“Crisis”, “caídas”, “rescate”, “inflación” y “pánico”, son algunas de las palabras que desde las últimas semanas dominan los titulares de prensa en el país. Luego de meses enfocados en el problema de la inseguridad pública, los medios mexicanos tuvieron que revisar sus prioridades informativas para dar cabida a la cobertura de lo que uno de los tres hombres más ricos del mundo, el mexicano Carlos Slim, describió como la peor crisis que le ha tocado vivir, con peores efectos que la de 1929; la misma que Warren Buffet –otro de los hombres que forman parte de esa exclusiva terna– calificó como un “Pearl Harbor económico”.
La sacudida en las finanzas del mundo ha implicado un desafío para los especialistas en estos temas pero también para periodistas y editores que deben explicar lo que está pasando a sus lectores, radioescuchas o televidentes. El reto no es menor dada la complejidad y la cantidad de información generada. Tan sólo en la semana del 6 al 11 de octubre, Abel Vicencio, director de la empresa de monitoreo Medialog, contabilizó más seis mil notas dedicadas a esta crisis, una proporción muy superior al segundo tema en la agenda –por cierto también económico–: el debate sobre el presupuesto del gobierno mexicano para el 2009, que apenas alcanzó las 800 menciones en la radio y la televisión.
Procesar tanta información puede ser un problema para los medios, pero también es una oportunidad para que se definan ante sus públicos. En este campo como en otros, la selección de las palabras, las fuentes consultadas y los encuadres con los que se presenta cada noticia es un ejercicio de identidad; un modo de compartir una visión del mundo, al menos en su dimensión económica.
Una revisión cualitativa de la cobertura de prensa del 17 de septiembre al 17 de octubre muestra comportamientos reveladores. Para algunos diarios, por ejemplo, la situación del mundo ha sido la confirmación de su discurso expuesto durante años: el problema es el modelo y la crisis es el destino inevitable de un modo de ejercer la economía del mundo. Es el caso del diario La Jornada que en ese tiempo abrió espacios en su primera plana para ofrecer una de las coberturas más amplias sobre el tema:
“Los bancos que enseñaban a América Latina qué hacer, ahora están quebrados: Lula” (20/IX “Cristina Fernández: se cayó (la) máxima de que el mercado todo lo arregla” (23/IX “FMI: el fin de una era”(28/IX “Banco Mundial: el sistema actual ‘ya no funciona.'” (07/X) Titulares o “balazos” que muestran cómo esta coyuntura sirvió al diario para explicar el tema bajo la perspectiva de actores de la izquierda internacional o nacional (“Los Pinos fue omiso ante las advertencias: López Obrador” 9/X), al tiempo que citó de manerarecurrente a organismos internacionales como el Banco Mundial o el FMI para documentar la profundidad de la crisis.
Otros diarios, como Reforma, revelaron más por omisión. En el mismo periodo de tiempo el espacio asignado en su primera plana fue considerablemente menor. Si bien se repitieron algunas constantes – como el empleo del término Fobaproa para referirse al plan de rescate aprobado por el Congreso estadounidense–, en general destacan las diferencias como la total ausencia de menciones a los líderes latinoamericanos y la inclusión de López Obrador sólo para destacar que “Satisface a AMLO refinería” (16/X)
A diferencia de las expresiones como las empleadas en La Jornada en las que se hablaba de reservas que se “esfumaron” (11 y 17/X), de los “ataques al peso” o de los “16 consorcios en la caída del peso” (15/X) Reforma se publicó de que el dólar “se dispara” (07/X), de cómo el “dolar devora 11% de reservas” (11/X) y nunca se habló en su primera plana de especulación ni especuladores.
En general, el diario ofreció una cobertura enfocada en los efectos directos sobre la economía –como notas sobre la cartera vencida en las tarjetas de crédito o el impacto en el empleo y el consumo– sin discusiones ideológicas. Sin duda, un enfoque menos político que el de otros medios, entre ellos, el diario El Universal.
