El almendro reaparece
cuando cierro los ojos,
vigilando que el canto de los
tomeguines, siga igual;
a su sombra encuentro calma,
pues estoy cansado de tanto andar,
sus ramas son verso abierto
y permiten escuchar;
los pájaros juegan y revolotean,
hay un gato intentando cazarlos,
el sol pasa translúcido,
e invita a imaginar,
por fin puedo cerrar los ojos,
duermo,
todo vuelve a empezar.


