este tipo de programas, cada año hay menos teleteatros, tiras y unitarios hechos en el país. A tal punto escasean las propuestas de ficción que muchos actores denunciaron la falta y los perjuicios que les ocasiona esta tendencia. También los programas periodísticos, sobre todo los dedicados a la agenda política, tienen cada vez menos aire y, lentamente, fueron desplazados a las señales de cable o a horarios en los que casi todos duermen.

En ese escenario, los contenidos culturales están presentes de soslayo en entrevistas que se realizan dentro de otros formatos o en canales que tienen una impronta pública, como la TV Pública (antes Canal 7) o Encuentro, o el canal del Ministerio de Educación, rara avis, creado en mayo de 2005 con contenidos educativos y culturales producidos especialmente en Argentina o comprados a prestigiosas productoras de América Latina y el mundo.

Una de las pocas novedades que incorporó la televisión argentina en la última década es la autoreferencialidad como formato, ya que en el discurso siempre ha estado presente. Perdona nuestros pecados, también conocido por sus siglas “PNP”, fue el primer programa de televisión sobre la televisión que se hizo en Argentina. Producido por GP Producciones, salió al aire entre 1994 y 2002 y fue un éxito. El programa basaba su propuesta en encontrar los errores que se cometían en otros programas, apuntaba al humor y recurría a la riqueza oculta en el material de archivo.

Luego, otros programas como Televisión Registrada (TVR), El ojo crítico y Zapping retomaron la idea pionera de PNP y sobrevivieron en la pantalla añadiendo un resumen de lo que se vio en la semana. La moda de hablar de la TV en la TV se impuso a tal punto que hoy lo invade casi todo. Los programas de chismes, los noticieros y hasta los “clásicos” -como el programa de Susana Giménez y Almorzando con Mirtha Legrand– también recurren al archivo de imágenes del canal para “enriquecer” su propuesta.

El periodista argentino Carlos Ulanovsky, autor de Tv Argentina 25 años después y co-autor de Estamos en el aire, entre otros textos dedicados a los medios de comunicación, está convencido de que el principal aporte de la televisión es el entretenimiento. En entrevista con etcétera, el analista de medios destacó también el rol preponderante que cumple la TV en la formación de las nuevas generaciones y hasta rescató el valor educativo de algunas publicidades.

 

Es suficiente mencionar la palabra televisión para que comience una acalorada discusión acerca de su valor, pero ¿cuál es su principal aporte?
Sin duda, el principal aporte es el entretenimiento, pero desde hace mucho se ha impuesto una forma de hacer televisión que está práctica y únicamente emparentada con el negocio, con el rendimiento comercial: si las cosas cierran o no económicamente, si tienen o no tienen rating. Esta variable de ajuste ha nivelado para abajo y ha sido un elemento injusto, porque con mucha frecuencia terminó con programas que eran realmente valiosos, pero como no alcanzaron el rendimiento de rating se les impidió seguir adelante.

¿Qué espacio tiene la cultura en la televisión argentina?
Con mucha frecuencia la gente que hace televisión, cuando alguien los acusa de que se resisten a lo cultural, dice que la televisión fue una profunda difusora de lo cultural. Yo creo que no, que la cultura es otra cosa, un lento y sistemático acopio de conocimientos. Pero, si como se dice cultura es todo, la verdad deberíamos estar agradecidos a la televisión porque lo mostró todo, pero a su manera, que es muy banal, veloz y fragmentada. Hoy hay un montón de canales de cable que trasmiten documentales y tampoco me parecen canales culturales. La televisión se perdió la posibilidad de asociarse más con la divulgación, con el cine, con el teatro, con la literatura. Por ejemplo, el caso de los libros es muy particular. Nadie puede decir que la televisión no presentó libros y escritores, pero la mayoría de esos momentos fueron hechos como para llenar un espacio. Con frecuencia quienes hacen notas a escritores no han leído sus libros. Hay un lugar común que es cuando el entrevistador le dice al entrevistado “Háblame un poquito de tu libro”. La televisión es así, es un lenguaje muy comprimido y sintético.

Tiene que ver con la velocidad, pero también porque la televisión parece no reflexionar sobre sí misma.
Por qué exigirle a la televisión una reflexión sobre sí misma cuando somos parte de una sociedad que no reflexiona sobre sí o por lo menos le cuesta muchísimo. No se olvide eso, que los medios de comunicación están profundamente conectados con la sociedad que los contiene. A pesar de que no se podría afirmar “somos como la televisión quiso que fuéramos”, tenemos muchas cosas de la televisión, en especial la característica de la superficialidad y esto de mirar la televisión para acumular la información que nos sirva para el día siguiente, que no es de largo plazo, que tiene como objetivo la posibilidad de comentar cosas al día siguiente en la oficina.
Miramos para enterarnos de lo que está pasando, nos informamos de una manera distinta mirando televisión que leyendo un diario.
Yo miro televisión y me entretiene y muchas veces me sirve para mi trabajo de mañana, pero muchas veces la gente que mira televisión se queja de las características de tal o cual programa, pero lo hace desde una perspectiva políticamente correcta. Mucha gente no acepta que mira porquerías en TV, dicen “y estaba en la casa de mi mamá y justo vi…;”.