Tanto en el ámbito internacional como nacional, este periódico puso el acento en los conflictos. Titulares como los siguientes: “Repudio a Bush arrastra a México” o “Estados Unidos hundido y sin liderazgo” (30/IX), son algunos ejemplos del tono que caracterizó su cobertura. La palabra “crisis”, por ejemplo, se repitió con frecuencia y términos como “pánico”o “en picada” también se hicieron presentes.
Sobresale también en este medio el tratamiento al tema de la devaluación. “Hunden al peso los empresarios” (13/X) “Ubican a firmas que “chuparon” reservas” (14/1X), “Directivos, en la mira de Hacienda” (15/X) y “Hacienda: 10 años de cárcel, por especular” (16/X), fueron algunas de las cabezas que utilizó este diario que aprovechó la coyuntura para dar juego a sus colaboradores, desde los textos de Macario Schetinno publicados en su primera plana, hasta el oportuno artículo de Paul Krugman, galardonado en esos días con el Premio Nobel de Economía.
Finalmente, en Excélsior el tono fue menos de confrontación, sin discusión ideológica y con una orientación enfocada en la asesoría a los lectores. “Respiro en el mundo” (02/X), “Calderón: resistiremos sin sacrificios” (10/X) “Carstens: no hay bancos en riesgo” (13/X) “Asegura Banxico liquidez a bancos”, fueron algunos de sus titulares alternados con textos e infografías en los que se habló de reiventar el modelo de los negocios, consejos para quienes tienen algún crédito y reportes sobre las acciones preventivas tomadas por empresas. En la cobertura de este diario fue la crisis mundial la que derribó al peso (07/X), Banxico frenó al dólar, el dólar consumió 10% de las reservas y los empresarios rechazaron acusaciones generalizadas.
Del recuento anterior no se pueden sacar conclusiones sobre la línea editorial de cada diario, el tamaño de la muestra y la metodología no lo permiten; sin embargo resulta útil para mostrar los diferentes tratamientos que puede recibir la misma información, expresión de la mirada de cada medio que de manera natural eligeciertos temas y fuentes sobre otros disponibles.
En todo caso, el debate sobre la cobertura de los medios en esta coyuntura no es exclusivo de nuestro país como ha quedado registrado en la prensa de los Estados Unidos.
Medios en Estados Unidos
¿Tienen los medios estadounidenses responsabilidad en esta crisis? Esa es una de las preguntas que se ha hecho Howard Kutz, el especialista en medios del Washington Post. La respuesta hay que buscarla en su texto del pasado 6 de octubre en el que da voz al periodistas Charlie Gasparino, ex reportero de Wall Street Journal y de la revista Newsweek quien considera que los medios fallaron al no prever lo que ha ocurrido en economía de su país; cobertura fallida que se expresa según Kutz en la falta de una verdadera alarma que sólo llegó hasta que las instituciones comenzaron a colapsarse.
Las notas ahí estuvieron, dicen los periodistas especializados en estos temas, pero no fueron capaces de tener el peso suficiente ni de lograr comunicar temas complejos a la conciencia del gran público. Las razones detrás de este hecho son varias: la euforia que predominaba en muchos mercados que hacía de las notas negativas un elemento anticlimático y en ocasiones impopular; la resistencia de los ejecutivos de las empresas a escuchar a los periodistas; la incapacidad de los reporteros para entender y explicar de manera clara el tema de la ausencia de regulaciones en muchos de los mercados ahora en crisis, y por último, un elemento que bien valdría revisar para el caso mexicano, la cercanía entre los periodistas y los empresarios que conduce a la idealización de los segundos, tratados en muchas ocasiones en la prensa de Estados Unidos como verdaderas celebridades.
Pero esta relación entre medios y crisis no sólo debe analizarse en retrospectiva, también resulta pertinente mirar el tratamiento actual, y ahí, según un análisis del diario español El Mundo (22/IX) lo que encontramos es que la prensa ha sido especialmente cuidadosa en la selección de sus palabras. Términos como “pánico” o “quiebra” han destacado por su ausencia en una decisión plenamente consiente según admitieron para ese diario Robert H. Christie, portavoz de The Wall Street Journal, Marcus W. Brauchli, editor ejecutivo de The Washington Post y Ali Velshi, corresponsal de la sección de negocios de la CNN. El propósito según reporta el diario: “no aumentar la pérdida de confianza y el temor al desplome que sufren las instituciones financieras”.