Un pedacito del programa de Susana Giménez o de Mirtha Legrand
Exacto, esos son pronunciamientos dichos desde lo políticamente correcto. Pero, históricamente los programas de temas culturales o elaboración más profunda fueron un fracaso y la gente lo único que hace es lamentarse cuando esos programas desaparecen, como Los siete locos y El refugio de la cultura (ambos sobre literatura). Hace algunos años el canal lo levantó y se armó un escándalo terrible, y luego tuvo que reponerlo, pero la verdad es que nadie lo ve. La gente los defiende sólo porque está bien hacerlo. No está mal, hay un cacho de la conciencia todavía no totalmente ultrajada que le dice “está bien que existan este tipo de programas”, pero no los ven.

 

¿Se le ocurre algún programa que reúna una buena propuesta y una nutrida audiencia?
Cada año hay programas interesantes que, sin descuidar las necesidades comerciales y del rating, conforman un poco más y no se dedican tanto a exacerbar la pavada (tontería). Este año me gusta Tratame bien; años atrás Vulnerables, Locas de amor, Culpables y Vientos de Agua, que también fue un buen intento.

Usted menciona propuestas de ficción, pero recién comentaba contenidos relacionados con lo cultural. ¿Los problemas de audiencia aparecen siempre relacionados con esos contenidos?
Sí, es interesante su planteo, pero la verdad todavía no se ha hecho una encuesta seria y profunda acerca de todos estos años. En 2011, la televisión va a cumplir en Argentina 60 años. ¿Qué pasó en la cabeza de la gente en estos años? Creo que tuvo mucha incidencia en la formación de los chicos a partir de la presencia del cable y la aparición del color. Yo lo veo en mi nieto de 3 años que tiene ya una formación no formal, sabe -sin saber leer- los nombres de los programas, sabe cuándo empieza y cuándo termina y eso también es una cultura.

¿Usted qué mira en televisión?
A mi me cuesta mucho coparme con un programa, pero casi nunca dejé de ver Fútbol de primera o TVR, pero tal vez porque me sirve para el trabajo y en lo personal. Aunque, notaba el otro día que estaba atrapado por Bruno Sierra, el rostro de la ley, un teleteatro que pasan por Canal 7, de lunes a jueves a las 22.

Que la televisión aporte entretenimiento no parece algo menor en una sociedad con problemas económicos y contextos cambiantes.
Claro que no es poco y en muchísimos aspectos y temas ha sido una divulgadora módica. También en el aspecto publicitario, desde las recetas que hacía Petrona C. de Gandulfo (la primera cocinera mediática argentina) hasta los tampones, pasando por las heladeras y los jabones en polvo. Eso también es una forma de instrucción, aunque se esté vendiendo o publicitando un producto.

El gran problema entonces es lo comercial, la idea de que si no deja dinero no es televisivo.
Esta tendencia mundial ha golpeado y lastimado a las televisoras más prestigiosas, como la BBC de Londres, la TV española, la RAI, que han tenido que desprenderse de grandes segmentos y venderlos a los privados y, además, tomar de las televisoras privadas los grandes éxitos. También porque la televisión se ha vuelto brutalmente competitiva y comercial, sólo que en Europa todavía hay algunos esfuerzos dedicados a la divulgación cultural que conforman a un determinado público. Pero si uno se pone a investigar, en España la TV pública es muy criticada porque han tenido que descender a los subsuelos de la competencia.

¿Cómo evalúa la actual televisión pública argentina?
La TV pública argentina está pasando por uno de sus mejores momentos, porque tiene una programación bastante coherente, sólida y atractiva, pero con sus puntos en contra. Los noticieros todavía son horribles. Hay una presencia de los gobiernos de turno que enerva a mucha gente y también arruina buenos propósitos.
Además del unitario Tratame bien, un ciclo donde el conflicto gira en torno a una pareja de muchos años en crisis, y de la serie Bruno Sierra, el rostro de la ley, una producción de TVE protagonizada por el argentino Miguel Angel Solá, Ulanovsky confesó que nunca se pierde Fútbol de primera, el programa que trasmite en televisión abierta (Canal 13) el resumen de los partidos de fútbol de primera división.
Sin duda, el fútbol es uno de los grandes “entretenimientos” que ofrece la televisión y una de las principales pasiones de los argentinos. Durante la primera quincena de agosto, los medios de prensa difundieron toda clase de rumores sobre el futuro de las trasmisiones de fútbol en el país, que hasta hace días controlaba el grupo Clarín, propietario de esos derechos y de sus ganancias millonarias.
Sin embargo, en una maniobra silenciosa y certera, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, logró que la AFA (la asociación que rige el fútbol profesional en Argentina) rompiera su contrato con el multimedio, generándole pérdidas estimadas en mil 500 millones de pesos anuales (unos 395 millones de dólares), lo que amenaza con complicar todos los negocios del grupo Clarín. La maniobra permitirá que el fútbol de primera división deje de ser un espectáculo exclusivo y de primera mano de los que pueden pagar un abono de cable codificado, ya que serán trasmitidos por la televisión abierta de manera gratuita. Pero, además, debilita al grupo comunicacional dominante en Argentina, que sostiene con el gobierno una agria disputa hace meses y que alcanzó su pico tras las últimas elecciones legislativas, en las que el oficialismo fue derrotado.

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