¿Y en México?
Entrevistados en el programa del IMER Todos los lunes, la agenda en los medios, Alberto Bello, director de la revista Expansión; Víctor Piz, coordinador de información económica de El Financiero y Hugo Loya, coordinador de negocios, finanzas, economía personal y consumo de El Universal, se refirieron a la manera en que los medios mexicanos están cubriendo la crisis. Para Bello, los periodistas que trabajan en México deberían estar muy bien preparados para esta cobertura dada la experiencia nacional en estos temas, sin embargo, no se está reflejando. “Lo que (los medios de comunicación) no estamos cumpliendo es explicar qué es lo que esta pasando Si preguntas a una persona qué es una subprime, ni siquiera hemos sabido traducir el término, ni siquiera sabemos explicar por qué un rescate sí o por qué no…”.
Comunicar con claridad este proceso ha resultado complejo, entre otras razones, explica Piz, “porque hay que estar atentos a lo que está pasando en otros mercados, (pues) las repercusiones también se registrarán en México (….) son secuencias de hechos importantes que tienen consecuencias en nuestro continente. Tienes mucha información qué está cambiando prácticamente en cada momento y además la información es excesiva. Hay que hacer un trabajo de edición muy cuidadoso y puntual, perder la menor información posible y al mismo tiempo que aquella que estés consignando sea la más relevante para el lector”.
El desafío es aún mayor para la prensa escrita que debe competir contra los medios electrónicos, capaces de dar información prácticamente en tiempo real, lo que obliga a los diarios a buscar nuevas formas de competir. En palabras de Hugo Loya, el reto es “ofrecer un valor agregado al lector de lo que ya se dijo en radio, televisión e Internet. Buscar ángulos diferentes que le sirvan a la gente: estadísticas, cronologías, un mayor número de entrevistados, puntos de vista de académicos con colaboraciones específicas sobre algunos temas; explicar qué hacer en estos momentos, por qué se está dando esta crisis, y sobre todo cuál es la expectativa y la prospectiva de lo que pudiera acontecer en los próximos meses”.
Finalmente, los tres editores coinciden en reconocer la responsabilidad de los medios en el tratamiento de estos hechos. Para Loya, los medios “tenemos que ser precisos en la información que se está generando (explicar) qué hago con mi dinero, si esto se va repetir o no, ofrecer consejos a la gente (que) estará muy atenta, pues no sabe qué hacer en estos momentos. Hay que estar muy precisos y objetivos en el manejo de la información”.
En opinión de Piz, los medios “no podemos desinformar ni crear un ambiente de zozobra. La situación es grave, inédita, no podemos alarmar a la gente. No podemos, por ejemplo, promover una corrida contra el peso o contra el sistema bancario porque sería irresponsable. Los medios deben actuar dentro de los márgenes de la prudencia. (…) En un momento como este tenemos que contribuir a generar educación financiera, la gente tiene que entender estos temas y en esa medida la información será útil”. Por último, para Alberto Bello “cuando (los medios) salimos con titulares catastrofistas del fin del mundo, no ayudamos en nada a que mejore la situación”, al tiempo que reprocha a los medios mexicanos: “nos esta faltando seguir el rastro, cuáles serán las consecuencias para nuestras empresas, nuestra banca está preparada, está expuesta o no, no he visto nada sobre eso”.
El debate sobre las causas y consecuencias de la situación financiera de México y el mundo continuará en las próximas semanas y meses, también debe hacerlo la discusión sobre el papel que los medios están jugando en el desarrollo y comprensión de la misma.
La revisión de los tratamientos, la explicación de los criterios con los que se maneja la información y la reflexión sobre los retos y el papel que a la prensa escrita y electrónica le toca jugar, forman parte de esta agenda


